Dilma Rouseff estuvo la pasada semana en España protagonizando diferentes actos en los que denunció la deriva autoritaria del gobierno de Jair Bolsonaro. En estos días recibió a Diario16 y le concedió la siguiente entrevista.

Hay que recordar que Dilma Rousseff fue la primera mujer en ostentar el más alto cargo político de Brasil. Su plan de gobierno siguió los mismos parámetros que los de Lula Da Silva en lo referente a las relaciones internacionales y en la potenciación de las políticas orientadas a la priorización de la justicia social. Durante la crisis global de 2008, Rousseff impulsó una política de blindaje económico apoyada por Mercosur, Rusia, India, China y Sudáfrica. En 2016 sufrió un proceso de impeachment por el que fue declarada culpable por un presunto maquillaje de las cuentas del Estado, un proceso que recientemente fue catalogado por Michel Temer, su predecesor, como de un golpe de Estado.

Foto: Agustín Millán

 

¿Cómo califica el reconocimiento de Temer sobre que su impeachment fue un gope de Estado y que él intentó frenarlo?

Temer es una persona un poco frágil en cuanto a sus principios y su actitud política. Es como una broma. Él intenta disminuir la carga de que él es un golpista. Después de que yo sufrí el impeachment, el equipo de Temer divulgó una instrucción para todas las embajadas: negar que en Brasil se había producido un golpe de Estado. Las embajadas lo cumplieron. Nosotros tuvimos una disputa por la narrativa de lo que había ocurrido. Había habido un golpe, no igual que los golpes militares, pero otro tipo de golpe y Temer corroe la democracia por medio de medidas de decisión.

¿Por qué Temer se puso al frente del impeachment?

Temer tenía un grupo de personas. Uno de sus integrantes fue descubierto en una grabación en la que decía que había que tirar a Dilma del gobierno porque en caso contrario nosotros podríamos ser detenidos. Si Temer llega al gobierno, les protegerá. Temer presentó antes del golpe un programa llamado «Puente para el futuro». En este programa están incluidas todas las medidas que hoy está tomando Bolsonaro, medidas que nosotros habíamos impedido en 4 elecciones presidenciales consecutivas: la adopción en Brasil de una pauta neoliberal.

¿Tan peligroso era el proyecto del Partido de los Trabajadores?

Con el PT no hubo pérdida de derechos de los trabajadores, al contrario, el salario mínimo pasó a tener reajustes con la inflación en el crecimiento del año anterior. Temer, en ese programa, defendió una política de austeridad que nosotros éramos contrarios. Ellos comenzaron a defender la privatización de las estatales. El proyecto que Temer representa es el mismo que el de Bolsonaro, con la diferencia de que Temer era ilegítimo y Bolsonaro ganó las elecciones. ¿Por qué Temer era problemático para todos los golpistas? Porque habría unas elecciones en 2018 y no podían concebir que Lula ganara esas elecciones. El «sincericidio» de Temer de reconocer que hubo un golpe y que él se opuso es una sacrosanta mentira descalificada porque toda su acción fue en el sentido, no sólo de hacer el impeachment, sino que en su gobierno hizo lo contrario al programa del PT. Nuestro programa era de redistribución de rentas, crecimiento económico, de revalorización del trabajo, pero no de la precarización del trabajo.

Foto: Agustín Millán

¿Temer allanó la llegada de Bolsonaro?

Sí, sobre todo porque su gobierno era tan impopular que aquellos sectores de los partidos de centro, centro derecha y derecha que participaron de su gobierno tuvieron un gran fracaso en las últimas elecciones. Ellos eran una especie de ocupantes del campo en el que brotaría la extrema derecha. La política de Temer también destruyó el campo político de la derecha de Brasil dejando el espacio para que creciese la extrema derecha de Bolsonaro. El objetivo era destruir al PT, y lo consiguieron. El único partido que no fue devastado de las elecciones fue el PT.

¿En el impeachment hubo un componente de género?

Siempre que hay una mujer en un cargo público hay un componente de género. Yo no sufrí este proceso sólo por ser mujer, sino porque también representaba un proyecto político. Toda la sintaxis del golpe es misógina. Utilizan la gestión contra las mujeres como un arma porque nosotros habíamos dado una importancia muy grande a las mujeres en nuestro programa, no sólo yo, sino también Lula. Quienes recibían los principales programas eran las mujeres por su situación en la familia en Brasil. Por ejemplo, los programas de renta eran para las mujeres que servían. Los programas para acceder a una vivienda nos garantizaban, por ejemplo, que la titularidad del inmueble fuera para la mujer porque en Brasil es la mujer quien cuida de la familia.

¿Qué hicieron tanto Lula como usted por las mujeres brasileñas?

Sabíamos de la situación de las mujeres e hicimos una política contra la violencia contra las mujeres. En el gobierno Lula hicimos una ley que se llamó María da Penha. Las muertes de las mujeres eran en un 80% en el ámbito doméstico. Esta ley criminalizaba y ponía muchas dificultades a un hombre que agrediera a una mujer, sobre todo si esa violencia era doméstica. Después, en mi gobierno, hicimos una ley que se llamó Feminicidio que convertía el asesinato de una mujer en un delito por el que el criminal no podría pagar fianza y salir de la cárcel sino que tenía que cumplir su pena. Todo ese clima de lucha por el empoderamiento de las mujeres tenía en algunos grupos de reacción, grupos más de derecha y con complicidad de los medios de comunicación que ahora son atacados por Bolsonaro pero que en su momento crearon el campo de cultivo para que éste alcanzara el poder. El discurso misógino tuvo una gran presencia hasta el punto de yo ser caracterizada como una persona marciana, por ejemplo. Yo era dura, muy dura, obligaba a todas las personas a trabajar. Si eso lo hicieran los hombres serían firmes, pero yo era dura. Sin embargo, al mismo tiempo, era frágil. Hasta en mi impeachment ellos querían que yo no fuera porque si yo estaba presente sabían que iba a denunciar lo que estaba pasando, pero ellos no querían que fuera a defenderme por ese concepto misógino de la mujer débil e infantil.

¿Por qué Lula sigue en la cárcel?

Yo sufrí aquel golpe, no sólo por ser mujer, sino por las mismas razones por las que Lula está preso sin posibilidad de salir de la cárcel, aun cuando hay pruebas suficientes de que es inocente.

El incendio de la Amazonía ha creado alarma a nivel mundial pero no a Bolsonaro. ¿Cómo es la actual política medioambiental en Brasil?

Nosotros impedimos que en Brasil se hiciese lo que se está haciendo en la Amazonía y el medio ambiente. Brasil no tiene ningún automóvil que se mueva sólo por petróleo, sino que una parte se mueve por etanol, un derivado de la caña de azúcar. Nosotros tenemos la mayor tasa de emisión de gases invernadero que hay en el automóvil y no se alienta a la utilización del eléctrico por un motivo muy claro: ¿quién genera la electricidad? Si no hay una matriz ambientalmente correcta se hace con carbón, gas o por petróleo. Si una persona tiene su coche eléctrico va a consumir carbón, gas o petróleo. Ningún coche eléctrico está propulsado por energía solar o eólica. Las dos no aseguran un país como Brasil o España. La única energía que es sustitutiva del petróleo, el carbón y el gas es la hidroeléctrica porque es energía limpia de base.

Foto: Agutín Millán

Bolsonaro parece que está privatizando la economía brasileña. Nombró como gobernador del Banco Central de Brasil a un directivo del Santander, un banco que ha sido condenado recientemente por abuso a sus trabajadores y está investigado por sobornos a funcionarios de Hacienda para pagar menos impuestos. ¿Cómo ve esa entregia de Bolsonaro hacia esos bancos?

No es Santander con quien Bolsonaro está negociando. Es UBS, la Unión de Bancos Suizos. Nosotros tenemos una situación muy grave porque en Brasil, al contrario de los otros países, tenía armas para reducir la desigualdad, para reducir la pobreza, para que fuese posible crecer económicamente y redistribuir las rentas incentivando a las grandes empresas. Ellos sabían que nosotros jamás permitiríamos la privatización de las empresas públicas. Nosotros tenemos grandes empresas financieras estatales: una es Banco de Brasil, el mayor banco comercial; otra es Caixa Económica Federal, el mayor banco inmobiliario y el Banco Nacional de Desarrollo (BNDS), un banco de inversiones a largo plazo. Del BNDS ellos sacaron el dinero y lo transfirieron al Tesoro. Ellos nunca han financiado a nadie, ningún proceso en Brasil, que fuera financiado fuera de los bancos públicos. El Banco Central de Brasil establece una tasa de interés referencial. Sobre esta tasa los bancos cobran un spread, que es una diferencia entre la tasa básica y la tasa efectiva que cobra el banco en el mercado. ¿Sabe cuál es el spread de crédito en Brasil? Un 300%. ¿Sabe cuál es el spread de los prestamos industriales? 250%. ¿Sabe cuál es el spread para una persona física? A veces un 500%. La banca pública entra en el proceso haciendo juros más bajos. Por la ley brasileña, el Estado tiene que pagar la diferencia. Yo hice un programa que se llamaba «Mi casa mi vida» que dispuso que como el pueblo brasileño no tenía dinero para comprar vivienda en el mercado, porque si una persona gana 1.800 cruceiros, si la casa cuesta 50.000 reales, ¿cómo va a pagarla esa persona? El Estado entró pagando una parte para él, reduciendo hasta el mínimo. Eso se hizo gracias al dinero del pueblo brasileño, gracias al BNDS.

Y ahora, ¿qué está haciendo Bolsonaro?

Ahora están pensando en privatizar Petrobras, la séptima compañía petrolera del mundo. Ellos dicen que estaba quebrada, pero no es cierto porque Petrobras nunca tuvo un flujo de caja menor a 3.000 millones de dólares. Petrobras, como cualquier otra empresa, tiene sus deudas. Ninguna empresa crece sin deudas. Una cosa es la deuda de una compañía automovilística que la de una petrolera porque no hay banco en el mundo que no quiera a un deudor como es una compañía petrolera porque se garantizan el pago de esa deuda. También quieren privatizar el Banco de Brasil. Están realizando un acuerdo con UBS para una gestión común de activos. Esto es muy sospechoso.

¿Cómo está retrocediendo Brasil desde el punto de vista social, del feminismo o los derechos de los trabajadores con Bolsonaro?

Desde el punto de vista de los trabajadores todo empezó con Temer y se ha profundizado con Bolsonaro. Es lo que dice la pauta neoliberal: precarizar el trabajo, lo hace intermitente y considera que, ahora que el trabajador tiene menos derechos, van a crecer. Nunca hubo una recuperación más lenta, menor y más larga y, sobre todo, una mayor concentración de renta. El Finacial Times es un gran medio que representa los intereses del mercado. Martin Wolf es el economista jefe de ese periódico. En este mes escribió un artículo sobre lo que está aconteciendo en el mundo. Primero, el neoliberalismo quita recursos del área productiva para transferirlos al área financiera, es decir, que las empresas o se convierten en bancos o no entran en el mercado. Esto está trayendo muchos problemas. Uno de ellos es un aumento extraordinario de la desigualdad. Una de las «victorias» de Trump es que el operario blanco gana hoy lo mismo o menos de lo que ganaba treinta años atrás. Esto compromete el sueño de la movilidad social, un hecho que es crucial para entender la democracia. En Reino Unido la relación entre la remuneración media de los grandes jefes de las grandes empresas y la de los trabajadores en 1998 era un 48%. En 2016 esa relación pasó a un 129%. En USA es desolador puesto que ha pasado al 346%. Esto es una brutal concentración de renta en las rentas altas. Esta relación de desigualdad es la destrucción de la democracia desde el punto de vista de las oportunidades.

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