Otro año más los Reyes han venido a dejarnos un poco de ilusión y un mucho de carbón, pues no está desligado lo uno con lo otro.

Los camellos y los pajes, han estado preparándose todo el año, también sus Majestades de Oriente. Doce meses de actividad desenfrenada para venir cargados de regalos. A mí me ha traído una muñeca que canta, a mí un balón, a mí una tablet. Este decía que en su casa pusieron un árbol y habían entrado por la chimenea. Aquel mostraba su estupefacción porque vivía lejos, en el extrarradio y dice que no sabe de que color son los Reyes. Azules, le dijo un amigo, y huelen a Maderas de oriente. Porque vienen de allí siguiendo una estrella. ¡Qué no! No es una estrella, es un cometa como el Hailys, le contestó Mariquita, la niña repipi con la que comparte pupitre.

¿Y que pasa con los que están enfermos y no tienen a nadie? ¿Los que están en los Hospitales y tienen una operación mañana? 

No te pongas plasta, los Reyes han venido y han alegrado las calles con su Cabalgata. Dicen que lo vio hasta Pablo Iglesias, su mujer y sus gemelos (¿o eran gemelas?), porque la tradición no está desligada de las ideologías.

A Carmena le trajo una calle nueva, con anchas aceras y llena de árboles. A Rajoy, una trompeta. A los catalanes, luz. A los vascos un árbol que plantaron en mitad de la Playa de la Concha, que por cierto, está helada. Y que pone escrito en su tope con letras de oro: Por fin Paz. A los gallegos, albairiño, a los andaluces, nada. A los asturianos, fabes. A los castellanos algún molino de viento de esos nuevos con sus aspas relucientes que sirven para abaratar la luz. ¡Que ya va siendo hora!

Y a ti ¿qué te ha traído?

Pues ya que lo preguntas, te diré: Me han dejado un saco lleno de tonterías: Pastillas para la tos, que falta me hace, un canario, una falda de terciopelo, unos pendientes de plata. Para comer, albondiguillas y para beber, agua.

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