Salvini ha fracasado en su intento de asaltar el poder y de llevar a la democracia italiana a las manos de la ultraderecha de la Liga, Berlusconi y Giorgia Meloni. En sí mismo, Salvini ya es un fracaso de la propia humanidad que pretendía extender la ponzoña de su ideología a todos los italianos. Sin embargo, Giuseppe Conte lo frenó dejando la responsabilidad en Sergio Matarella, quien debe decidir si entrega Italia a los ultras con una nueva convocatoria electoral o si deja abierta la puerta a que Di Maio y Renzi alcancen un acuerdo por el que la izquierda gobierne desde el punto de vista de la justicia social y que el tiempo de Salvini en el Gobierno quede en un mal sueño.

El cantante J-Ax, que siempre fue contrario al ministro ultra, afirmó hace unos meses que soñaba con que su hijo creciera en un mundo sin Salvini. Italia, para retornar a la dignidad de la democracia, debe apoyar el acuerdo entre Renzi y Di Maio.

A pesar de que el exministro socialdemócrata confundió en el pasado la razón de Estado con los intereses de las élites, como le ha pasado a todos los líderes socialdemócratas europeos, la oportunidad que ha dejado a los italianos el fracaso de Salvini no la pueden desaprovechar para conseguir un Ejecutivo que oriente sus políticas a la justicia social y abandone el odio como precepto.

Italia, con un Gobierno Di Maio-Renzi, puede convertirse en la vanguardia de crear un frente en la UE para crear una política de inmigración basada en la ley pero fundamentada en el respeto a los derechos humanos. Italia, junto a España, podrían crear un eje del sur de Europa que luche por las necesidades del pueblo, las reales, no las derivadas del odio, la xenofobia, el racismo, el machismo o la homofobia.

Tanto el Movimiento 5 Estrellas como el Partido Demócrata parecen haber olvidado las cuitas del pasado. Incluso Beppe Grillo ha rebajado su discurso contra Renzi. Entonces, ¿a qué espera Mattarella? Italia debe convertirse en la vanguardia de la democracia, de la dignidad y de la justicia social. Un país como el transalpino no podía transformarse en el ejemplo para todos los ultras de Europa por culpa de un loco.

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