Foto: Alejandra López.

Una cuadrilla de obreros vio entre asombrada e impotente cómo caía al vacío el cuerpo de un hombre el 5 de diciembre de 1990 mientras trabajaba en la construcción de un hotel de 30 plantas en pleno centro de Buenos Aires. Era Jorge Sivak, un hombre que “fue muchas cosas”, según su hijo, Martín Sivak, que en El salto de papá (Seix Barral) traza el perfil paternofilial más universal posible, el que inspira el respeto, la admiración y el honor de haber compartido vivencias y aprendizajes juntos, unidos, hasta aquel día en que el padre se lanzó al vacío cuando el hijo, hoy escritor y periodista, contaba sólo 15 años de edad.

Mucho más allá de cualquier alegato elegíaco o simplemente biográfico, el hijo recorre a través de múltiples testigos de excepción la trayectoria vital de su padre, un hombre que “fue muchas cosas”, entre otras, empresario, banquero, abogado defensor de presos políticos –como también él mismo lo fue–, dirigente estudiantil, guerrillero urbano y exiliado. El salto de papá fue el libro del año cuando se publicó en Argentina en 2017 y descubre ahora a los lectores españoles a un autor en estado de gracia y también al protagonista de su obra, ese padre que “fue muchas cosas”.

 

Si usted no hubiera sido su hijo, ¿quién diría que fue Jorge Sivak, el protagonista de El salto de papá?

Por un exceso de simplificación, mi padre ha quedado congelado en esa, insisto, simplificación que es ponerlo como un banquero comunista, como si en esa aparente contradicción estuviese la gran definición sobre quién fue. Obviamente creo que fue muchas cosas. Mi padre, en la parte biográfica, fue dirigente universitario, abogado de presos políticos, banquero… El libro, de todas maneras, no busca tanto contar esa biografía o esa aparente contradicción sino más bien una relación universal que es la de un padre con un hijo y viceversa.

“Mi padre ha quedado congelado en esa simplificación que es ponerlo como un banquero comunista”

 

¿Por qué decidió hacerle este bello homenaje literario a su padre tanto tiempo después, más de un cuarto de siglo pasado desde su muerte en 1990?

Agradezco lo de bello homenaje literario. No sé si necesariamente fue un homenaje o un tributo. He trabajado mucho tiempo como periodista escribiendo sobre la vida de los otros y siempre creí que no debía o no podía o ni siquiera quería escribir sobre mi familia o sobre mi padre. Hace unos ocho años, cuando me faltaba poco para el nacimiento de mi hijo, por una serie de circunstancias yo vivía en los Estados Unidos. Cada vez que volvía a la Argentina el recuerdo de mi padre se hacía cada vez más presente. El hallazgo de toda una biblioteca sobre memorias de padres y al mismo tiempo el impulso de escribir esta historia hizo que durante siete años, no como actividad principal, escribiera este libro.

 

¿Su trabajo como periodista le ha ayudado a la hora de plasmar la historia de una saga familiar que recoge los avatares de toda una nación durante medio siglo?

Sí, mi trabajo de periodista ha sido muy útil para escribir esta historia, sobre todo para resolver ese momento crucial que fue cuando ya tenía escritas las primeras cien páginas y la primera lectora me dijo: “Falta la voz de tu papá”. Ahí me entregó a ese absurdo que fue escribir un reportaje sobre él. Es decir, doy voz al psicoanalista, al peluquero, a sus amigos empresarios, a sus amigos de izquierda y todo ese universo heterogéneo que fue el que yo conocí de chico. Así que ese reflejo de periodista fue muy importante para poder escribir el libro.

“No sé si ‘El salto de papá’ fue un homenaje o un tributo”

 

En su libro hay mucho dolor retratado, pero también mucha luz. Imagino que usted nunca quiso que la tristeza se antepusiera a los aspectos positivos que su padre sembró antes de decidir quitarse la vida.

Le agradezco que aprecie esa luz. Sí, porque yo no quería hacer un libro de desgarramiento, meramente de dolor o de melancolía, porque mientras escribía este libro me emocionaba o lloraba, pero también me reía o me causaba bastante gracia volver sobre ciertos personajes, episodios o situaciones, de modo que esto no es un regodeo en el dolor. Siempre procuré no ponerme, ni a mi hermano ni a mí, en una posición de víctimas. Así que todos los aspectos luminosos de la infancia y en la vida con mi papá y mi familia fueron muy importantes para poder escribir el libro. Si hubiese sido solo dolor no lo hubiese escrito. Seguramente si hubiese escrito este libro a los quince o veinte años hubiese sido bastante distinto, pero en la distancia el tiempo me hizo poder escribirlo de la manera en que lo escribí.

 

¿Hasta qué punto la ausencia de la figura del padre ha marcado su propio devenir personal y profesional?

Supongo que tanto mi padre en vida como su ausencia han marcado muchas de las cosas que hice, pero no diría que todo lo que hice o dejé de hacer está relacionado con eso. Obviamente que hay muchísimas personas que han influido en un sentido vital y definitivo sobre lo que hice: periodistas, profesores en la universidad, amigos, amigas, mi familia… Hay una cantidad enorme de personas que tienen que ver con eso. Y también una aclaración que es, quizá, obvia: hay una diferencia entre el libro y mi vida, no es que sea una suerte de catarsis o de exposición sobre mi vida, es el intento de reconstrucción sobre una historia, la de mi padre y mi relación con él, pero no deja de ser un libro.

 

Para contar la historia de su padre ha tenido que indagar y bucear en hechos íntimos. ¿Cómo ha logrado que esa exposición pública de los interiores de toda una familia no se transformen en una visión en cierto modo exhibicionista?

Es una duda que me ha acompañado siempre en cada momento, desde la primera vez que me senté a escribir el libro hasta este mismo momento en que estoy contestando estas preguntas. Sin duda el miedo al exhibicionismo, sobre todo en una persona que se considera tímida y retraída como yo, ha estado muy presente. Lo he evitado, pero no sé si lo he conseguido. Este libro tiene, al exponer ciertos temas, situaciones y descripciones de mi vida personal en las que hay algo de exhibicionismo. Hubiese sido imposible escribir este libro sin eso. Pero al mismo tiempo, este libro no es, o creo yo que no es, un libro que busca ser exhibicionista. Se puede leer como exhibicionista, siempre hay un pudor sobre escribir con bronca o sobre temas incómodos. Este libro está escrito a pesar de la incomodidad que me producen muchas cosas que escribo en él. De modo que pude escribir el libro a pesar de la bronca y la incomodidad que es esta tensión que supone contar algo íntimo y a pesar de todo no ser exhibicionista.

“Cuando ya tenía escritas las primeras cien páginas, la primera lectora me dijo: ‘Falta la voz de tu papá”

 

Después de todo este tiempo transcurrido desde la muerte de su padre y hasta la elaboración final de su libro, ¿cuál es el hecho concreto que desconocía entonces y que más le sorprendió y asombró?

Hay muchas que cosas que descubrir en la escritura del libro o en la pesquisa, quizá la que más me sorprendió y que se produjo en la conversación con el psicoanalista de mi padre es que el origen financiero de la empresa familiar eran fondos del Partido Comunista y que hubo una pelea grande por las acciones de una empresa minera. Todo lo que rodeaba esa pelea fue una de las revelaciones del libro, y la encontré en un lugar muy inesperado, como fue la consulta del psicoanalista de mi padre.

 

Su padre y la clase obrera argentina formaban un díptico genuino e inseparable. ¿Qué hubiera pensado él ahora de la situación actual de aquélla?

Mi padre, como toda la izquierda argentina que convivió con el peronismo, convivió también con esa pregunta que es “por qué masivamente los obreros argentinos se hicieron peronistas y no comunistas o socialistas”. Lejos de desarrollar un enfático antiperonismo como sí le sucedió a muchos otros, creo que mi padre intentó entender el peronismo, muchas veces lo votó, muchas veces no lo votó, de modo que tuvo esa relación dual con el peronismo. Su pregunta tiene un problema de fondo, me cuesta mucho pensar qué pensaría mi papá sobre la Argentina actual. Siempre me resultó bastante difícil contestar esa pregunta, porque hace tanto que no está que me cuesta mucho imaginarlo.

 

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