Un flexo rompe la penumbra de la habitación. Al fondo, de espaldas a la puerta y frente a la ventana, Grismilda prepara el examen de Análisis y Planificación financiera. Un portátil, unos folios y un bolígrafo llenan una ancha balda, que continúa el alféizar de la ventana y sirve de mesa de estudio. Es una habitación pequeña y angosta en la que una especie de catre, un armario de tela y una vieja estantería de metal anclada sobre la pared y sobre la que reposan libros de estadística financiera, valoración de activos, decisiones de financiación y algún otro sobre teoría del capital, capitalismo y futuro, y mercadotecnia y análisis de ventas, completan una atípica habitación de estudiante que a todas luces se ve que es provisional.

La habitación en la que Grismilda estudia para el examen de cuarto de carrera no está en su casa. Es una estancia que sus tíos usaban hasta hace un par de meses como despensa y almacén de todos aquellos objetos necesarios en una casa pero que no se usan habitualmente, como sillas para las visitas, una escalera, una caja de herramientas, cajas de plástico dónde se guarda la ropa fuera de temporada, sábanas, rollos de papel higiénico, rollos de papel de cocina, etc. Una especie de trastero ordenado y limpio en una de las habitaciones de la casa que no usan porque sus tíos, Nolasca y Pinciano, sólo tienen un hijo y con dos habitaciones, el salón y la cocina se apañan. Con la llegada de la sobrina, han tenido que buscar sitio en un trastero de alquiler para los objetos que han desalojado de la habitación en la que ahora vive Grismilda.

No es que Grismilda se haya quedado huérfana. Ni tampoco que la hayan echado de casa de sus padres. Grismilda es una desahuciada forzada por la pobreza y la dejadez administrativa. Su barrio, es uno de tantos a las afueras de una ciudad industrial. Un barrio normal, con bloques de edificios de los años sesenta del pasado siglo. Un barrio legal que paga impuestos, recibos de la luz, del agua, del IBI, basuras,… y que sin embargo tiene frecuentes cortes de suministro eléctrico que a veces duran días enteros porque la empresa suministradora no cumple con la ley y no mantiene las líneas como debiera. Son cables, los del tendido eléctrico, que no han cambiado desde 1965 cuando empezó la construcción del barrio. Cables que cuelgan de los tejados de las casas rozando en muchos casos paredes, árboles y cornisas. Cables que se sujetan en postes decimonónicos de madera resquebrajada y de los que en más ocasiones de las que debieran, acaban saltando pequeñas chispas que se van agrandando hasta convertir el poste en una gran antorcha. Y sin embargo, es un barrio del que Grismilda se ha tenido que marchar a casa de su tía Nola, porque hay decenas de días a lo largo del año en los que el ordenador se queda sin batería por las excesivas horas de funcionamiento fuera de la red, y sin conexión a internet, por falta de suministro eléctrico. Con todo el dolor de su corazón, la madre de Grismilda tuvo que pedirle a su hermana que acogiera a su hija en su casa hasta final de curso para que pudiera estudiar en condiciones “normales”.

Como siempre en otras ocasiones parecidas, la empresa suministradora de la electricidad achaca el problema de los cortes a las plantaciones de marihuana. El barrio dónde Grismilda nació y ha pasado toda su vida es un barrio pobre, dónde el paro y sobre todo los trabajos precarios, han pasado muchísima factura.  Sí. Algunos de sus vecinos trapichean con Hachís, Marihuana y otras drogas, incluidas las de diseño. Pero no hay plantaciones de María. Entre otras cosas porque la instalación de las líneas de suministro es tan antigua que apenas soportan el consumo de los electrodomésticos de una casa moderna. Las cocinas de carbón primero y de gas después, dieron paso a las vitrocerámicas. Los hornos de gas a los modernos eléctricos. Todas las casas tienen microondas y quién puede permitírselo (que no son pocos) calefacción por la antigua tarifa nocturna. Cuando más cortes se producen es en invierno cuando el frío arrecia, y en julio, cuando el sol es justiciero. Ahí es cuando los cortes de luz son más extensos en el tiempo y cuando los postes se convierten en teas.

La asociación de vecinos del barrio de la que la madre de Grismilda es presidenta, ha llamado pidiendo ayuda a todas las administraciones. Desde la Junta de Distrito, al Ayuntamiento de la ciudad. Desde al delegado del Gobierno hasta la Conserjería de la Comunidad autónoma. Desde la oficina de consumo hasta el Defensor del Pueblo. Pero todo el mundo da buenas palabras y ninguna solución. La eléctrica sigue haciendo de su capa un sayo e incluso han tenido el valor de negarle a un vecino que ha llegado nuevo al barrio, una potencia más elevada alegando que la instalación no cumple con la reglamentación vigente. Y que si quiere los 6.900 KW que ha solicitado, debe pagar 65.000 € que cuesta tirar cable nuevo desde una de las centrales que la eléctrica tiene dentro del barrio.

Ningún vecino de Grismilda entiende que en otro barrio de chalets situado a 10 minutos andando, la policía haya desmantelado varias plantaciones de Marihuana en los últimos tres años y nunca les hayan cortado la luz. Ni que tampoco se prendan fuego los cables. Y que puedas contratar la potencia que quieras.

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Desvalidos.

“La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos”.

Louis Dumur, escritor y periodista francés

Hace algunos días, ese personaje cuñao que representa Juan Carlos Ortega en ese programa también para cuñaos que dirige la Barceló, hacía una parodia sobre uno de los asuntos que más han dolido de la entrevista de Gonzo a Pablo Iglesias en Salvados. Allí el líder de PODEMOS dijo que existen las presiones al gobierno y que no sólo son como las había imaginado sino mucho mayores. Este cuñao de las mañanas de la Ser, quería dejar en ridículo al político con argumentos de un niño de cinco años. Reducía las presiones a la simpleza del periodista que una vez acabado el programa, recibe a cambio de su benevolencia con el banco o la eléctrica, un sobre con un dinero a la puerta de la radio como pago por los servicios prestados.

El sistema de prebendas y compra de voluntades es mucho más retorcido. Irse de vacaciones a las Bahamas a cargo de una empresa anunciante, hacer “congresos” o “seminarios” que en realidad son ejercicios espirituales de hijoputismo en los que las estrellas periodísticas van con gastos pagados por un promotor, viajar a la final de la Eurocopa en un jet exclusivo fletado por un banco, aceptar entradas para un Madrid-Barsa en un palco del Bernabéu propiedad de una empresa de seguridad que vende alarmas o irse a Estados Unidos a cursar un posgrado de verano que paga íntegramente una entidad bancaria, son algunos de los sibilinos pagos, que no lo parecen porque no tienen forma de sobres de los que hacía chanza Ortega en su columna para cuñaos, pero que causan el mismo efecto. Todo es muy legal y sibilino.

Algunas de esas presiones vienen también, en forma legalizada, bajo la “manta” de los lobbies. Otras, mucho más incisivas e intrusivas, consisten en hacer una llamada telefónica al director general de la cadena o al presidente del gobierno, en el caso de un ministro, mostrándole el malestar con alguna propuesta y recordando amablemente algún suceso comprometedor del propio director o presidente del Gobierno que de salir a la luz causaría gran escándalo. Otras son mucho más directas y se envían como recordatorios en forma de videos o fotos del propio personaje que quiere llevar a cabo una medida que le constaría millones de euros a un fondo inversor, un banco o una eléctrica, por ejemplo.

El problema está en que el 99 % de los políticos de la vieja escuela llegan a la cumbre tras años de militancia. Durante ese tiempo se comprometen y se comportan no siempre de forma correcta pensando que nadie lo sabrá y acaban siendo rehenes de sus actuaciones. Me comentaba hace algunos años, en una confidencia surgida a raíz de una charla sobre corrupción, un juez principiante de uno de los juzgados comarcales de una provincia castellana, que nada más tomar posesión del cargo, recibió invitaciones de todo tipo a eventos y fiestas particulares. Como obviaba todos los mensajes subliminales, acabó llegando un tipo a su despacho y ofreciéndole unas vacaciones pagadas en un hotel de cinco estrellas de Los Cabos en la Baja California. Cuando observó que su señoría no mostraba interés, se hacía el tonto y decía que no entendía el porqué le ofrecían ese regalo y qué debía el dar a cambio, cuando la tensión creció hasta acabar ofendiendo al juez por las torticeras explicaciones del ofrecedor, antes de salir pitando del despacho, le acabó tendiendo una invitación de acceso a una montería en la que después habría una orgía en la que participarían mujeres famosas.

Quizá suene a relato ficticio pero, es un hecho real. Por supuesto no hay pruebas de esto. Nunca las hay. Pero lo cierto es que algunas empresas de este país se comportan como los señoritos en su cortijo. El barrio en el que vivo, está en rehabilitación. La rehabilitación es integral y como es lógico, conforme a la normativa vigente se han trasladado todos los contadores a un cuarto en la planta baja. La electricidad debe entrar por el suelo porque debería estar soterrada. Sin embargo, los cables saltan de tejado a tejado y de palomilla a palomilla. No hemos sido capaces de que el Ayuntamiento de Madrid obligue a Naturgy a soterrar la red eléctrica (como se establece en las ordenanzas municipales) y seguimos con el peligro del tendido de alta tensión en los tejados. De igual forma estamos poniendo ascensores porque la población es mayor y se ha aprovechado que había que rehabilitarlo por las malas condiciones generales de sus edificios para la instalación de estos aparatos. En uno de los edificios, al realizar el foso para el hueco del ascensor, apareció una gran tubería del canal de Isabel II. La tubería está incrustada dentro de la finca. Al solicitar su desvío para poder seguir con las obras, han tenido que acoquinar 45.000 euros. Es decir, la comunidad ha tenido que pagar una obra que le corresponde al Canal. Y no hay posibilidad de réplica. Ellos te paran la obra y no puedes hacer nada mientras no pagues o mientras no haya resolución judicial. Y si esperas, pierdes la subvención por no cumplir los plazos.

Como ya comentábamos la semana pasada, el precio de la electricidad causa gran escándalo por su forma de llegar a él. Todas las eléctricas mienten porque dicen que la luz está en el mercado marginalista y no es cierto. En este tipo de mercados hay una contabilidad de costes y el precio del producto se establece por el coste de fabricación más el margen de beneficio. En el mercado eléctrico el precio se consigue adjudicándole el precio estimado de la más cara a toda la generación de ese momento. Es como pedirte una mariscada en un restaurante, que te únicamente te sirvieran veinte mejillones y un percebe y te cobren todo el plato al precio de veinte percebes. ¿Que presiones tiene que haber para que el PSOE, que ha firmado un acuerdo de gobierno de coalición con otro partido en el que se expresa claramente en el punto 3.2: “Realizaremos los cambios normativos necesarios en relación con el funcionamiento del mercado eléctrico para acabar con la sobrerretribución (conocida como “beneficios caídos del cielo”) que reciben en el mercado mayorista determinadas tecnologías que fueron instaladas en un marco regulatorio diferente, anterior a la liberalización y que han recuperado sobradamente sus costes de inversión” , esté, a través de su ministra del hijoputismo, soltando estupideces para calmar a los forofos, como que son subidas puntuales o sólo suponen 20 euros en el recibo mensual, para acabar incumpliendo el acuerdo y haciendo lo posible para que todo siga igual en este timo legal?

La pobreza energética NO existe. Existe la pobreza a secas. Quiénes no pueden pagar un recibo eléctrico sobredimensionado, tampoco puede darle de comer tres veces al día a sus hijos, no puede pagar el recibo del agua, no puede consumir una comida sana, variable y saludable y tampoco puede afrontar ningún gasto extra. Vivimos en una coyuntura en la que los que se autoproclaman representantes del pueblo, son los causantes de sus penalidades. Legislan en favor de los que les “putean” permitiendo que lo que deberían ser actuaciones delictivas bajo el delito de estafa, como un recibo eléctrico en el que el precio del kilovatio hora no se ajusta a los márgenes del mercado, o las comisiones que las entidades bancarias cobran en cuantía superior a los saldos de las cuentas, por un supuesto mantenimiento, sean perfectamente legales. Procedimientos legales, en oligopolios que actúan como monopolios en los que además, no tienes la más mínima posibilidad de abstenerte en su uso.

Estamos observando estos días como los contratos ocultos de los que hablábamos en el artículo anterior permiten a las farmacéuticas incumplir el compromiso de entrega y del número de dosis contratadas. Vemos como los políticos de siempre (PP-PSOE) se cuelan en la vacunación demostrando una vez más que se son impunes y superiores a sus representados actuando como terratenientes en su cortijo.

Decía mi madre que el movimiento de demuestra andando. Y por mucho que el presidente del Gobierno reivindique ser el líder de un partido de izquierdas, lo cierto es que hasta ahora no han cumplido ni un 3 % del acuerdo firmado con UP (un acuerdo que es socialdemocracia light).  Siguen protegiendo las presuntas corruptelas de la monarquía y siguen insistiendo una y otra vez en arruinarle la vida a la gente proponiendo la elevación los periodos para el cálculo de las pensiones, manteniendo la miseria del salario mínimo y negando una realidad que muchos ya no podemos soportar: no se puede salvar la economía sin salvar primero la salud. Los parches y las medias tintas acaban matando a la gente y con una destrucción exponencial del empleo y la economía.

O nadas o guardas la ropa.

Salud, feminismo, república y más escuelas públicas y laicas.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

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