Según un estudio publicado en Nature Communications, aplicar una inyección de ketamina a personas alcohólicas después de reactivar sus recuerdos relacionados con el consumo de alcohol consigue reducir las ganas de beber alcohol durante nueve meses. “Hemos visto que los grandes bebedores experimentaron una mejora a largo plazo después de un tratamiento experimental muy rápido y simple”, afirma uno de los autores del estudio, el doctor Ravi Das, de la Unidad de Psicofarmacología Clínica del University College de Londres.

En dicho estudio participaron 90 personas con predisposición adictiva a la bebida, especialmente a la cerveza. Eran alcohólicos pero no disponían de un diagnóstico declarado de trastorno por consumo de alcohol y, por tanto, nunca habían buscado tratamiento. De media consumían 74 bebidas alcohólicas por semana, lo que equivale a unas 30 pintas de cerveza, cinco veces el límite aconsejado.

Para empezar, los participantes recibieron un vaso de cerveza y les aseguraron que podrían beberlo después de concluir una actividad. Calificaron a cada uno su deseo por la bebida y se les mostró proyecciones de cerveza y otras bebidas, mientras describían su gusto anticipado, recuperando de esta manera los recuerdos de recompensa que rodeaban la ingesta de cerveza. Para clasificar sus necesidades básicas de consumo alcohólico, el primer día del estudio se les autorizó a beber la cerveza, pero en el segundo, se la quitaron sin previo aviso.

Eliminar inesperadamente un regalo anticipado constituye un elemento clave para desequilibrar una memoria de recompensa recuperada. Generalmente, el cerebro se rendirá a un proceso activo para reestabilizar y almacenar la memoria. Sin embargo, este proceso de almacenamiento de memoria puede ser frenado por la ketamina, capaz de bloquear un receptor en el cerebro que resulta imprescindible para restablecer los recuerdos.

En un día determinado por los investigadores, un tercio de los participantes del estudio recibieron una infusión intravenosa de ketamina, después de que se les quitara la cerveza. Otro grupo recibió placebo, mientras que el otro tercio fue tratado con ketamina, pero sin completar previamente la tarea de recuperación de la memoria de bebida.

El tratamiento se mantuvo durante nueve meses; y, aunque los tres grupos disminuyeron parcialmente su consumo de alcohol, aquellos que recibieron la pauta de ketamina, combinada con la recuperación de la memoria, tuvieron una mejoría inicial mucho más pronunciada y una mejoría general mayor en el tiempo. De hecho, redujeron a la mitad su consumo semanal de alcohol durante los nueve meses.

Los investigadores también efectuaron análisis de sangre y descubrieron que el tratamiento fue más efectivo en personas donde la ketamina estaba más fácilmente disponible en su sangre, lo que apunta a que una dosis más alta puede haber llevado a una rehabilitación mayor en algunas personas. “Esta es una primera demostración de un enfoque muy simple y accesible, por lo que esperamos que, con más investigación, pueda convertirse en un tratamiento útil para el consumo excesivo de alcohol o potencialmente para otras adicciones a las drogas”, asegura Das.

No obstante, los investigadores avisan de que el estudio aún no se encuentra en ensayo clínico, sino solo experimental. Se necesita más investigación para extraer el máximo rendimiento del método de tratamiento y determinar a quién podría beneficiar, y siempre con la supervisión de un especialista, ya que la ketamina puede no ser aconsejable para personas con algunas afecciones.

Hay que recordar que, aunque a menudo se la considera un tranquilizante para caballos o una droga para fiestas, la ketamina también se usa clínicamente como sedante o analgésico y es un medicamento esencial en el NHS en todo el mundo. “La ketamina es una droga segura y común que se está explorando para múltiples usos psiquiátricos, incluida la depresión, mientras que otros investigadores también están explorando otras formas en que podría ayudar con la adicción al alcohol. Una ventaja de nuestro estudio, junto con el pronunciado efecto a largo plazo sobre el consumo de alcohol, es que se basa en una sólida comprensión de cómo funciona el medicamento en el cerebro para lograr su efecto”, aclara otro autor principal del estudio, el profesor Sunjeev Kamboj.

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