Muchos lo desconocen, pero existen varios tipos de inteligencia. Desde la natural hasta la espacial, pasando por la emocional, así como por la musical, y también la inteligencia financiera.

Esta última en particular es la que nos permite comprender el verdadero valor del dinero, identificando a su vez varios elementos primordiales como los activos, ingresos pasivos, ingresos residuales, deudas buenas y deudas malas.

Y aunque la economía varía de país a país, los conceptos que engloban a la inteligencia financiera pueden ser aplicados y explotados eficientemente en cualquier escenario por alguien con un nivel alto de esta inteligencia.

Desarrollarla no es fácil, pero si prestas atención a lo que a continuación te vamos a explicar, podrás estar un paso más cerca de lograr tus ambiciones que involucran el dinero.

Determinando tu Nivel Actual de Inteligencia Financiera

Si eres del tipo de persona que utiliza su tarjeta de crédito para pagar en restaurantes o hacer compras de tamaño considerable, como de un Smart TV, pero que no sabe a ciencia cierta si podrá pagar esa nueva deuda adquirida cuando llegue el cobro de la tarjeta.

Entonces tienes un bajo nivel de inteligencia financiera.

Por otra parte, si eres de las personas que le gusta pagar de contado, sin importar el tamaño de la compra, ya sea un nuevo par de zapatos o una motocicleta.

Entonces eres alguien que practica la brutalidad financiera.

Este podría considerarse el nivel medio, al no adquirir nuevas deudas, prácticamente te mantienes en un “saldo” de cero.

Seguramente obtienes esas cantidades de dinero a través de una única fuente de ingreso: El sudor de tu frente, de allí el término brutalidad.

Sin embargo, si eres de las personas que crea activos para luego utilizar los ingresos pasivos e ingresos residuales de ese activo en cubrir tus gastos o realizar otras inversiones.

Entonces tienes un alto nivel de inteligencia financiera y vas por buen camino a establecer una base de historial crediticio que te permitirá adquirir buenas deudas.

Pero, ¿qué es una deuda buena y qué es una deuda mala?

De forma muy resumida, una deuda mala es aquella que adquieres al comprar algún pasivo.

También es aquella con una Tasa Anual Equivalente (TAE) alta.

Mientras que una deuda buena es aquella que te permite adquirir activos o financiar proyectos.

Dicho de forma cruda, es aquella que pagas con el sudor de la frente de otros, no de tu frente.

Y es que, el dinero puede ser amigo o enemigo, todo depende de cómo lo utilices.

Claro que, algunos bancos pueden llegar a ser un tanto difíciles de llevar. En especial si eres una persona sin historial crediticio.

No obstante, si posees un alto nivel de inteligencia financiera, o si estás en camino a desarrollarla; valerte de préstamos rápidos para crear activos es una gran opción de deuda buena.

Las organizaciones o instituciones no bancarias que ofrecen estos préstamos saben lo complicado que pueden llegar a ser los trámites a través del banco. Es por ello que enfocan sus políticas en la inmediatez, confianza y correcto escrutinio.

Haciendo a veces de puente entre las personas y las entidades bancarias, y otras veces realizando préstamos directos con un TAE bajo a las personas que acuden en busca de sus servicios.

Estas instituciones de la economía de la nueva generación, son grandes aliados de aquellos que poseen una buena inteligencia emocional.

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