Global

Siempre nos quedó en la memoria una definición que un colega español nos hizo sobre los argentinos que había conocido. “Los argentinos han elevado la hipocresía a la categoría de virtud” nos dijo,  aunque de inmediato hizo una salvedad: “no todos, claro”.

Aquella definición había surgido al comentar la visita que hicieron a la Argentina en septiembre de 1979 miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para informarse sobre las atrocidades que estaba cometiendo la dictadura.

Para el colega, la hipocresía la había encontrado en la respuesta que buena parte de la sociedad porteña ¡cuándo no! había dado a aquella visita en un breve mensaje escrito en calcomanías adheridas al parabrisas de sus autos que a bocinazos tendidos recorrían las calles de la ciudad: “Los argentinos somos derechos y humanos”., decía el texto.

Semejante definición en medio de las desapariciones forzadas de personas, su confinamiento en centros clandestinos de tortura y muerte y el robo de bebés, ponían de manifiesto un altísimo nivel de hipocresía. Si alguien quería saber las causas por las cuales miles y miles de hombres y mujeres caían en aquella cacería humana, la respuesta era tan breve como cruel: “algo habrán hecho”. A las Madres que salieron a buscar a sus hijos les pusieron un rótulo descalificativo al llamarlas “las locas de la Plaza de Mayo”.

Todo esto viene a cuento a raíz de todo lo que leemos y escuchamos en los medios de comunicación y en las redes sociales con respecto al caso Verbitsky, es decir, a su incomprensible error de hacer valer su amistad con el ministro Ginés González García para vacunarse contra el Covid19.

El aluvión de críticas que ha recibido el veterano periodista es una suerte de linchamiento público como si en lugar de recibir una vacuna al margen del protocolo, hubiese sido el autor de un genocidio como el que cometieron en este país los militares con la ayuda de civiles y eclesiásticos que nunca han sido juzgados.

Muchos de ellos son los que han descargado un rosario de críticas hacia el periodista y escritor, cuyos artículos y libros les duele más que el episodio de la vacunación. Hasta el bandido impune Mauricio Macri salió a dar clase de ética, moral y buenas costumbres mientras otros y otras de su misma calaña se suman al coro de moralistas  creyendo que han encontrado un chivo expiatorio y que de esa manera van a lavar el denso prontuario que llevan encima.  

No cabe ninguna duda que Verbitsky hizo uso de un  claro privilegio que erosiona su sentido de la ética. Pero no seamos ingenuos y que el árbol no nos impida ver lo que hay en el bosque.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre