Fundación Miguel Delibes. AMD,120,193. Miguel Delibes Setién pasea por el Campo Grande de Valladolid. © Fotógrafa Henar Sastre.

Dicen que Miguel Delibes no ganó el Nobel porque para ello había que hacer pasillos y era incapaz. Le faltaba malicia y ambición. De hecho, desde un viaje a EEUU, en el que sus hijos sufrieron un grave accidente doméstico en casa, el escritor vallisoletano -de cuyo nacimiento este mes se cumplen cien años- se comprometió junto a su mujer a no abandonar más Valladolid salvo en caso de extrema necesidad. Como hombre de palabra que era, así lo hizo. Era habitual encontrarlo paseando por el Campo Grande de su ciudad, donde hoy vuelve en forma de escultura para quedarse para siempre con motivo de su centenario.

Son cien años de un genio bueno, un excepcional escritor, con dominio de la lengua castellana, que quiso siempre contar la historia de “los otros”, en tiempos en los que nadie hablaba de ellos. Como buen castellano, Delibes fue discreto, moderado intelectual e ideológicamente, discreto y nada exhibicionista. Nunca lo necesitó desde sus inicios en el Norte de Castilla, medio en el que comenzó como viñetista y redactor y del que fue su director más notable de toda su historia. Se suele recordar menos por qué salió de ese medio, tras la Ley de Prensa de Manuel Fraga, con la que nunca estuvo de acuerdo.

De Cela a Delibes

Si algo identifica cómo era Delibes, eso lo explica mejor que nadie el hijo de Camilo José Cela. En un evento al que fue invitado en el 2002 con motivo de Salamanca, Ciudad Europea de la Cultura, el hijo del genial y polémico escritor, reconocía que en algún momento soñó con cambiarse el nombre. Al comentárselo a un abogado amigo, éste, sorprendido, le preguntó cómo le gustaría llamarse. A lo que Cela Conde respondió sin titubear: Miguel Delibes. “¿Cómo?”, apenas alcanzó a decir el amigo. Y el hijo del Nobel de Literatura sentenció: “Es que Miguel Delibes quería muchísimo a su hijos”. Pues eso.

Entre su labor en el periódico y su intensa vida familiar, Delibes tuvo siete hijos con la única mujer de su vida: Ángeles de Castro, muerta de forma prematura en el 74 -lo que llenó al escritor de una melancolía que le acompañó hasta el final de su vida-. El autor de “Los Santos Inocentes, “El Camino”, “Diario de un emigrante” “Diario de un cazador”, “El Príncipe Destronado” y, entre otras, una de sus obras cumbres: “Cinco Horas con Mario”, fue capaz de engendrar las mejores novelas que forman ya parte de la historia literaria de España y el mundo.

Fundación Miguel Delibes. AMD,123,2.Familia Delibes de Castro con sus cónyuges e hijos.

Fundación

Si alguien quiere acercarse al alma de novelista, puede hacerlo a través de la Fundación que lleva su nombre y que preside su hija Elisa Delibes de Castro, que hoy estará en el Campo Grande junto a las autoridades de turno para la inauguración de esa escultura que devuelve al escritor a uno de sus lugares habituales de paseo por Valladolid cuando no lo hacía por el campo.

Si algo define bien a Miguel Delibes es su propia descripción de sí mismo: «Mi vida de escritor no sería como es si no se apoyase en un fondo moral inalterable. Ética y estética se han dado la mano en todos los aspectos de mi vida”. Así fue y así es su obra inmortal que también el arte del cine ha sabido plasmar con acierto.

Para conocer más y mejor al novelista, al hombre, al padre, al esposo, nada como estar al día de las actividades que desarrolla la Fundación Miguel Delibes desde Valladolid (no podría ser otro lugar ni otra manera).

Delibes analizó el alma de la mujer, cuando el machismo, el convencionalismo y la tradición apenas la dejaban respirar, como nadie en “Cinco Horas con Mario”; la miseria de los pueblos de la posguerra frente al poderío inmisericordio de los señoritos en, entre otros  “El Camino” y “Los Santos Inocentes”; así como los sinsabores de los hombres y mujeres que tuvieron que abandonar su tierra miserable -pero querida- para buscarse la vida en el extranjero: como tan bien cuenta en “Diario de un Inmigrante”; al que luego siguió con el mismo protagonista “Diario de un jubilado”.

Dar una oportunidad a Delibes como novelista es abrir al puerta a la que hoy es la España Vaciada, a los desamparados de una posguerra que, como él, llegaron a crear los cimientos de una sociedad más justa. Merece la pena.

Miguel Delibes, entre otros muchos reconocimientos, fue Premio Nadal, Premio Nacional de Literatura o Premio Príncipe de Asturias. Nunca buscó ser galardonado.

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