14 de abril de 1912, aguas del Atlántico Norte. El Transatlántico TITÁNIC surca de manera orgullosa incluso más que despreocupada, las traicioneras aguas. Todos, o al menos todos los que deben saberlo, son conscientes del peligro que supone el creciente flujo de icebergs, un tránsito que precisamente en esta época del año es si cabe mayor precisamente por la lógica época del deshielo.

Pero como suele ocurrir siempre en estos casos, las circunstancias parecen aliarse de manera que resulta casi fraticida. La negligencia, la dejadez, o simplemente el exceso de confianza que desde el principio ha acompañado a este barco, configuran un contexto que verdaderamente parece abocado inexorablemente al fracaso más dramático.

En el entorno de las 23-40 horas, se produce el choque fatídico, El resto de la historia es sobradamente conocido. Falta de botes salvavidas, las demandas estéticas fueron colocadas un peldaño por encima de las consideraciones preventivas. Y así, hasta conformar un largo etcétera de sinrazones que en cualquier caso provocaron una de las que ha sido sin lugar a dudas catástrofe que más duramente ha impactado en el subconsciente de la Sociedad a nivel mundial, e histórico.

Sin embargo, aceptar que con el TITÁNIC se hundió exclusivamente un barco, constituiría un ejercicio de injusticia social que rozaría la negligencia.

El TITÁNIC era, a todas luces, mucho más que un barco. Constituía la materialización definitiva de una serie de aprioris conceptuales que, desde el siglo XVIII, conformaban la manera de pensar de toda la clase científica europea, y bien pudiéramos decir mundial.

Desde que el Hombre se rige por principios científicos, esto es, desde que se superó el mito, para pasar a regirnos por el Logos, la nueva dialéctica de la que el Hombre obtiene su sustento conceptual pasa ineludiblemente por el planteamiento de cuantos terrenos sean necesarios en pos de librar la lucha imprescindible respecto de la pregunta extrema: ¿Puede el Hombre vivir sin la necesidad de acudir a la existencia sustentadora de una mentalidad superior? La búsqueda de la respuesta a esta pregunta, conformará a partir de aquél momento, aproximadamente siglo VI a.C, el catálogo al que cualquier científico, por no decir cualquier persona, se agarrará con decisión a partir de ese momento.

Con el paso del tiempo, variarán así mismo los procedimientos no sólo de búsqueda de la respuesta, sino incluso de plantear la pregunta en sí mismo. Algunos, como el maestro de Aquino, creerán firmemente haber encontrado la respuesta. Poco después, el sometimiento al imprescindible juicio crítico al que hay que someter a cualquier procedimiento científico, demostrará no obstante la presencia de errores, en este caso procedimentales, consistentes en que para demostrar la existencia del hecho buscado, Tomás partió ya de la suposición de que, efectivamente, la causa buscada era causa creadora. Mas como suele ocurrir en Ciencia, se aprende más de los errores, que de los aciertos en sí mismos. Y tal vez por ello, los procedimientos erigidos por el genio de Aquino, promovieron una serie de certezas que, ineludiblemente, proyectaron la capacidad de pensamiento del Ser Humano, hacia unas cotas hasta ese momento ni tan siquiera soñadas. El camino hacia el Racionalismo estaba trazado, y ya era del todo inevitable.

El Raciovitalismo, en otras palabras, la superación por el Hombre de la inexcusable necesidad de un Dios. En otras palabras, la conformación de un nuevo espíritu científico que fuera capaz de dar forma si no a un nuevo universo, si al menos a una nueva manera de acercarse a él. Libre de prejuicios, y por ende de limitaciones, ésta nueva forma de buscar explicaciones al mundo superaría al anterior, al de la Grecia Clásica que se perdió con la segunda quema de la Biblioteca de Alejandría, en que no tendría sino al Hombre como único Principio y Fin. Así, nada limitaría el potencial de las teorías descubiertas.

El salto planteado realmente abruma por lo radical. No sólo hace falta un nuevo concepto de Ciencia, sino que por encima de éste se hace imprescindible un nuevo concepto sobre el que atribuir funciones al Ser Humano. Surge así la Ilustración, como proceso eclíptico que viene a dar una solución global a éste nuevo catálogo de necesidades, hasta este momento desconocidas. La revolución es completa, inigualable. Las posibilidades son inauditas.

Todo se resume en una frase, que da forma a la idea: El Hombre como medida, como principio y fin de todas las cosas. 

Sin embargo, aunque el marco procedimental parece cubierto, con todas sus carencias e improperios, una nueva realidad surge con fuerza. La nueva manera de acercarse al Hombre, arroja en realidad nuevas formas de comprender cuando no de definir al propio hombre. Surge entonces la necesidad imperiosa de convertir a la Psicología en agente trascendental de la aventura.

Cuando Nietzsche puso en boca del Viejo la frase: “Te recuerdo o Zarathustra, subiste a la montaña arrastrando las cenizas del valle. Ahora retornas al Valle llevando en tus ojos el fuego de la montaña. Recuerda o Zarathustra, a los incendiarios, se les condena…” el genial alemán no estaba sino anticipando esta imperiosa necesidad de una nueva psicología. Una nueva mentalidad resulta imprescindible para el Hombre. Una nueva Psicología que supere al Racio-Vitalismo, que deje atrás a la Ilustración. Que haga palidecer al genial Descartes, y sus dudas sobre si el mundo conocido puede no ser sino una ensoñación. Y que convierta a La Enciclopedia francesa en un procedimiento tan inútil como el de contar los granos de arena de una playa.

Y todo eso, nada más y nada menos, es lo que se consiguió en el XIX. El Ser Humano da el vuelvo definitivo. La eclosión real de revoluciones pasadas conforma entre otras una nueva forma de pensar que promueve el establecimiento definitivo de nuevas teorías de organización social que proyectan igualmente nuevas formas de Gobierno. La superación de miedos ancestrales, devuelven al Hombre el anteriormente respeto hacia sí mismo, y hacia sus potencialidades futuras, consolidando con ello un nuevo marco en el que ahora sí, definitivamente, sólo el propio agente tiene los límites y el marco de su propio conocimiento. Es curioso que sólo tras la superación del Humanismo Ilustrado, se logren completar sus ansiados principios.

Y entonces, cuando el Ser Humano se ha liberado de todos los lastres, surge el Superhombre, libre de la castración conceptual que inflinge la religión en sus diversas formas, el Verdadero Hombre Nietzsceliano ve la luz, inaugurando, ahora sí, el siglo XIX.

Y ese es el único siglo en el que tiene cabida un pensamiento como el capaz de concebir el insumergible TITÁNIC. Un siglo en el que por fin la ansiada fusión entre Ciencia y Tecnología convierte en realidad el hasta ese momento mito según el cual, lo que puede ser pensado, puede ser construido.

Y entramos entonces en el Siglo XX. Como en el caso del TITÁNIC, el Ser Humano navega por el intransitado universo del Tiempo con la despreocupación, o más bien con la soberbia propia de los jóvenes. Una soberbia que sólo puede ser disculpada si se considera arrogancia, otras veces motor de cambio.

Si en el caso del Barco fue un Iceberg lo que provocó el drama, en la noche del 14 al 15 de abril de 1912; en el caso de Europa lo será la Guerra, entre 1914 y 1918, la que nos someterá de nuevo al juicio de la Humildad, desde la implacable necesidad de superar la sinrazón.

Muchos dirán después que el hundimiento del TITÁNIC fue un castigo destinado a erradicar la ausencia de valores materializada en el exceso de orgullo que promovió su construcción. Tal vez, en realidad el TITÁNIC no fuera sino el aviso previo del ingente precio que poco después el mundo habría de pagar por no entender que cada época es dueña de cada tiempo, y que ésta sólo se supera cuando el desarrollo humano, en toda su extensión global así lo determina.

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Natural de La Adrada, Villa abulense cuya mera cita debería ser suficiente para despertar en el lector la certeza de un inapelable respeto histórico; los casi cuarenta años que en principio enmarcan las vivencias de Jonás VEGAS transcurren inexorablemente vinculados al que en definitiva es su pueblo. Prueba de ello es el escaso tiempo que ha pasado fuera del mismo. Así, el periodo definido en el intervalo que enmarca su proceso formativo todo él bajo los auspicios de la que ha sido su segundo hogar, la Universidad de Salamanca; vienen tan solo a suponer una breve pausa en tanto que el retorno a aquello que en definitiva le es conocido parece obligado una vez finalizada, si es que tal cosa es posible, la pausa formativa que objetivamente conduce sus pasos a través de la Pedagogía, especialmente en materias como la Filosofía y la Historia. Retornado en cuanto le es posible, la presencia de aquello que le es propio se muestra de manera indiscutible. En consecuencia, decide dar el salto desde la Política Orgánica. Se presenta a las elecciones municipales, obteniendo la satisfacción de saberse digno de la confianza de sus vecinos, los cuales expresan esta confianza promoviéndole para que forme parte del Gobierno de su Villa de La Adrada. En la actualidad, compagina su profesión en el marco de la empresa privada, con sus aportaciones en el terreno de la investigación y la documentación, los cuales le proporcionan grandes satisfacciones, como prueba la gran acogida que en general tienen las aportaciones que como analista y articulista son periódicamente recogidas por publicaciones de la más diversa índole. Hoy por hoy, compagina varias actividades, destacando entre ellas su clara apuesta en el campo del análisis político, dentro del cual podemos definir como muestra más interesante la participación que en Radio Gredos Sur lleva a cabo. Así, como director del programa “Ecos de la Caverna”, ha protagonizado algunos momentos dignos de mención al conversar con personas de la talla de Dª Pilar MANJÓN. Conversaciones como ésta, y otras sin duda de parecido nivel o prestigio, justifican la marcada longevidad del programa, que va ya por su noveno año de emisión continuada. Además, dentro de ese mismo medio, dirige y presenta CONTRAPUNTO, espacio de referencia para todo melómano que esté especialmente interesado no solo en la música, sino en todos los componentes que conforman la Musicología. La labor pedagógica, y la conformación de diversos blogs especializados, consolidan finalmente la actividad de nuestro protagonista.

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