Apenas un punto y coma en el gigantesco Mapamundi, todavía me cuesta pensar lo lejos que hemos llegado. Un “pensat i fet” que nos trajo al otro lado del mundo resultando una experiencia intensa y maravillosa.

Mis hijas no pueden ser conscientes todavía de la suerte que han tenido, ni siquiera yo misma, así que exprimiré todo el jugo a la aventura vivida para que, aunque no hayas estado allí, puedas imaginarte paseando por aquellos lugares, y si te motiva, puedes pegar un vistazo a las fotos en algún buscador, o apuntarlo en una agenda por si algún día pegas el salto.

Cathedral Cove bostezó al atardecer para permitirnos ver el islote de piedra como una campanilla en su garganta. Los gusanitos verdes encendieron sus luces para guiarnos por Waitomo Caves. Viajamos en el tiempo y el espacio con los Maoríes para bailar con ellos su Haka en Rotorua y la naturaleza nos demostró que, a pesar de todo, aún le quedan fuerzas y escupió por sus Geysers, quizás pensando en aquellos que huelen a huevo podrido como el entorno donde asientan.

No podíamos dejar el punto sin pasearnos por La Comarca y sentirnos Hobbits en el interior de las preciosas casitas o sobrevolar los volcanes dormidos y hacer la ruta de las cascadas del Parque Nacional de Tongariro. Dejaríamos la isla Norte después de haber paseado por Rivendell sin toparnos con ningún elfo.

A bordo del Interislander, nos despediríamos de la isla Norte con vistas fantásticas en una travesía en la que no dejaríamos de ver tierra en ningún momento y del punto, pasamos a la coma.

Llegar a Pohara Beach supuso para mí como copilota, sufrir en el trayecto por la carretera de Abel Tasman, un verdadero Dragon khan con vistas a un sobrecogedor precipicio de árboles inmensos, pero el destino valió tanto la pena, que se mereció repetir noche de camping antes de pasar de la playa a los glaciares. En mitad del camino, un pequeño tesoro, Takaka, la pequeña Ibiza con pies descalzos y bellas canas en un reducto donde se respira más tranquilidad si cabe, en lo que se supone estar en un país slow.

Sin prisas, sin claxons, sin gritos, sin humos y sin guarros (por lo menos a la vista). Con el Monte Cook de fondo, no llegamos a pisar el hielo pero dilatamos nuestras pupilas ante la grandeza de las montañas con sus lagos Tasman, Tekapo y Pukaki con colores imposibles de imaginar. Será por lagos… Wanaka y Hawea te acompañan parte del trayecto y ya te parecen inmensos hasta que llegas al inabarcable Wakatipu a los pies de Queenstown; desde su teleférico, compruebas las locuras adrenalínicas de familias cuyo centro comercial de domingo es el aire libre en una ciudad que vive la naturaleza en estado puro. En Te Anau confirmamos aquello de “Spain is different” siendo los únicos tripulantes que disfrutamos literalmente, bajo una de las cascadas en los Fiordos de Milford Sound mientras el resto se resguardaba de la lluvia regalada por la montaña de roca.

Quedarían por ver lugares donde el tiempo se detuvo, como Dunedin con padres que surfeaban con sus hijos en tardes laborables.

De las imágenes que más me impactaron, las puertas del fin del mundo en Nuggets Points y las misteriosas Boulders en Moeraki donde tuvimos la suerte de encontrarnos con un viajero especial al que reconocí sólo por su inconfundible voz; Paco Nadal estaba allí en una de sus aventuras organizadas por el País y La Ser y tuvo un detalle precioso con nosotras.

La gran Christchurch nos demostró cómo con empeño y ganas se puede sobrevivir a terremotos que no perdonaron ni a la Catedral, sus restos dan una idea de la magnitud de la tragedia. Ahora con el tranvía, puedes recorrer fácilmente la ciudad mientras escuchas su historia de un veterano conductor que en España estaría ya años jugando a la petanca.

Nos quedaba la última etapa, Auckland nos esperaba para el contraste y la guinda del pastel, pero esto será para la próxima crónica.

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Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Máster en Fitoterapia, Homeopatía y Medicina China. Máster en Homeopatía (CEDH). Máster en Anticoncepción y Salud Sexual y Reproductiva. Autora de dos libros: “Allioli en la Malvarrosa” y “universo Malva-Free”

2 Comentarios

  1. «El Partidazo de Cope» daba la noticia: Mariano Rajoy sería el candidato alternativo a presidir la RFEF.
    Cuidado con este perro, colaborador del desfalco a mas de 305.000 Familias Propietarios del Banco Popular
    Y el Castaño, que hace ahí, el sosato de 76 años, con la camisa a cuadros, solo cantar, como si estuviera en el programa 300.000.000 -la propaganda del banco cantabrón, por caca gol que se marca-.
    Vaya recua de gente.
    Por cierto amigo Juanma, se dice vacada a un rebaño de vacas, periodista analfabeto.

  2. Siento decirte Anónimo, que hiciste tu comentario sobre otro artículo que no he escrito yo. Espero que el mío te haya gustado mas😉.

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