Momento del debate

Suele decirse que las mujeres tenemos mayor facilidad para expresarnos (evidentemente esto no es norma): nos gusta hablar, y solemos comenzar a hacerlo de pequeñas y con cierta soltura. No se trata aquí de generalizar, sino sencillamente de un hecho que sucede de manera habitual: las mujeres tienden a tener capacidad de comunicación buena, además de tener más trabajada la empatía. Repito, no es la norma y evidentemente hay mujeres incapaces de comunicarse bien y con ninguna capacidad de empatizar.

Ayer se vió en el debate de las mujeres en esta campaña electoral. Hablan claro, no suelen salirse de los temas (aunque a veces alguna encorsetada a su argumentario trataba de colarlas como fuera aunque no vinieran al caso) y por lo general, presentan de manera organizada sus argumentos.

Creo que, en términos generales, comparando el debate de los «machos» frente al de las mujeres, el de ayer se presentaba de una manera más estructurada en los discursos, se entendía muy bien lo que cada una expresaba y, evidentemente desde mi punto de vista (como mujer), me resulta más interesante. Supongo que también será la novedad, pues no es habitual ver a las mujeres hablar, tener un espacio en horario de máxima audiencia para que podamos verlas juntas, podamos escucharlas y comprobar cómo interactúan. Así que, de entrada, la idea de este debate me parece muy positiva y muy necesaria. Existen mujeres muy válidas en nuestra política (a parte dejo las preferencias), que han mostrado tener un nivel en muchos casos muy superior al de los hombres que, a la hora de la verdad, son los que han hecho el debate oficial. Vaya, como en la vida misma: mujeres trabajadoras, dedicadas a lo que defienden, perfectamente preparadas, que han de buscar espacios alternativos para presentar sus proyectos entrando al fondo, dejándose la piel. Me recordaba la imagen a lo que describía un libro interesantísimo sobre las mujeres ateneístas en la república. La vida cultural, social y política que promovían mujeres de distintas ideologías en los Ateneos desapareció con el franquismo y es algo de lo que poco o nada se habla.

Ninguna de ellas sabía con antelación las preguntas que se iban a realizar. Un buen punto para que el debate fuera fresco, dinámico y tendiera más a un intercambio entre ellas, a pesar de que algunas suelen estar demasiado encerradas en lo que ya traían de casa, sin mucho margen para salir de ahí, salvo para «pegarse» con las demás.

En términos generales, las candidatas eran solventes para representar a sus partidos. Salvo la del PSOE, que venía a defender cuestiones que parece que el propio PSOE no tiene muy claras. Por eso, Irene Montero ya le advirtió a «la Montero del PSOE» que tendría pendiente una batalla interna para defender lo que en el debate estaba planteando. Y no le faltaba razón, puesto que la postura de la socialista vino a presentarse más hacia la izquierda de la que presentó su candidato en el debate «oficial». Todas ellas eran la mejor imagen que podía presentar cada partido, en mi opinión. Irene (no voy a negar, como ya hice en el análisis del debate masculino, que Irene es mi preferida), demostró claridad en sus ideas, discurso rotundo, sin fisuras, educación, y una imagen progresista sin ser extrema.

Ana Pastor, representando al Partido Popular, fue una apuesta muy inteligente por parte de Casado, o de quien lo haya decidido. Muchísimo mejor que la radical de Cayetana, que no deja de hacer el ridículo por donde quiera que va. Para el Partido Popular, una mujer preparada, inteligente, mordaz y serena como es Pastor, mostró ayer la «mejor cara» de un Partido Popular que necesita reubicarse. Y lo hizo repartiendo sin piedad a Vox, defendiendo sin ambages a las mujeres. Vino a salvar los trastos de un Casado, que no lo hizo rematada mal el otro día, pero al que le faltaba contundencia y solvencia. Precisamente la que le aportó ayer Pastor. Entiendo que los votantes del PP se quedaran bien satisfechos anoche, porque además, y sobre todo, Ana supo marcarle las distancias a Rocío Monasterio. Y eso les alivia.

Arrimadas, en su linea. Aunque pretendía aparentar ser suave, comedida y dulce, le duró bien poco. No lo puede evitar. Su tono es el de la bronca continua, sus cartelitos. Una situación, la suya, para salvar los posibles restos del naufragio. Y a pesar de que no tiene recorrido en su discurso, más allá de la bronca y del reproche sin mucho fundamento, su imagen es bastante más positiva para su formación que la de Albert  (y eso que la imagen de Inés está realmente debilitada por tanto «pollo» como monta). No creo que Arrimadas gane votos a estas alturas, alguno seguirá perdiendo, pero desde luego estoy segura de que frena la sangría que provoca Albert cada vez que aparece.

Monasterio fue quien mejor papel hizo para beneficio de todas las demás: su actitud arrogante, ese gesto impávido, esa risa falsa congelada, ese tono extraño, como de mala de la película (que compartía con Arrimadas) sirvió para posicionar a todas las demás. Su papel, sin duda, era el de ocupar la extrema derecha, en una postura beligerante, un tono absolutamente duro, en contraposición al de Abascal, que fue el «suavecito» a pesar de las burradas que soltó.

Y esta vez, por fin, le pararon los pies al discurso de Vox. Las mujeres ayer lo hicieron. Tanto Montero, como Ana Pastor supieron plantarle cara a Monasterio y pararle los pies. Qué respiro. Incluso, la propia Pastor no tuvo problema en posicionarse respecto al fiasco que había montado Super Cayetana sobre el «si es si». Lo hizo con elegancia, sin necesidad de generar una bronca ni un cisma en su partido. Pero se puso en su sitio y a Cayetana también.

Más allá del contenido, de las propuestas, creo que en términos generales las mujeres ayer jugaron mucho mejor que los hombres. Cada una tenía que hacer su papel, respecto a la situación en la que les colocan las encuestas. Desde el PSOE, decidieron apostar por un discurso más progresista pero con un perfil medio, no optaron por mejores oradoras como podría haber sido Meritxell Batet. Supongo que por no poner mucho foco sobre Cataluña (que fue otro asunto que se trató por encima para tratar de evitar el «monotema» como en el debate masculino). Las demás formaciones sí apostaron por sus mujeres fuertes. Y sin duda así lo demostraron.

De la misma manera que el otro día concluí en mi reflexión que el debate masculino lo había perdido la democracia, al ver el de ayer, el no oficial, puedo constatar que precisamente en los planos alternativos encontramos mucha más luz, dinamismo, frescura y esperanza de la que nos dan los candidatos.

El debate de ayer puso en evidencia que no puede ser otra cuestión más que la mediocridad del sistema la razón por la que mujeres excelentes están siempre en un segundo plano.

Queda lejos, me temo, un debate en el que sencillamente podamos ver los mejores perfiles de las formaciones. Y a la vista está que ayer había mejores perfiles en algunos casos que los que vimos en el debate de hombres. No puede ser que todos los hombres sean nefastos y todas las mujeres maravillosas, no digo eso. Pero tampoco es comprensible que tengamos que hacer los debates como en las antiguas escuelas franquistas: las de niñas y las de niños. Y eso es, en definitiva, lo que hemos visto.

Por lo tanto, el debate me pareció interesante, positivo y del que se pueden hacer análisis que son esperanzadores. Ahora bien: el contexto, la realidad, nos indica que no estamos ni por asomo cerca de lograr la igualdad de oportunidades. La política española sigue anclada en el siglo pasado y a la vista está que no tiene motivos reales para hacerlo, puesto que existen mujeres muy válidas para ocupar los espacios que les corresponden.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

2 Comentarios

  1. Inés Arrimadas ayer en el debate: es indignante que el PNV, con un 1,3% de los votos, decida las infraestructuras de Almería… (!).
    Primero, creo que las prioridades del PNV no pasan por decidir las infraestructuras de Almería. Supongo que se conformaría con que el Tren de Alta Velocidad llegue algún día a Euskadi, que ya lleva varios años de retraso…
    Segundo, Inés Arrimadas quiere decidir las infraestructuras de Euskadi? Le recuerdo que su partido no tiene ninguna representación en Euskadi, ni en el Parlamento Vasco ni en el de Madrid. Le recuerdo que, en las anteriores elecciones generales, ni el PP, ni Ciudadanos ni Vox consiguieron ningún diputado, 0 patatero! Van a seguir hablando en nuestro nombre? Nos dicen claramente: el derecho a decidir no existe, pero estad tranquilos, nosotros decidiremos por vosotros. En fin…

  2. Eso estaba facilito.. cualquier mosca funciona, dentro de lo que escuetamente cabe, cognitivamente mejor que un mono, simplemente porque no esta tan frustrada como cualquier mono.. por cierta cosita muy secretita, que ningun mono comprenderia

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

cuatro × 5 =