Hoy es 29 de abril, y soy socialista. Ya se pueden imaginar mis compasivos lectores como está el patio. Sin embargo, y dejando aparte las emociones, me veo en la tesitura de escribir siete artículos diferentes a lo largo de dos meses, o uno solo en el día de hoy que de lo que toca hablar, es de esto. He optado por la segunda opción con los problemas de organización de ideas que ello conlleva y la dificultad de exponerlas sin liarme yo y complicar la vida de la audiencia. No obstante, os pido benevolencia en vuestro juicio ante la dificultad del empeño.

Primero, Pablo Casado. Es un gran muchacho. Cuando lo veo venir, pienso “¿de dónde vienes, Juan Simón?”. ¡Qué bien se ha ganado los treinta mil euros al mes que cobra de todos los españoles! (sí, su sueldo de diputado, las dietas inmorales que cobra por ser diputado por Ávila cuando vive en Madrid, y los dos cientos mil euros que le afloja el Partido Putrefacto bajo mano, y que son dinero público casi todo…). A pesar de eso, subir el salario mínimo a novecientos euros conllevará la ruina de España. O no… quién sabe.

Segundo, la corrupción. Creíamos que estaba amortizada, y, sin embargo, sin hablar de ella, ha estado presente en la campaña. El precio por la corrupción se paga en diferido (como las indemnizaciones del Partido Provocador). La gente se ha terminado de cansar de Villarejos, púnicas, espionajes, mordidas… y, sobre todo, de que aparezcan más y más líderes pringados “hasta las ansas” después de haber dicho ciento cincuenta veces que estaban limpios (último caso, Esperanza Aguirre, la reina de la charca y Hada Madrina del Príncipe de los Anfibios). La gente ha preferido a los retrógrados (pero aún hoy, honrados), de Vox, y a los insulsos desleales, traicioneros y sin principios de Ciudadanos, pero aún hoy, honrados.

Tercero, Pablocristo Superestar. Ha vuelto, y justo a tiempo. Ha conseguido frenar la caída libre de Podemos y salvar los muebles, esto hay que reconocerlo. Pero, a qué precio… Ha revivido los “tiempos de la protesta” a cambio de hacer “propuestas” poco o nada realistas que complican el futuro político de este país. Plantea cosas como “el derecho a decidir”, que no existe ni es aceptado por el noventa por ciento de la ciudadanía de España. Plantea reducir la jornada laboral a treinta y cuatro horas a la semana, al tiempo que se sube el salario mínimo a mil doscientos euros, se habilitan medios para la dependencia, se actualizan las pensiones conforme al IPC, se le suben los impuestos a todo el mundo, se acaba con los paraísos fiscales, se levanta “media España” en busca de tumbas, e implantamos el sustento mínimo vital y el derecho de vivienda para todo quisque (incluido el que no se la haya ganado…). Y todo esto en un país donde nos creíamos que sacar a Franco del Valle de los Caídos iba a ser fácil… Pero lo peor no es lo ridículamente inalcanzables que hoy día resultan sus propuestas “a cien años”. Lo peor es que no se puede discutir con Podemos: o claudicas y les das la razón, o dejan de respirar. Así de simple.

Cuarto, el ascenso de Vox. Vox (Violencia, Odio, y Xenofobia), ha obtenido unos resultados mucho peores de lo esperado por casi todo el mundo menos por unos pocos que lo veíamos venir. ¿Por qué?, porque sólo un cinco por ciento del electorado quería a Santiago Abascal como presidente del país. Los números no cuadraban. Las afluencias a sus mítines tenían que ver con la novedad, el famoseo, la curiosidad, y el ánimo por participar de un movimiento eufórico ascendente. Era como el subidón de una fiesta. Pero una cosa es eso, y otra muy distinta votar sus propuestas. Ha obtenido, no obstante, muchos votos de gente cabreada, pero cuando “se descabreen”, se verá la auténtica y exigua fuerza de la ultraderecha en España.

Quinto, Ciudadanos. Se ha convertido en un “tragalotodo” populista que, al no tener una ideología clara, se va a ver en la tesitura de hacer promesas a golpe de encuestas y demagogia, prometiendo lo que la gente quiere oír, tenga o no tenga sentido, sea o no sea conveniente para el país. A la ciudadanía hay que escucharla, pero también hay que liderarla. Por desgracia, algunas veces las personas somos algo inmaduras e irreflexivas, y al igual que a un niño que no siempre puede dársele lo que quiere y hay que guiarle por el camino recto, el país necesita ideologías claras, propuestas reconocibles a las que atenerse, y líderes fiables que mantengan su palabra y no apuñalen por la espalda con nocturnidad y alevosía mientras en un debate televisivo le están diciendo a la misma persona a la que están traicionando, que quieren gobernar con él para acabar con “el maligno” Sánchez. ¿Es Albert Rivera el líder que el centro derecha necesita? Tendrán que decidirlo ellos, pero yo pienso que el otro Albert, Alberto (Núñez Feijoo) es un millón de veces más líder que Albert. Después de todo, Rivera es solo un vividor sin más oficio que la política.

Sexto, el Psoe. Ha ganado, sí, ¿pero es consciente Pedro Sánchez del esfuerzo de disciplina que hemos hecho los y las militantes para votar unas listas elaboradas a golpe de amiguismo, intereses personales, y devolución de favores? Hay honrosas excepciones, pero en términos generales no están, ni los mejores, ni los que más se lo merecen, y, desde luego, no han sido votados por la militancia, sino que ha habido un lamentable y ridículo simulacro de participación “electiva” con el objetivo de hacer creer a una militancia indignada que estaba decidiendo algo. No hay un criterio reconocible de gobierno u oposición, sino un desorden ininteligible resultado de arbitrios personales. No es esto lo que la militancia esperaba cuando se votó a Pedro Sánchez como Secretario General, ni por extensión, cuando se votó a sus “representantes” en las distintas federaciones. Ojo con el cesarismo, porque la próxima vez pueden no ser diez y siete dimisiones, sino cuarenta y tres puñaladas.

Séptimo, el gobierno. No va a ser tan fácil como pudiera parecer. Pedro Sánchez quiere gobernar solo, y con apoyos puntuales, pero esto es imposible. La derecha siempre estará en contra, da igual lo que se le proponga, esto ya lo sabemos. El problema es Podemos. No los puedes tener en frente porque no son fiables. O les das todo lo que piden, o se levantan, y entonces los números no dan. Por ese motivo no hay más remedio que incorporarlos al gobierno y hacerlos partícipe de la toma de decisiones. A ver si así se moderan… La otra opción (hipotética) sería Ciudadanos. Es imposible, porque Ciudadanos no lo hará posible nunca.

Ellos han apostado por ser la fuerza hegemónica en la derecha, o lo que es lo mismo, por ser la alternativa liberal al Psoe socialdemócrata. No se puede gobernar con lo que se aspira a desbancar. Si lo hicieran se produciría una pasokización de Ciudadanos. O sea, que Pedro Sánchez tiene que gobernar con Podemos en un pacto de gobierno con apoyos puntuales de unos y de otros. O lo que es lo mismo, ya nos podemos ir olvidando de un “Pacto por la Educación”, un “Pacto por las Pensiones”, un “Pacto por el empleo”, o una “Reforma constitucional”. Esto es lo que España necesita, pero para lograrlo hace falta un consenso que no se va a conseguir. No le arriendo la ganancia al presidente. Ánimo Pedro.

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