Lynch recibió el año pasado un premio honorífico en el Festival de Sitges. Foto: Georges Biard.

David Lynch (Missoula, Montana , 1946) cumple hoy 75 años. El director recibió el año pasado un premio honorífico por su carrera en el Festival de Sitges. El talento y la obra del autor de Terciopelo azul (1986) es equiparable al de cualquiera de los maestros de las vanguardias del siglo XX. No tanto por descubrir algo nuevo -el surrealismo en el cine ya lo inventó Buñuel- sino porque su obra se caracteriza por una continua experimentación. Y lo que le ha hecho más grande es que todos sus experimentos le han salido bien: desde su obra más criticada, Dune (1984), que masacró con la tijera el productor Dino de Laurentis, a su obra maestra, absoluta, Carretera perdida (1997).

El toque Lynch

De David Lynch se ha escrito mucho y muy bien. Pero quien mejor lo ha comprendido ha sido otro de los genios del pasado siglo: el escritor estadounidense David Foster Wallace. Wallace acuñó el término Lynchiano para describir un tono que el director dominaba como nadie y que caracterizó su obra desde los inicios: el terror sumergido dentro de lo cotidiano. Hay una famosa escena en Terciopelo azul que funciona a la perfección como paradigma de su estilo: la cámara muestra un camión con bomberos saludando y velando por la seguridad del barrio, pero, de repente, la escena se desfigura cuando la cámara baja su mirada hasta el verde césped para acabar mostrando una oreja cortada y devorada por las hormigas. Eso es Lynchiano, eso es arte.

Un marciano

A Lynch lo catapultó a la fama el productor, director y actor Mel Brooks. Brooks le propuso a David Lynch dirigir El hombre elefante(1980) y el resto es historia. La película consiguió 8 candidaturas en los premios Óscar y un gran éxito de público. En esta película Lynch sintetizó su toque con los recursos más tradicionales del cine demostrando que se puede volver a los clásicos para crear algo nuevo. La definición más famosa que se ha hecho de Lynch es la que acuñó Mel Brooks que lo describió como un “James Stewart venido de Marte”. Y eso es Lynch. Un ser de otra galaxia adoptado y criado por la cultura Norteamericana. Un marciano que, quizá, utiliza la cámara para comunicarse con los extraterrestres.

Artista total

La obra de Lynch ha gozado del beneplácito del público y de la crítica. Aunque quizá su éxito de público se debe más a aspectos referenciales que artísticos. Lynch ha utilizado en su obra dos elementos contemporáneos visuales que mezclados resultan tremendamente adictivos: la música y la violencia. La gente suele salir de la proyección de una película de Lynch diciendo: “no me he enterado de nada, pero me ha encantado”. Según parece, David Lynch le daba indicaciones al guionista de Carretera perdida, Barry Gifford, para que quitase partes del guión y que la historia fuese menos comprensible. Y esa es la diferencia entre una obra de arte y una majadería. En las obras de arte el autor controla contenido y forma; el azar juega un pequeño papel. Mientras que las tomaduras de pelo son fruto del azar. Otro aspecto que hace que a Lynch se le pueda equiparar a un genio del arte, como pongamos Picasso, es que domina todo tipo de estilo narrativo. El naturalista: Una historia verdadera; el clásico: El hombre elefante o el surrealista: Mulholland Drive. Así que, la fecha de su nacimiento, un 20 de enero, está condenada a ser recordada en el futuro como la de cualquier otro genio del arte.

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