A menudo se puede leer o escuchar en alguna conferencia o presentación de un libro que <<los poetas son los guardianes de la lengua>>. Aparte de sonar un poco grandilocuente y sacrosanto, un servidor no está de acuerdo con ello. Tal vez, los poetas, intenten salvaguardar cierta riqueza de la lengua, pero los verdaderos guardianes son todos y cada uno de los hablantes: las personas en casa, en el bar, en el trabajo. Incluso con una relevancia superior a todo aquel lenguaje que orbita alrededor de la población infantil y juvenil: la escuela (tanto en el aula como en el patio), las series de TV, las letras de las canciones y de las películas. En estos lugares, la lengua no se guarda, se comparte, tal como realmente hace la poesía, aunque no tenga millones de lectores. Pero no solamente se comparte, a veces se degrada, se empobrece, se distorsiona, y esto afecta nuestro pensamiento, nuestra capacidad de crítica y autocrítica: pensamos con palabras.

La Teoría Sapir-Whorf, enmarcada en la corriente del “Relativismo Lingüístico”, sostenía una relación directa entre el lenguaje de una persona y su concepción del mundo, la manera de pensarlo. Su interpretación más rígida o determinista, ya ha sido desmentida por algunos experimentos empíricos sobre el lenguaje, sin negar, por ello, la veracidad de una cierta relación entre lenguaje y modo de pensar. Así, aceptando que el lenguaje (o idioma) de uno no determina su concepción del mundo, sí que hay cierta influencia en el modo de pensarlo. Hay aspectos del pensamiento que son universales al ser humano, piense uno en alemán o en árabe, pero hay algunas maneras de afrontar estos pensamientos que se relacionan con la estructura lingüística de cada cultura. Aunque, un servidor, iría un poco más allá y diría que se relacionan con la estructura lingüística de cada individuo (inmerso en una cultura o más de una), lo que no es exactamente lo mismo.

Dicho lo anterior, la traducción, por ejemplo, de un poema o de la letra de una canción, ¿nos gusta porque el traductor sabe adaptarla a nuestra lengua o porque contiene aspectos universales del lenguaje humano? En su artículo <<Toda cultura es potencialmente cualquier cultura>>, Paul Feyerabend acaba diciéndonos que, si su enunciado es cierto, <<las diferencias culturales pierden su condición de inefables y se convierten en “manifestaciones especiales y modificables de una naturaleza humana común”>>.

A los nacionalismos les interesa el concepto del relativismo lingüístico (la relación entre lenguaje y modo de pensamiento) en su versión determinista, porque, usualmente, las naciones se sustentan sobre una sola lengua o, si hay más de una, sobre la que suelen llamar “común”, que es una manera solapada de decir “dominante”. Estados como Suiza son una excepción, y más que Suiza deberíamos decir Confederación Helvética, como si alguien dijera Confederación Ibérica. Pero, retomando el hilo, suele suceder que los nacionalismos hacen un ejercicio reduccionista, y se quedan con la parte más determinista de esa teoría. Como ya he apuntado, este determinismo ha quedado desmentido, así que no me extenderé en ello.

La Teoría, en su versión más débil, sí que permite el debate, y hay bastantes experimentos que corroboran la relación entre lenguaje y modos de pensar (jamás léase “modos” con una categoría de valor, mejores o peores, sino simplemente diferentes). Normalmente, se refieren a la estructura gramatical y a la semántica, pero podríamos rizar el rizo y referirnos a la fonética. Aunque podemos ir todavía más allá e, incluso, relacionarlo con el sexo de las palabras, el género gramatical, y los atributos que les damos: en un estudio con participantes de diferentes lenguas madre, se les preguntó que calificasen con adjetivos algunos nombres. Se usó el inglés en todo el experimento, para ver si su manera de pensar estaba influida por el género gramatical de su lengua madre independientemente de la que utilizaban en el test. Así, los castellanohablantes, al calificar “los puentes” (masculino en castellano), decían “grandes”, “fuertes”, “robustos”, mientras que los alemanes, en cuya lengua “puente” es femenino, decían “bonitos”, “elegantes”, “frágiles” o “pacíficos”. Una llave, para los castellanohablantes, era “dorada”, “pequeña”, “brillante”, y para los germano hablantes (“llave” es masculino en alemán) eran “duras”, “pesadas”, “metálicas”. Visto así, tampoco parece tan fuera de lugar ir haciendo correcciones al lenguaje para evitar relaciones de pensamiento sexista, ¿no?

Cambiar el modo de hablar es difícil, y al principio puede parecer ridículo. Cuando un servidor era niño, utilizar algunas palabras correctas en catalán sonaba como una ridiculez impuesta. Decíamos, en Barcelona, “bucadillo” catalanizando el bocadillo castellano, y nos reíamos incómodos si teníamos que usar el correcto “entrepà”. Hoy en día, esto está más normalizado, pero sigue habiendo ciertos reparos de población barcelonesa, con un catalán muy contaminado de castellanismos, cuando oye las palabras correctas usadas por gente del interior. Supongo que, trasladándolo al castellano, podríamos encontrar ejemplos similares con palabras procedentes del inglés americano ocupando el lugar de vocablos ya existentes. No es lo mismo el enriquecimiento de una lengua gracias al contacto cultural externo que el empobrecimiento del vocabulario por cuestiones ajenas a la cultura. El vocabulario que rige nuestros pensamientos.

Toda esta perorata, no crean, tiene un profundo sentido en el Estado Nación en el que habitamos: España. Aunque, a veces, y permítanme la frivolidad, uno piensa si no hay un Estado Nación, España, que habita en la mente de algunos y pretenden que el resto nos adaptemos a él. Y sí, por supuesto que pienso lo mismo respecto a Cataluña: mi sesgo independentista no me evita del todo apreciar la realidad.

En el Estado Nación España hay una particularidad que se ha dejado de lado, por motivos históricos evidentes (40 años de dictadura fascista, por ejemplo), que es cómo congeniar el hecho que hay territorios donde conviven dos culturas ante una zona mayoritaria del país con solo una. Con la relevancia que una de las culturas de las zonas biculturales, siempre es la misma, la de la zona mayoritaria y monocultural. Quedémonos equiparando cultura y lengua, aunque en una lengua pueda haber variantes culturales o en una cultura variantes lingüísticas.

Cataluña tiene una lengua, el catalán, ligada a su cultura catalana. También, en Cataluña, hay otra lengua, el castellano, ligada a veces con la cultura catalana y, a veces, no. Que algo pensado, dicho, escrito en castellano pueda considerarse parte de la cultura catalana, es algo complejo y polémico (aunque no lo sea tanto entender que algo escrito en castellano en México sea cultura mexicana y no española o castellana), pero podríamos argumentarlo así: básicamente hay dos tipos de castellanohablantes en Cataluña; por un lado, aquellos (y que suelen ser todos bilingües) que usan el castellano con naturalidad, pudiendo pasar de este al catalán pero que, por las razones que sean, priman por una mayor expresividad propia el castellano. Estas personas, hoy en día, forman parte de la cultura catalana, y su visión del mundo estaría inserida dentro de las “manifestaciones especiales y modificables” de una cultura común o particular. Por otro lado, hay una parte de la sociedad en Cataluña que es solamente castellanohablante, que vive de espaldas a la lengua y cultura catalana y que no les interesa para nada (ya sea que a veces no les interesa la cultura en general, ya sea que otras no les interesa específicamente la catalana). Aquí sí podríamos hablar de personas de cultura castellana en Cataluña, evidentemente con los mismos derechos y obligaciones (una de las cuales sería entender, al menos, a alguien que se dirige a ellos en catalán, cosa que no se da siempre). Cuando un servidor era niño, estaba considerado de muy mala educación dirigirse a alguien en catalán si era castellanohablante. Tanto daba si este último llevaba viviendo cuarenta años en Cataluña o si había nacido aquí. Es un concepto extraño de la educación, puesto que las normas de educación suelen tener reciprocidad, ir en ambos sentidos, y ésta solo tenía una dirección. Pero esto todavía dura en gran parte de la sociedad catalana y, cuando alguno se la salta, ya no teme ser tachado de maleducado, sino señalado como supremacista. Una involución.

Un servidor no tiene ni idea de si una persona de Badajoz o de Huelva puede entenderlo, y no por su inteligencia, claro, sino por el marco mental que rige sobre su pensamiento. Hay mucho independentismo que se sustenta en que no hay nada que hacer, que desde la España monocultural jamás se entenderá la problemática de una cultura pequeña y frágil conviviendo con otra enorme que es la propietaria y monopolizadora de la potencia del Estado Nación, y que éste se comporta como si el castellano o cultura castellana, salvaguardada con la falsedad de “la común”, tiene el derecho a ser impuesta. El ejemplo más claro es la extensión de la lengua castellana denominándola como lengua española: la lengua propia del país España, viene a decir, es una. El independentismo de un servidor radica, en parte, en precisamente creer que todo lo anterior no es incomprensible para alguien de Cuenca o de Santander. Que si <<toda cultura es potencialmente cualquier cultura>>, en comprender al otro hay gran parte de voluntad y esfuerzo. Que se puede, pero no se quiere. Y comprensión no significa estar de acuerdo: no estoy diciendo aquí que con comprensión darían la razón a las opiniones expuestas, ni mucho menos. Más bien quiero decir que este país, el Estado Nación España, está en las manos de unos poderes mediáticos infames (una gran lacra y lastre), en manos de una élite a la cual le conviene perpetuar sine die este conflicto, y no solo como cosechadora de votos emocionales, sino también como una gran distracción: hay tantos, pero tantos temas que, sin ser tapados por la reivindicación catalana, quedarían a la vista, que toda esa clase política, económica y su monarquía, quedarían desnudos como lo que son (calificativo que me abstengo de escribir por temores de índole judicial. Así estamos).

Por último, me gustaría añadir una pequeña reflexión. En el independentismo se considera un hándicap no conseguir sobrepasar ese establecido porcentaje que oscila entre el 45 y el 48%. Un servidor, contrariamente, opina que es una bendición de las matemáticas. Puede parecer una afirmación contradictoria con mi independentismo, pero hay cosas más importantes. Es decir, ¿alguien se ha parado a pensar lo que hubiera sucedido si toda esta represión, como la policía española pegando con saña votantes el 1-O (una manifestación de desobediencia pacífica) o los presos (un gobierno casi entero, una presidenta del parlamento, dos activistas), el 155, las llamadas de la Casa Real a empresas catalanas, los políticos exiliados, etcétera, se hubiera producido con un 56 o 62% de catalanes independentistas? ¿Con la legitimidad democrática que eso supone? En el fondo, por frío que parezca, es una oportunidad que se nos da para encauzar un problema muy complejo y profundo. El PSOE, parece evidente que ha aceptado el marco mental de PP y Ciudadanos (donde VOX es tan solo unas pinceladas limpias y extremas de este marco de pensamiento), y no va a hacer nada. Presumiblemente, nadie va a hacer nada. Luego, si se da que de aquí tres años, o cinco, o diez, el independentismo suma el 56 o el 62%, entonces, ¿qué? ¿Van a mantener el discurso bélico de PP y Ciudadanos de que los independentistas (que, entonces, serán la mayoría de la sociedad catalana) son el “enemigo”? ¿Va, el PSOE, a mantener esta misma línea, pero blanda y maquiavélica, diciendo estar dispuesto a hablar de todo siempre que entre en la Constitución de 1978? El componente moral que la derecha (en España toda derecha es extrema) y la complicidad del PSOE le han dado a una reivindicación política, social y cultural, tachándola de “mala”, “golpista”, “perversa”, “supremacista” o lo que deseen, ha sido lanzar una piedra encima de nuestras cabezas. Los primeros guijarros ya cayeron sobre los agredidos el 1-O, y sobre Rajoy o Santamaría y los presos políticos (de diferente manera, porque solo unos tienen la élite del poder detrás), pero, tarde o temprano, la gran piedra caerá. Un servidor opina que es deber, en aras de esa cultura universal humana a la que se refieren todas las culturas a su manera, que también en España aquellos que pueden ser escuchados fuercen, al menos, cambiar la senda para que la piedra impacte a nuestro lado, y no sobre nuestras cabezas. La espada de Damocles amenazaba solo la cabeza del rey, pero esta gran piedra, roca enorme, caerá sobre todos excepto aquellos que viven a resguardo. Precisamente, el rey y las élites que lo sustentan.

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Estudiante durante 4 años de arte y diseño en la escuela Eina de Barcelona. De 1992 a 1997 reside seis meses al año en Estambul, el primero publicando artículos en el semanario El Poble Andorrà, y los siguientes trabajando en turismo. Título de grado superior de Comercialización Turística, ha viajado por más de 50 países. Una novela publicada en el año 2000: La Lluna sobre el Mekong (Columna). Actualmente co-propietario de Speakerteam, agencia de viajes y conferenciantes para empresas. Mantiene dos blogs: uno de artículos políticos sobre el procés https://unaoportunidad2017.blogspot.com y otro de poesía https://malditospolimeros.blogspot.com."

1 Comentario

  1. Todo eso es más falso que la inmaculada concepción. Yo me he criado con un lenguaje infinitamente machista, y ataco al machismo hasta en los silbidos que me salen. Hay quienes se han criado con un lenguaje homofóbico y nunca han sido homofóbicos. Sí, influye algo como puede influir también el clima, pero NO DETERMINA NADA, ¡nada!. El lenguaje es solo un instrumento de comunicación … ¡punto!; y el pensar es pensar mismo según la capacidad de pensar, estés ya en un zulo, en la montaña o en la playa; y se piensa lo que tú te permites pensar ante todo, en tu voluntad y en tus exigencias.
    Eso es ya tonterías que el lenguaje LO DIGA TODO EN TI, tú eres algo más que lenguaje, eres una prioridad de valores, eres un compromiso con la sociedad, eres un crítico con tantas idioteces y eres un elaborador de tu propio lenguaje (esto último te libera del lenguaje mismo). http://delsentidocritico.blogspot.com/

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