Emmanuel Macron ya ha anunciado que prevé que no habrá acuerdo unánime para firmar  el tradicional comunicado final de la cumbre del G7, que reúne a las siete democracias más ricas del mundo, y que este sábado comienza en Biarritz bajo la presidencia francesa. Ya fue muy difícil negociar un texto común en la última cumbre del G7 en Canadá en junio del año pasado, y el esfuerzo ni siquiera valió la pena, ya que poco después de abandonar la reunión, el presidente de los Estados Unidos retiró su firma de la declaración porque no le gustó lo que dijo el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, durante la conferencia de prensa final.

El ambiente en el que se celebra esta cumbre no es el mejor. Los temores de una fuerte desaceleración en la economía global están creciendo y los brotes de tensión internacional se están multiplicando, sin la posibilidad de superar al menos algunas de las divergencias que plantean la mayoría de los miembros del G7 a Donald Trump. El presidente de los Estados Unidos está total desacuerdo en dos temas clave hoy: el cambio climático y el comercio.

El viernes, el presidente francés informó a sus colegas que habría un tema más en la agenda: incendios amazónicos, llamándolos una «crisis internacional». El problema se ha vuelto inevitable, porque algunos de los países del G7, con Alemania a la cabeza, financian un fondo para la preservación del «pulmón» del planeta con una capacidad de captura de CO2 inigualable, que ahora está en riesgo. Aquí, la respuesta de Trump es impredecible. El presidente retiró a los Estados Unidos de los Acuerdos Climáticos de París y no tiene una sensibilidad particular al respecto.

La vuelta de Rusia

Rusia será otro punto controvertido. Como en la víspera de la cumbre canadiense, el presidente estadounidense abogó una vez más por el regreso de Rusia al grupo, que se convirtió en el G8 desde 1998 hasta 2014, después de que Bill Clinton lo invitó a alentar su enfoque hacia Occidente y el camino a la democracia. En 2014, los siete países fundadores decidieron suspender a la Rusia de Vladimir Putin indefinidamente después de una intervención militar en el este de Ucrania y la anexión de Crimea. Trump, a favor de que Rusia vuelva a formar parte de esta cumbre,  argumenta que «muchas de las cosas que discutimos tienen que ver con Rusia».

Macron invitó a su homólogo ruso a una reunión hace unos días en su residencia de vacaciones en Brégançon. Sin embargo, no había señales de que Putin tuviera la intención de revisar su posición sobre Ucrania.

El Eliseo ya ha comunicado que «es pertinente que algún día Rusia pueda regresar, pero el requisito previo indispensable es que se encuentre una solución, en diálogo con Ucrania, basada en los acuerdos de Minsk, para resolver el problema», dijo el propio presidente francés.

No obstante, este  miércoles, durante la visita del primer ministro británico, Boris Johnson, a la canciller alemana, Angela Merkel, para discutir el Brexit, ambos reiteraron que no había condiciones para el regreso de Rusia a la organización.

Alianza occidental

Con el surgimiento de China como candidato a gran potencia mundial y el revisionismo de Rusia en asuntos internacionales, el G7 parecía haber recuperado su función original: un foro de las grandes democracias del mundo para gestionar mejor los principales desafíos que enfrentan a escala global. Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, este clima de unión de intereses se vio nuevamente debilitado.

Irán

También el viernes, el presidente francés se reunió con el jefe diplomático iraní Javad Zarif para discutir posibles soluciones para salvar el acuerdo nuclear in extremis y reducir la tensión en el Golfo Pérsico. Trump decidió abandonar el acuerdo, imponiendo sanciones cada vez más duras a Irán y volviendo a una política de confrontación.

La idea de Macron es tratar de aliviar el control de las sanciones sobre la economía de Irán, a cambio de cumplir con los términos del acuerdo y ampliar su alcance al amplio programa de misiles que Teherán está desarrollando.

Con Merkel debilitada  y Alemania enfrentando una fuerte desaceleración en su economía, sumado a la renuncia del primer ministro italiano Giuseppe Conte y Boris Johnson casi estrenándose en la política  internacional, Emmanuel Macron juega con fuerza el papel de Francia.  «Francia tiene la responsabilidad de hacerlo, porque es vital para Europa», dijo antes de la cumbre de Biarritz, y señaló que Europa «corre el riesgo de marchitarse y perder su soberanía o, peor aún, transformarse». Admitió que Trump no comparte esta convicción, pero también recordó que esta es la cuarta visita del presidente estadounidense a Francia: no ha estado en ningún otro país tan a menudo.

Queda por ver en qué dirección irá el nuevo primer ministro británico, Boris Johnson, si escogerá posicionarse con Europa o con el presidente estadounidense.  Trump no oculta su simpatía por Boris Johnson y un Brexit radical.

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