Aduana de Colombia.

Las últimas noticias de Venezuela basculan, fundamentalmente, entre Caracas, el Distrito Federal de la República Bolivariana que inventó el fallecido presidente Chávez y Cúcuta, la urbe fronteriza de Colombia. Allí se hacinan, y pasaron, cientos de miles de exiliados políticos y económicos venezolanos huyendo del presidente Maduro.

Las otras fronteras venezolanas son difíciles de alcanzar por transporte público, pues apenas hay comunicaciones viales y aéreas desde capitales venezolanas. Nos referimos a la frontera brasileña, con Guyana e islas caribeñas más próximas (Antillas Holandesa y Trinidad & Tobago).

Cúcuta almacena, además, gran parte de la ayuda humanitaria que envía Estados Unidos y sus aliados latinoamericanos. Incontables entidades asistenciales tienen sede en Cúcuta para atender la riada de venezolanos cansados de privaciones de toda clase. La reciente historia era justo al revés: miles de inmigrantes se apiñaban en Cúcuta intentado entrar a Venezuela, cueste lo que cueste. Vale preguntarle a Cúcuta pues: ¿Quién te ha visto y quién te ve?

El petrodólar

Las inagotables reservas de combustibles fósiles y minerales de Venezuela generaron emigraciones al reclamo del dinero fácil y la rápida fortuna. El país sudamericano prosperó y erigió obra pública en los cincuenta de la pasada década. La ejecutó un dictador que acabó exiliado -y millonario- en Madrid. Marcos Pérez Jiménez fue un general promiscuo en muchos empeños, pero no lo olvidaron los venezolanos. Hasta Hugo Chávez, otro militar que repitió golpe de estado contra el corrupto bipartidismo COPEI-AD, le invitó a su primera toma de posesión.

Vista aérea de Cúcuta.

La provisionalidad es marca unida a la política venezolana. Va de la mano de la corrupción y pautas que retrató Valle-Inclán en ‘Tirano Banderas’ o ‘La Fiesta del Chivo’ de Vargas Llosa. El precio del petróleo es el norte de lo que sucede en el país hermano. Si sube va todo perfecto. Si baja, hay que buscar culpables. Los petrodólares del Golfo Pérsico, Rusia e Irán rentan más pues se invierten con más sentido de la realidad.

El ‘oro negro’ de Venezuela se tiene reservas inacabables en el lago de Maracaibo, cuyas fronteras alcanzan también al lado colombiano del mismo. El histórico ‘diferendo’ colombo-venezolano por líneas fronterizas precisamente en zonas pobladas ribereñas del lago y la Guajira colombiana pervive a presidentes y partidos de dos países cuyos enfrentamientos han derramado mucha sangre y eternas disputas que llegaron hasta el siglo XXI.

El camino inverso que vemos de venezolanos hacia Colombia lo hacían colombianos con destino a la Venezuela próspera huyendo de los desmanes del narco y la guerrilla

Aquellos años

Cúcuta pasó a ser, desde la década de los setenta y ochenta del pasado siglo, un municipio fronterizo que apenas superaba los 100.000 habitantes a multiplicarse en todos sus números. Se calcula que ahora viven allí más de un millón de personas repartiéndose pobreza, necesidad y prosperidad sobre el drama de quien se encuentra lejos del hogar.

La Cúcuta que conoció quien suscribe en 1980 como mero trámite para regresar a Caracas como residente es muy distinta a la del siglo XXI. Según crónicas y testimonios se incrementaron los peores negocios imaginables sobre la angustia del expatriado venezolano y quienes hacen negocio de la miseria o de la frontera en sí. Algo parecido ocurre en Tijuana o Ceuta y Melilla con inmigrantes ilegales. Pero esa condición no les deslegitima para ver el futuro con mejores pronósticos del presente que conocen en el país que les vio nacer.

Esa Cúcuta de los ochenta estaba repleta de buscavidas, ladronzuelos, gentes de bien, prostitución y aprovechados de quien urge pasar la frontera por las razones que sean. El camino inverso que vemos, desde hace pocos años, de venezolanos hacia Colombia lo hacían colombianos con destino a la Venezuela próspera huyendo de los desmanes del narco, la guerrilla y la pobreza que fabricaron -sin desmayo- corrupción y desigualdad social.

Ayuda humanitaria a Venezuela.

Incertidumbres

Viendo cómo palpita la bicefalia presidencial venezolana entre Guaidó y Maduro, cómo se las gasta el implacable chavismo y cuándo se romperá el armario del presidente Trump para con su díscolo proveedor y competidor petrolero, Cúcuta seguirá siendo noticia mal que le pese. Está llena de miradas perdidas y de un futuro.

La corrupción instrumental que aprovecha picos de exiliados entre colombianos será pareja a la que venezolanos en Colombia cuando pedían soborno para ingresar a un país que ya nadie se acuerda fue próspero. Esa Venezuela del petrodólar no volverá gracias a muchos vaivenes: de la política, de la incompetencia o de los intereses creados en un mundo global donde las multinacionales tienen más peso en la orquesta mundial que los gobiernos democráticos.

Venezuela es muy importante en el planeta gracias, repetimos, a sus reservas estratégicas. Rusia, Turquía y China son rotundas apoyando a Maduro. Por ello Caracas seguirá ahí en la palestra con periodistas censurados, espías, exiliados y millones de divisas perdidos. Cúcuta es la recámara ahora de Venezuela. Y nos tememos que permanecerá en tal empeño. Espera –esa ciudad cuyo nombre original fue San José- ayudar a su país, Colombia, y a la propia Venezuela para que refugie con dignidad al exilio venezolano.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

4 × 1 =