Sólo Rivera dejó su atril sin recoger, atiborrado de papeles, gráficas y fotos enmarcadas.

¿Ganará también el segundo debate el fantasma ausente? La pregunta lleva implícita la afirmación, tan contundente como una penitencia. A partir de ahí, vayamos por partes, como diría el carnicero, porque no siempre la pieza más preciada y sabrosa es la más fácil de trocear para degustar mejor a mesa y mantel.

Las únicas mujeres que se vieron en toda la noche se afanaban, como manda la costumbre patriarcal, en el trabajo sucio para que todo quede limpio

Todos en su sitio: tres en raya perfectamente peinados y enchaquetados con corbatas impecables sin motivos distorsionantes para la televisión, un verso suelto librito constitucional en mano con camisa una talla más grande y remangada, un moderador con cara de bonachón y afán de agradar a todos, los cronómetros perfectamente engrasados…

Y mientras ellos –masculino plural– se situaban en sus atriles de salida, las únicas mujeres que se vieron en toda la noche se afanaban, como manda la costumbre patriarcal, en el trabajo sucio para que todo quede limpio: sacando brillo reluciente al impoluto suelo, limpiando hasta la última mota de polvo de la vestimenta de los candidatos, parcheando los últimos rastros de sudor del rostro de los hombres destinados a comandar la nave en los próximos años…

Para redondear una noche de difícil digestión, tras el espectáculo mediático de los políticos, el espectáculo de los medios con periodistas dando el espectáculo en sesudas mesas de tertulia periodística. Lo dicho, todo en su sitio, todos en sus sitios. Menos el fantasma ausente, que cabalgó toda la noche por el plató del mítico Estudio 1 de RTVE sin que se notara su presencia pero con un ruido atronador en el oído de todos los telespectadores.

Un hombre que quiere ser presidente de este país no puede ser el mismo que quiere hacernos oír el silencio mientras se hace el dormido para no cambiar los pañales de su bebé o que deje sin recoger el atiborrado atril

Que si Pablo Casado estuvo por debajo de su desbordante tono faltón, insultante y agresivo habitual, que si el broncíneo Albert Rivera estuvo como siempre, pasado de rosca, inquieto, mitinero y cartelero hasta el hartazgo, que si el presidente hizo de presidente y no quiso bajarse al barro para no perder la pose, que si Pablo Iglesias se abrazó más que nunca a una vetusta versión de la Constitución del 78, para asombro de muchos y sonrojo de no pocos… Y mientras, allí estaba también el fantasma ausente pero omnipresente. Precisamente en el mismo momento en que los cuatro candidatos se partían el cobre para atraer el voto de los españoles, él consiguió colarse como si tal cosa con un ocurrente tuit requetepensando con antelación de cuatro papagayos idénticos bajo el envite “Encuentra las diferencias”.

Sí, seguramente los ciudadanos han encontrado las diferencias, no solo entre los cuatro líderes presentes sobre el plató de Televisión Española sino también las que existen entre ellos y el jinete reconquistador, o entre el jinete reconquistador y los dos que están dispuesto a que ejerza de manijero del destino de este país los próximos años.

Jamás unos 18 segundos no aprovechados por un político en un minuto de oro sonaron más atronadores. Ése sí que es un silencio que retumba en nuestros oídos

Pero la gran conclusión de las muchas que se pueden extraer de este primer debate televisivo de los candidatos es que un hombre que quiere ser presidente de este país para mejorar la vida de todos sus ciudadanos no puede ser el mismo que quiere hacernos oír el silencio y al mismo tiempo se haga el dormido para no cambiar los pañales de su bebé o que deje sin recoger el atiborrado atril donde ha intervenido, repleto de papeles, gráficas y marcos con fotos entrañables, a sabiendas de que vendrá tras él una empleada de la limpieza a recogerlo. No, ese no puede ser el presidente de todos los españoles. Porque, entonces, la siguiente pregunta sí que daría aún más miedo: ¿cómo lo haría aquel que quiere que todos nos defendamos pistola en mano de amenazas fantasma mientras levanta muros, cierra medios de comunicación y nos hace comulgar con ruedas de molino a lomos de un corcel en una reconquista no se sabe de qué ni por qué? La pregunta está en el aire. ¿La oyen?

Por todo ello, jamás unos 18 segundos no aprovechados por un político en un minuto de oro sonaron más atronadores. Ése sí que es un silencio que retumba en nuestros oídos.

Dos mujeres dan los últimos repasos al reluciente plató y una maquilladora camufla el sudor de los candidatos.

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