A finales del mes de agosto, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advertía que la temporada de huracanes en el Atlántico Norte podría ser una de las más activas en años. Este aviso, no fue muy destacado en muchos medios de comunicación, porque no nos encontramos en una zona de huracanes. Pero la atención de los ciudadanos, comenzó a incrementarse con las primeras imágenes de lluvias torrenciales en Houston, provocadas por el huracán Harvey. 

Y sobre todo, a partir del desgraciadamente famoso huracán Irma, y su devastador poder de destrucción. De pronto, el cambio climático ha vuelto a todos los informativos y a la preocupación de todos los ciudadanos del planeta. Unos porque lo están sufriendo; y otros, porque observan con asombro e incredulidad como, en escasas semanas y en distintos continentes, se están produciendo catástrofes naturales de gran envergadura y poder de destrucción.

El pasado viernes, en Florida, se daba la orden de evacuar de manera inmediata a 5,6 millones de personas ante la llegada del huracán Irma. Un huracán, con un potencial destructor mucho mayor que Andrew, que en el año 1992, acabó con la vida de 65 personas, destrozó 65.000 casas y tuvo un coste de 26.500 millones de dólares.

Este hecho extraordinario, que visualiza la amenaza a la que se está haciendo frente, me ha permitido recordar el documental sobre el cambio climático, producido y protagonizado por Leonardo DiCaprio, Before the flood, donde se veían los dramáticos efectos que está provocando el cambio climático en nuestro planeta.

Y también, recordar, como la industria de los combustibles fósiles financia con cantidades ingentes de dinero a determinados políticos negacionistas del cambio climático, entre los que se encuentra el actual Presidente de los Estados Unidos. Un Presiente Trump, que retira a Estados Unidos del Acuerdo de París contra el Cambio Climático, y ahora, ante la catástrofe que se avecina, solo acierta a decir que el tifón será de “proporciones épicas”. Al igual, que el director nacional de emergencias de Estados Unidos, Brock Long, cuando afirma que “va a devastar Estados Unidos”.

La cuestión que es preciso plantearse, cuando va a haber tres huracanes activos a la vez (Irma, Katia y José) y aumentan los desastres naturales por todo el planeta, es saber si vamos a hacer algo para evitarlo. O simplemente, intentaremos prepararnos cuando llegue la próxima catástrofe natural, que cada vez será más frecuente y destructiva.

¿Somos conscientes de cuánto tiempo nos queda para que el cambio climático y sus consecuencias sean irreversibles? ¿Estamos dispuestos a hacer todo lo posible para evitarlo? Estas son las preguntas que tenemos que respondernos, mientras se ponen a disposición de los países afectados todos los medios posibles para ayudar a la gente.

Según las Naciones Unidas:

  • Entre 1880 y 2012, la temperatura media mundial aumentó 0,85 grados centígrados. Y cada grado que aumenta la temperatura, la producción de cereales se reduce un 5 por ciento aproximadamente. 
  • Entre 1901 y 2010, el nivel medio del mar aumentó 19 cm, debido al calentamiento global y al deshielo. Y la previsión es que la elevación media del nivel del mar sea de entre 24 y 30 cm para 2065, y entre 40 y 63 cm para 2100. 
  • La extensión del hielo marino del Ártico se ha reducido en los últimos decenios desde 1979, con una pérdida de hielo de 1,07 millones de km2 cada decenio.
  • Las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) han aumentado casi un 50 por ciento desde 1990.
  • Entre 2000 y 2010 se produjo un incremento de las emisiones mayor que en las tres décadas anteriores.

¿Cuánto tiempo nos queda? No mucho. Y desgraciadamente para muchas personas, que han sido víctimas de estas catástrofes, ya se ha acabado.

 

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