Argentina vivió la última semana, algunos de los días más complejos, en términos económicos, de los últimos años, cuando en una brutal corrida cambiaria los grandes capitalistas buscaron refugio en el dólar en desmedro del peso, provocando la devaluación de la moneda local y la salida del Banco Central (BCRA), como si fuera un servicio de emergencias médicas, inyectando dólares al mercado con el objetivo de satisfacer la demanda y contener el movimiento especulativo. Simultáneamente, se elevaron dos veces en el transcurso de la semana, las tasas, con el objeto de volcar dinero en el sistema bancario en lugar del bursátil.

Si bien fue una semana ‘corta’, no hay dudas que fue de las más largas del Gobierno Macri, puesto que se pusieron a prueba sus ideas económicas y la fortaleza para llevarlas adelante, y así lo dejaron claro los Ministros Caputo y Dujovne en conferencia de prensa quienes afirmaron que ‘el movimiento del dólar no nos agarró desprevenidos’ y ‘el banco Central tiene todo nuestro apoyo’, respectivamente, ratificando el rumbo económico, con algunas correcciones, y tendiendo cierto manto de sospecha sobre la independencia del BCRA, tan cara a su ideario.

Fue un cimbronazo que no averió el barco pero que hizo recordar que la travesía aún es en aguas turbulentas, pese a que desde el gobierno se pretenda minimizar y desde ciertos sectores de la oposición maximizar.

Pareciera que el aniversario del nacimiento de Karl Marx trajo un reverdecer de cierto ideario de sus seguidores y hay quienes quieren apelar a aquella frase que se atribuye a Lev Davídovich Bronstein (Trotsky) aunque en realidad pertenece a Nikolái Gavrílovich Chernyshevski, que cronológicamente es mucho anterior, o como dijera mucho más cercano en el tiempo, el filósofo compostelano Mariano Rajoy Brey, ‘Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos mejor. Mejor para mí el suyo beneficio político’.

Pero lamentablemente para los argentinos, respecto a Trotsky, la oposición no pasó de leer algunas frases para utilizar alguna cita llegado el caso, y las ideas que aplican con más fuerzas son las del político ibérico, puesto que lo que buscan es el desmadre de la situación para beneficio propio.

En una jugada propia de la ruleta rusa juegan con el destino y el futuro de los argentinos apelando a la transformación de las turbulencias actuales en una verdadera tormenta de proporciones para erigirse como los salvadores de la Patria. Como en 1989, como en 2001, en donde exacerbaron las condiciones subjetivas, pretendiéndolas presentar como condiciones objetivas, para poder sacar provecho y hacerse con el poder, sin importarles lo que se rompía ni quienes quedaban al costado del camino para hacerse con él.

Esta pretendida salida ‘por izquierda’, que es sólo retórica, se enfrenta a la salida ortodoxa, encarnada por quien fuera funcionario del gabinete económico de la dictadura militar en la década del 80, ministro de Economía durante el gobierno peronista en la década posterior, y diez años después ministro de Economía de la alianza que desplazó al peronismo del gobierno, Domingo Cavallo.

Una vez más, entonces, la Argentina se somete al péndulo dicotómico que guía su historia, en donde pretenden ‘vendernos’ que no hay alternativas entre ajuste ortodoxo y populismo. Sin embargo el gobierno busca otro camino, y aunque su apoyo popular está en mínimos históricos, esto no implica que hayan crecido otras opciones, por lo que tiene crédito aún. El 2018 no es año electoral y gran parte de las opciones de las elecciones presidenciales del año próximo se juegan por estos días.

El gobierno decidió tomar fuerte el timón y enfrentar la tormenta. Y somos muchos los que aún con diferencias, algunas grandes, compartimos que la salida es acompañar al capitán con ideas y propuestas, y no pretender que el barco se vaya a pique.

No tenía razón Chernyshevski, no en este contexto, ya que el ‘peor’ del gobierno no es ‘mejor’ para nadie más que los que buscan el rédito personal, para los argentinos de bien, cuanto peor… peor.

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