Mark Zuckerberg, CEO del gigante tecnológico Facebook.

Eso de confiar en el vídeo de una declaración se acabó, porque cualquier día podemos vernos nosotros mismos ante una pantalla en la que proclamamos algo que jamás hemos dicho. Y somos nosotros, nuestra imagen y nuestra voz. No hay margen de error, aunque sí de truco: es el deep fake.

“Este tipo de vídeos podría sembrar el caos en las redes sociales, que se han demostrado canales fundamentales para llegar a buena parte del electorado”

Se trata de un algoritmo capaz de manipular vídeos sincronizando sonidos con movimientos faciales. Se centra en los labios, pero también ajusta detalles referente a los ojos, la respiración o el arqueado de las cejas. Para gastar una broma puede ser el recurso idóneo, el problema es cuando se recurre a él para manipular una información o poner en evidencia a un personaje público. Como ha ocurrido con Mark Zuckerberg.

“Imagina esto por un segundo: un hombre, con un control total de datos robados de miles de millones de personas. Todos sus secretos, sus vidas, sus futuros”. Así arranca el vídeo que ha aparecido en Instagram, supuestamente protagonizado por el fundador de Facebook -y propietario de Instagram-, Mark Zuckerberg, y que no es más que una creación a través de inteligencia artificial.

Pese a que en el citado vídeo el empresario aparece criticando su propio imperio, Zuckerberg ha decidido mantenerlo en Instagram, sin intención por el momento de censurarlo. Tal vez para no remover más el asunto de la privacidad que tantos quebraderos de cabeza le viene ocasionando en los últimos meses.

La autoría de la pieza apunta a una startup israelí, Canny AI, y a los artistas Bill Posters y Daniel Howe, supuestamente con objeto de un proyecto artístico que pudo verse en el pasado festival de cine documental británico Sheffield Doc/Fest.

El de Zuckerberg fue uno más de los vídeos que presentaron, elaborados bajo los parámetros del deep fake, acompañado de otras piezas protagonizadas por el presidente de EE UU, Donald Trump, el actor Morgan Freeman, o la artista serbia Marina Abramovic.

“Trataremos este contenido de la misma manera que tratamos toda la desinformación en Instagram. Si los usuarios lo marcan como falso, lo filtraremos a través de las plataformas de recomendación de Instagram como Explore o de las páginas de etiquetas”, ha explicado, tajante, un portavoz de la plataforma, subrayando que, por el momento, no tienen intención de eliminarlo.

Sin embargo, en Washington no se quedan tan tranquilos. En un año afrontan nuevas elecciones presidenciales, y este tipo de vídeos podrían sembrar el caos en las redes sociales, que se han demostrado canales fundamentales para llegar a buena parte del electorado. Por ello, de forma más tibia unos, más rotunda otros, empiezan a escucharse voces pidiendo un control férreo -léase censura- de las producciones deep fake que puedan poner en boca de personajes poderosos palabras que nunca han dicho realmente. Aunque quizás sí las hayan pensado alguna que otra vez.

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