Hace unos años, no muchos, aunque estemos en la era de la inmediatez, cuando vivíamos una campaña electoral como la que tenemos en Madrid en estos días, las discusiones entre candidatos giraban normalmente entorno al modelo de gestión que defendía cada uno. Había pocos partidos, o tantos como ahora si contamos todos los grupos que se presentaban, pero principalmente todos nos fijábamos en dos, PP y PSOE. Eran los más importantes, existía lo que se hacia llamar bipartidismo.

Lo que cada partido proponía era lo que nos importaba a los votantes, los impuestos, lo que se pretendía hacer con ellos, que partido iba a construir más hospitales, kilómetros de metro o de carreteras, parques y zonas verdes. Si la gestión de los servicios seria pública o privada, que modelo era mejor para el bolsillo de los ciudadanos, y así un sinfín de propuestas dirigidas a conseguir el voto. Muy pocos se leían un programa electoral, tenían millones de propuestas e incluso me atrevo a apostar, que coincidían en un gran número de cosas, pero normalmente un votante se quedaba con las que mas le llegaban o le afectaban.

El bipartidismo terminó años después tras una gran crisis económica, como históricamente sucede cuando la economía va mal, el tablero político se rompió. Surgieron principalmente dos actores, Podemos y Ciudadanos primero, y pocos años después irrumpió Vox.

En este momento nuestros representantes decidieron que las propuestas que contenían esos extensos programas electorales ya no tenían sentido, ahora lo importante era la camiseta, el escudo de tu equipo y lamentablemente los votantes hemos comprado esa nueva propuesta. Mientras hace años ibas a un mitin político a escuchar que te podían aportar, ahora vas a hacerte fotos con el político del partido que te gusta, sigues sin conocer exactamente que hará si gobierna y en que te afecta a ti lo que haga, pero es el tuyo, el que va en contra del equipo rival. Si te dicen que si gobierna tal persona esto se convertirá en Venezuela, tu lo compras, porque no sabes que vives en un país democrático, en el que afortunadamente no se puede hacer lo que quieras salvo por la fuerza, y eso ya tiene otro nombre.

En otro equipo te cuentan que si quieres ser libre les votes a ellos, es curioso hablar de tener libertad después de que les votes, ¿qué llevamos 40 años votando?

Por otro lado, te encuentras quién pide el voto de manera seria, porque eres una persona seria. No lo dudaba, permítanme decir; Has cumplido educadamente y en silencio dos años en la Asamblea Madrid, ya quedó claro este aspecto.

Tenemos al que pone el pie en ambos lados según venga el viento, cierto es, que es la mejor manera de que no te tumbe, sobre todo si pones las piernas bien abiertas.

Dejo a un lado a quien se pone en los carteles de propaganda electoral sin presentarse a estas elecciones, y al que salta cual comando de rescate desde el parlamento, que lo reflexionen sus seguidores, igual ellos le ven algún sentido.

En realidad, todos deberíamos reflexionar sobre estos temas. Decimos que todos son iguales, pero votamos al nuestro. No exigimos explicaciones si no cumplen lo que prometen, cuando lo prometen, ni les exigimos que nos den unos planteamientos, los cuales serán los que nos afecten en nuestras vidas. Puedo entender no entender, valga la redundancia, que a nivel estatal nos perdamos, pero a nivel autonómico o local no. Es nuestra vida diaria, son las pequeñas y grandes cosas las que nos afectan a nosotros, a nuestras familias y a nuestros amigos. Pidamos que se nos respete hablándonos como lo que somos, personas adultas. Sobre lo que realmente ellos pueden hacer por nosotros dentro de sus competencias. No nos perdamos en sus discusiones estériles, eso no mejorará nuestras vidas.

Reflexionemos, seamos exigentes con nuestros políticos y dejémonos de equipos y de colores. Son ellos los que tienen que estar en nuestro equipo, no nosotros en el suyo. Ellos son los que deben pedir el carné de socio de nuestro club.

Roberto Jiménez Gómez.

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