Hasta hace unos años, el concepto “se ríen de mí en el colegio”, o “se meten conmigo en el colegio”, era algo que se escuchaba habitualmente, que estaba normalizado, asumiendo que formaba parte de la vida escolar de los alumnos. Actualmente hablamos de BULLYING, palabra que no aparece en la RAE, pero cuyo significado está muy claro. El bullying es el acoso escolar, el maltrato que unos alumnos pueden infligir sobre algunos de sus compañeros, tanto a nivel físico como a nivel psicológico. En este aspecto, se está avanzando cada vez más, las administraciones están empezando a buscar estrategias para penalizarlo, y los colegios utilizan cada vez más técnicas para detectarlo y gestionarlo.

Pero hay un bullying del que prácticamente no se habla. ¿Qué pasa cuando son los padres de alumnos los que estigmatizan a un niño o niña, y provocan de esta forma un vacío o un perjuicio sobre su persona? Este tipo de acoso se da, sobre todo, en edades tempranas, en cursos escolares donde las decisiones de los niños están directamente vinculadas a sus padres, o simplemente cuando los niños aún no tienen edad de tomar iniciativas propias (educación infantil y primaria en su mayoría).

Actualmente vivimos en una sociedad donde, por un lado, las familias tienen mucho más en cuenta que la vida escolar de sus hijos va más allá del propio aprendizaje académico, cosa que es muy positiva, pero a veces se tiende a la exageración. Nos encontramos con perfiles de padres y madres que sobreprotegen a sus hijos, que quieren tener controlado todo aquello que ocurre dentro y fuera de las aulas y que, en muchos casos, ponen en duda a profesores y alumnos hasta el punto de no asumir las propias responsabilidades. Y es aquí, en este punto, donde pueden surgir actitudes que pueden resultar disruptivas a la hora de que los centros puedan llevar a cabo libremente sus funciones, e incluso pueden afectar directamente sobre otros alumnos y/o sus padres.

Los motivos para que una familia estigmatice a un niño/a, pueden ser varios. Algunos de los más habituales serían:

  • Conflictos entre padres; en ocasiones las familias tienen relación fuera de lo que es el ambiente escolar. Esto, en algunos casos, puede llevar a conflictos, y dichos conflictos pueden repercutir directamente en la convivencia de los niños.
  • Niños en situaciones familiares complicadas; a nivel psicológico, el hecho de que un niño esté pasando por situaciones de convivencia familiar difíciles, puede repercutir en su comportamiento y actitudes durante la jornada escolar. Esto puede llevar a problemas de convivencia con sus compañeros, y que estos emitan sus quejas en casa. En estos casos, si no hay empatía por parte de los padres de los niños afectados y, en lugar de informarse al respecto, creen que la visión infantil de sus hijos es objetiva, pueden caer en la estigmatización del niño o niña que tiene la problemática con su hijo/a.
  • De la misma forma que en el caso anterior, cuando un alumno tiene algún problema de salud, o algún tipo de necesidad especial debido a algún trastorno, puede repercutir en la convivencia de los escolares, cayendo de nuevo en el peligro de la estigmatización.
  • La identidad sexual o de género también son factores que pueden llevar a la estigmatización de los niños/as.
  • Xenofobia, racismo, religión o política son factores muy habituales en el bullying, que pueden provocar malestar entre padres con distintas ideologías o de distintas razas o etnias. Todo ello puede repercutir directamente en la convivencia entre los niños, o incluso provocar el ataque a algún alumno que salga de la media en alguno de estos aspectos.

¿Qué sucede cuando unos padres estigmatizan a un niño/a? La respuesta parece ser bastante evidente. A pesar de que los colegios tengan estrategias para lograr una buena convivencia de los alumnos en el entorno escolar, EL APOYO EN CASA ES FUNDAMENTAL, ya que los niños de edades tempranas, suelen ser el fiel reflejo de lo que viven en sus hogares, y si el mensaje que reciben es negativo o carente de valores, es muy difícil (o incluso imposible) que el trabajo del colegio dé sus frutos.

¿Por qué hay padres que no se dan cuenta de que “esos/as niños/as” de los que se quejan son exactamente igual de “niños/as” que los suyos? A veces, la sobreprotección lleva al extremo de que una persona no se percate de que los niños a los que está juzgando, son niños exactamente iguales a los suyos; son niños con sentimientos, niños que, debido a su corta edad, muchas veces no saben gestionar sus propias emociones, son niños que tienen ilusiones, y que por las noches también pueden sufrir pesadillas, tener miedos, llorar, etc.

SON NIÑOS, SON NIÑAS, SON SERES EXTREMADAMENTE VULNERABLES. Es fundamental que haya EMPATÍA con la infancia, es fundamental darse cuenta de que hay niños que pueden estar sufriendo las devastadoras consecuencias de vivir en un núcleo familiar inestable. Es importante asumir que hay niños que pueden estar sufriendo maltrato, violencia, abusos, separaciones traumáticas, etc. O que, por el contrario, quizás gocen de familias sanas y equilibradas pero que, por circunstancias de salud propias o externas, también puedan estar sufriendo (fallecimientos, enfermedades graves, depresión de un progenitor, etc).

Hay múltiples motivos que pueden afectar negativamente sobre el estado de ánimo de los infantes, en su día a día, en su bienestar. Algunos de estos motivos se pueden controlar, otros no. Todo ello puede provocar trastornos en la conducta de los pequeños, problemas de convivencia, conflictos, en casos extremos incluso puede derivar en episodios de violencia.

En la etapa infantil, los alumnos no tienen la capacidad de gestionar, entender y solucionar las cosas de la misma forma que haría un adulto. Son niños que cuando duermen quizás todavía se chupan el dedo, o se mojan en la cama debido a su corta edad. Son niños de pocos años que están más cerca de su etapa de bebé, que de su mayoría de edad. En muchos casos son niños que sufren, niños que necesitan apoyos especiales, y que en el momento que alguien se dedica a estigmatizarlos, a juzgarlos, a opinar sobre su persona en forma de ataque, está dificultando todavía más su vida, su día a día, su CORRECTO DESARROLLO.

En este artículo se podrían enumerar muchas de las consecuencias psicológicas que un niño/a, como antes se les denominaba, MARGINADO/A, puede sufrir; baja autoestima, depresión, ansiedad, etc. Hay extremos en los que incluso se llega al suicidio. Por todo ello, es fundamental tomar conciencia de que, cuando un niño es “diferente” al resto, SIEMPRE es por algún motivo, más en el caso de edades comprendidas entre párvulos y primaria.

Actuar frente a una o varias familias que hacen el vacío a algún alumno, es complicado, pero es responsabilidad del entorno del niño; profesorado, psicólogos, y en muchos casos, los propios padres de compañeros que, en lugar de entrar en el “juego” de la marginación, lo frenan. Los padres lo pueden generar, y muchas veces, los propios padres lo pueden frenar.

No se puede permitir el BULLYING, JAMÁS, provenga de donde provenga; padres, profesores (el “me tienen manía”), o alumnos.

NO SE PUEDE OLVIDAR NUNCA QUE LA INFANCIA ES EL FIEL REFLEJO DE LOS ADULTOS QUE LA RODEAN, PARA BIEN, Y PARA MAL. NO AL BULLYING, NO A LA MARGINACIÓN. SÍ A LA EMPATÍA, SÍ AL APOYO, SÍ AL ENTENDIMIENTO. LOS NIÑOS MERECEN VIVIR UNA INFANCIA LO MÁS FELIZ POSIBLE.

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