Desde el 22 de mayo de 2017, cuando me comunicaron que me habían abierto un expediente desde la Dirección General de la Policía, a instancias de la comisaría de Huesca, por motivos que ya han quedado aclarados suficientemente, mi vida se ha convertido en un brete. Después de ese desafortunado expediente, que se inició como “falta grave” y que ha quedado en un “apercibimiento”, me he visto obligado a reubicarme en lo profesional y en lo personal.

La Policía Nacional no se merece que alguien pueda ponerla en entredicho

Quité de todas mis RRSS la palabra «policía» y dejé solo la de «escritor». Ya me han criticado también por eso, cómo no. Lo hice como acto de buena fe para no perjudicar a la policía, porque no se lo merece. La Policía Nacional no se merece que alguien pueda ponerla en entredicho. Eliminé cualquier foto de uniforme y respondí, con serenidad, a cualquier pregunta que me hicieran los de Régimen Disciplinario referente a apariciones mías en televisión; aunque se remontaran al año 2013 y 2014. A fotos donde aparezco uniformado en actitud desenfadada, a comentarios que levantaron suspicacias, a opiniones que no gustaron, quedando claro que no me aprovecho de mi profesión para promocionarme como escritor. Y, lo más importante, que nunca actué de mala fe. La mala fe, como la belleza, está en el ojo del que observa. Ahora, incluso cuando escribo estas líneas, mi esfuerzo es en expresarme como escritor. Y así me gustaría que me leyeran e interpretaran.

Al que le guste lo que digo que lo comparta, el que no, que no me siga y que no me lea

El 1 de octubre fue un día duro. Lo sabéis, no voy a explicar nada más sobre lo que vivimos. Todos. Soy prolífico y participativo, escribo en prensa y en RRSS y me gusta expresarme en libertad. Ese día no iba a ser menos; aunque reconozco que si todo el mundo se hubiera quedado en casa mejor nos hubiera ido. Al que le guste lo que digo que lo comparta, el que no, que no me siga y que no me lea. Un amigo de Catalunya me envió una foto de un Mosso d’Esquadra uniformado llorando desconsolado en el hombro de un civil. Me pareció una foto hermosa por todo lo que decía por ella misma. Una imagen, a veces, vale más que mil palabras. Me emocionó tanto que la compartí con un texto simple: «Apoyemos a nuestra policía».

Ya hemos olvidado que hace unos meses a esos policías se les aplaudía cuando iban por la calle porque acabaron con unos terroristas terribles

En esa foto hay un “policía” llorando. Un policía cualquiera sin rostro de los miles de policías que hay en nuestra España. Un policía de uniforme de las decenas de policías uniformadas que tenemos. Utilicé la palabra con cautela: “Policía”, sin calificativos, sin añadidos. Apoyemos a nuestra policía, a la que nos protege, a la que vela por nosotros. Siempre lo he hecho, a pesar de estos tiempos tan confusos que se erigen en mi contra. Podía haber puesto a cualquier otro policía, pero esa, la del Mosso llorando, me pareció la más explícita de todas. La que más expresaba lo que estaba aconteciendo a muy pocos kilómetros de aquí. Podía haber puesto a policías cargando, patrullando, en fila, identificando o posando. Pero esa fue la foto que creí que explicaba lo que estaba ocurriendo. Tenemos una memoria muy frágil y somos muy maleables. Ya hemos olvidado que hace unos meses a esos policías se les aplaudía cuando iban por la calle porque acabaron con unos terroristas terribles. Al igual que hemos olvidado que la Guardia Civil ha detenido a más corruptos, algunos políticos, que nadie. O que la policía nacional desmantela cédulas yihadistas preparadas para destruir nuestras ciudades. O que la policía local siempre está ahí y muchas veces ni siquiera reparamos en ellos. Somos tan desmemoriados como crueles.

Me acusan de tener ideas y de expresarlas

No han tardado en llover las críticas. Y, como no podía ser de otra forma, de mis propios “compañeros”. Anónimos, privados y alguno (lo agradezco) a cara descubierta, me llaman «traidor», me dicen que «deshonro el uniforme», que «doy asco», que «se me ha quedado el uniforme grande», que «ojalá me echen de la policía» y, la que más me ha gustado: “tus post delatan tus ideas”. Me acusan de tener ideas y de expresarlas. Malos tiempos para ser libre de opinar planean sobre nosotros.

Yo estoy muy orgulloso de quién piensa por sí mismo

Refieren en esos comentarios a otra fotografía que colgué en mis Redes el mismo día y la cual, si tienen un momento, me gustaría comentar. Mi suegra tiene 79 años. Nació en plena guerra civil. Tiene sus ideas propias y la cabeza muy clara. Recuerda cómo siendo niña habían alojado a pilotos de la aviación italiana en su casa por orden de los que mandaban entonces. Mi suegro ha contado varias veces esa historia. No voy a hablarles de ella, pero sí les diré que el 1 de octubre tomó una decisión propia. Porque así lo quiso. Porque es libre, como deberíamos ser todos. Porque no hay peor temor que el de sentirnos atemorizados. El miedo al miedo. Ella no lo tiene. Es una mujer valiente, íntegra y decide por sí misma. Se levantó y apoyó las manos en un caminador que la sustenta, ya que está inválida. Setenta y nueve años y cruzó la riera de Arenys de Munt. Pasó ante los guardias y entró en el ayuntamiento. Su ayuntamiento, el de su pueblo, en el que lleva residiendo toda la vida. El que para ella, no lo olvidemos, representa la legalidad. Y ejerció su decisión. Con libertad. Sin miedo.

Le tomaron una fotografía introduciendo una papeleta en una urna. Sus vecinos la aplaudieron. Subí esa instantánea a mis Redes con el texto: Mi suegra (79 años) la primera en votar en Arenys de Munt. Orgullo de suegra”. Sí, lo estoy. Y mucho. Y creo que todos esos policías que me escriben, comentan, reparten mis comentarios y mis fotos por esos grupos de WhatsApp y de Twitter y me acusan de no sé que cosas y de no sé que otras, o no tienen suegra o no están orgullosos de ella. Yo estoy muy orgulloso de quién piensa por sí mismo. De quién no se deja influir. De quién no tiene miedo de decir y hacer lo que cree correcto; aunque los demás le digan lo contrario. Como de hecho hicimos, tratando de convencerla de que no cruzara la riera, de que era ilegal. Estoy orgulloso que mi familia decida por sí misma. Porque no hay mayor orgullo que vivir en libertad. Y estoy orgulloso que los míos, los que quiero, los que me rodean, no me hagan caso y decidan al margen de lo que yo les diga. Ya ven, estoy orgulloso porque no me hacen caso.

En la cabecera de mis Redes lo explico. Pienso que está claro:

«Escribo y opino como escritor. Como ciudadano libre. Como alguien que ejerce sus derechos civiles. No busquéis más motivos, no los hallaréis».

Las opiniones son como los chistes, si los has de explicar entonces pierden su gracia. Les agradecería a mis “compañeros”, en especial a los de Huesca, que no se esforzaran tanto en hacer que mis opiniones sean las de ellos. Yo, al igual que mi familia, tenemos las nuestras, y nos gusta expresarlas en libertad y con respeto.

 

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Escritor conocido por sus novelas de género policíaco. Ha impartido clases en la Escuela Canaria de Creación Literaria, es colaborador del Diario del AltoAragón y del El Periódico de Aragón. Ha sido el organizador de las diferentes ediciones del Concurso literario policía y cultura (España) y colabora en la organización del Festival Aragón Negro en las actividades convocadas en la ciudad de Huesca. Desde el año 2012 es considerado el creador del término Generación Kindle, nomenclatura utilizada para referirse a una serie de escritores surgidos de la edición digital. En el mes de enero del año 2013 fue uno de los seis finalistas preseleccionados para optar al Premio Nadal en su 69º Edición con la novela La noche de los peones.

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