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Ayer finalizó la experiencia del gobierno de coalición entre el Movimiento 5 Estrellas y la Liga de Matteo Salvini. El primer ministro Giuseppe Conte renunció a su cargo al final de un largo debate parlamentario provocado por la moción de confianza de Salvini presentada hace una semana. Durante la sesión, Conte acusó a Salvini de falta de sensibilidad y cultura institucional por haber abierto una grave crisis política de manera poco ortodoxa y en un momento particularmente grave para la economía y las finanzas públicas del país.

Salvini parecía perplejo por la decisión de Conte de renunciar y cerrar la puerta a cualquier intento de encontrar un nuevo acuerdo con la Liga. La situación se salió del control de Salvini, y la Liga intentó, en el último momento, retirar la moción de confianza en el gobierno.

La renuncia de Conte descubrió el juego de Salvini que, evidentemente, tenía la intención de instrumentalizar la moción para fortalecer el peso de su partido dentro del gobierno y así capitalizar el éxito de las recientes elecciones europeas.

Sin embargo, hoy podemos decir que Salvini no solo perdió una batalla táctica, sino que comenzó a diluir la imagen de hombre fuerte y decidido sobre la cual construyó su éxito político en los últimos meses.  La retirada en el último momento de la moción de confianza habla de un político que es todo menos fuerte, decidido y lineal. La situación pareció haberse salido de su control, y no hay nada peor para un político que se hace llamar «el capitán» que dar la impresión de no saber qué camino tomará Italia.

Quizás, más que la crisis de este gobierno ya moribundo, esta sea la verdadera noticia: ¿cómo puede un político que ha demostrado que ni siquiera puede asumir la responsabilidad de las consecuencias de sus actos políticos pedir “plenos poderes» al electorado italiano?

Aparentemente, Salvini ganó porque consiguió el fin del gobierno, pero, en realidad, comenzó a perder la imagen de un líder fuerte y seguro que esperaba ganar las próximas elecciones. Y el presidente Conte no dejó de subrayarlo cuando dijo que, dado que Salvini no tenía el coraje de asumir la responsabilidad de la crisis, lo habría hecho él mismo al ir al Quirinale a dimitir. A partir de hoy, tal vez se establezca una nueva escena política en Italia, donde aquellos que parecen haber ganado realmente han perdido (Matteo Salvini) y aquellos que parecen haber perdido ganaron moral y políticamente (Giuseppe Conte).

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