Cuando antes seamos conscientes de que nos encontramos en una época en la Historia de España ( y  me atrevería a decir de la Humanidad) de decadencia, o por decirlo sin tapujos, de crisis, mejor podremos asumir el reto de ir remontando los flujos que nos esperan de debilidad.

Por otra parte, no es nada nuevo. La Historia nos ha enseñado que estamos compuestos de ciclos: a unos de bonanza les siguen otros de bajada. La clave está en evitar que los negativos duren mucho y sobre todo, para los interesados en las políticas progresistas, que afecten lo menos posible a las clases más necesitadas. De ahí nuestra apuesta por la igualdad.

En el caso que nos ocupa, venimos hablando de una crisis sanitaria. Todos los informativos y todas las noticias que nos rodean están imbuidos por aspectos relacionados con la evolución de la pandemia: casos positivos, brotes, enfermos hospitalizados, sanados…

Ahora bien, no debemos abandonar la perspectiva de que esta crisis sanitaria viene unida a una crisis económica y social. Y lo que no es menos importante, el hecho de que tendremos que superar después una crisis de confianza.

En efecto, los expertos nos vienen anunciando que debemos acostumbrarnos a vivir con el virus. Ya forma parte de nuestra rutina el lavado de manos, la distancia social, las mascarillas, el evitar las aglomeraciones….

Pero por otra parte, nos invade la nostalgia. Queremos recordar, y no perder, cómo eran nuestras vidas antes de marzo. Queremos volver y en muchas ocasiones nos precipitamos. Nos equivocamos. Transgredimos las normas.

Ya se oyen voces pidiendo más dureza con los irresponsables. Insistiendo en que la sanción es la solución. Incidiendo en que algunos no son capaces,  salvo con el palo, de entender lo que son los proyectos colectivos.

Y de ahí viene el temor. La sensación de volver a caer. Sin embargo, me gustaría insistir en su reverso. Somos más fuertes que las circunstancias que nos obligan a la duda. Hemos salido siempre de situaciones difíciles. Seremos, si nos lo proponemos, una sociedad que tiene, necesariamente, que aprender, de los problemas que le ocasionan estas curvas en el camino del avance de la civilización.

Lo superaremos. No nos vencerá la impaciencia.

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