Al escribir estas líneas nos encontramos inmersos en una severa crisis mundial por el crecimiento exponencial del COVID-19. Al 25 de marzo, se contabilizan más de 400 mil casos en el mundo y 47,610 en España —donde lamentablemente han fallecido casi 3,500 personas—. A este problema sanitario, que ya todos conocemos, lo llamo la “Primera Pandemia”. Pero, al mismo tiempo, se está gestando un problema económico de dimensiones extraordinarias, que no solo afectará a países con crisis sanitarias, sino a economías insertadas en cadenas globales de producción y comercio en todas partes del mundo. Está naciendo un virus económico que llamo la “Segunda Pandemia”.

Para dimensionar la Segunda Pandemia, basta apuntar que la destrucción de valor que tuvieron las bolsas del mundo, en apenas algunas semanas, alcanzó más de 6 trillones de dólares (cinco veces el PIB de México y cuatro veces el de España). El jueves 12 de marzo, la Fed ofreció un paquete de 1.5 trillones de dólares para garantizar liquidez a los bancos y calmar los mercados; sin embargo, para el lunes 16, el Dow Jones cayó 12.9%, en la que es la mayor caída en puntos (2,997) en la historia del índice. En este contexto, la mayoría de los analistas están bajando significativamente las perspectivas de crecimiento económico a nivel global, incluida la de México y España.

Ahora bien, me concentrare en la situación de México, que es el contexto que conozco y que, además, comparte características con muchos de los países del continente y otras economías emergentes.

¿Cómo infectará a México la Segunda Pandemia? De diversas maneras, en función de la magnitud de la crisis sanitaria, de las condiciones estructurales de la economía y de las medidas que se tomen. Nos afectará: la interrupción de cadenas globales en el sector manufacturero y la disminución en exportaciones; la caída del precio de materias primas (de diciembre a la fecha, por ejemplo, la mezcla mexicana de petróleo ha caído 70%); el impacto en turismo (que representa 9% del PIB mexicano y emplea directa e indirectamente a 10 millones de personas) y en las remesas (que en estados como Michoacán, Guerrero y Oaxaca representan cerca de 10% del PIB).

Otro actor importante en nuestra economía es la empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex), que es hoy la empresa energética más endeudada del mundo, que ha tenido un descenso consistente en producción y que ya estaba en la mira de las calificadoras desde antes de la Primera Pandemia.

Asimismo, a nivel mercado interno, los negocios en México ya empiezan a sentir la desaceleración económica. Es de esperarse que la baja actividad resulte en una baja disponibilidad de flujos de efectivo. Prácticamente todas las empresas se verán afectadas, pero el frente más vulnerable en nuestro país serán las pequeñas y medianas empresas (PYMES) y los negocios informales. La magnitud del problema se puede dimensionar si consideramos que las PYMES generan 78% del empleo y contribuyen a la mitad del PIB, y en el sector informal se estima que participan más de 30 millones de personas. En este contexto, el Infonavit y la Banca de Desarrollo pueden ser instrumentos estatales claves para encontrar soluciones.

No obstante, México cuenta con margen de maniobra para enfrentar la Segunda Pandemia, porque el país está relativamente poco endeudado —con una deuda pública total de 45% del PIB vs un promedio mundial en un rango de 200 y 250%. Se deben tomar acciones en materia económica, de manera responsable y estratégica. ¿Cómo?

Necesitamos garantizar liquidez en el mercado financiero y la extensión de créditos especiales que permitan a las empresas, sobre todo a PYMES, mantenerse a flote para proteger el empleo. Promover programas de apoyo temporal que tengan como objetivo acompañar al sector informal en una migración hacia un esquema de bancarización y formalidad. Lo más importante es que los apoyos lleguen a las personas para reactivar el mercado interno una vez superada la crisis sanitaria.

Necesitamos imaginar un ambicioso programa de infraestructura nacional, con recursos equivalentes a 10% del PIB, para construir hospitales públicos en diferentes regiones, así como carreteras, puentes, puertos —ampliando, por ejemplo, las capacidades de la Universidad Nacional Autónoma de México (la universidad pública más importante del país) al doble, y abriendo, de manera absolutamente transparente, el sector energético mexicano.

Todavía no se cuenta con la vacuna definitiva para la Primera Epidemia, pero la evidencia histórica sugiere caminos fiscales para amortiguar la Segunda. No podemos dejar que esta crisis condene a más personas a vivir en la pobreza o que aumente la brecha de desigualdad. Tanto en México como en otras partes del mundo, no hay tiempo que perder, y solo será el dinamismo económico el que nos permitirá generar un verdadero bienestar compartido.

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