Mañana se reúne el Consejo de Gobierno del BCE en Frankfurt para tomar las medidas necesarias para estimular la economía de la Eurozona que, con los últimos datos macroeconómicos, se encuentra en recesión por la caída de las exportaciones, de la demanda interna y de la producción industrial. No en recesión técnica, puesto que para ello son necesarios dos trimestres con caída del PIB.

Es muy poco el tiempo para que se tomen medidas urgentes, por un lado, por los Gobiernos con políticas fiscales y de incremento del gasto público y, por otra parte, por el BCE que mañana deberá tomar medidas monetarias que estimulen la economía pero que no ahoguen a las instituciones financieras de la zona euro.

Entre las medidas que debe tomar el BCE se encuentran las convencionales y las no convencionales. Agotadas las primeras, en gran parte, al tener los tipos de interés en negativo, se hace muy difícil una rebaja de los tipos de interés, el BCE tendrá que apoyarse en las medidas no convencionales.

La demanda de productos y servicios en la UE está cayendo, lo que provoca que continúe, por parte de la oferta, una reducción de costes y precios con los que realizar las ventas de dichos productos y servicios. Esto genera una disminución de la inflación de la Unión Europea, además de una reducción que provoca un déficit de los beneficios y, con ello, un aumento del endeudamiento de las empresas, lo que genera un menor margen para reducir dicha deuda y, en muchas pequeñas y medianas empresas, la dificultad para devolver sus préstamos.

Por tanto, no valen en estos momentos las medidas convencionales utilizados por los bancos centrales en la crisis del 2008 y que tuvieron un resultado ínfimo en el cumplimiento de las medidas que se realizaron ya que solo aliviaron el mercado financiero, no alcanzando dichas medidas a los ciudadanos.

Por tanto, el BCE no debe centrarse en las políticas monetarias no convencionales de la oferta, sino en las políticas no convencionales de la demanda, haciendo posible que puedan disponer de líquido suficiente las pequeñas y medianas empresas que están teniendo problemas en poder conseguir liquidez. También debe centrarse en los ciudadanos que menos recursos y rentas disponen y son los que pueden, con unos ingresos inferiores del 60 % del salario medio de cada uno de los países de la Unión Europea, hacer que la demanda de productos y servicios aumente y palie la caída que se está produciendo en estos momentos.

Otra de las medidas no convencionales que puede poner sobre la mesa, no para estudiar su aplicación, sino su ejecución al plazo más inmediato, es el helicóptero monetario.

El BCE va a tener que ofrecer más liquidez a los mercados para paliar el efecto japonización de la economía europea, es decir, para evitar que entre en un efecto de bajo crecimiento con deflación. El BCE sabe perfectamente que en estos últimos 12 años, desde la crisis financiera del 2008, por mucha liquidez y medidas cuantitativas puestas en funcionamiento, el resultado ha sido ínfimo respecto a la liquidez ofrecida a los mercados.

En la reunión de mañana, puede tomar las mismas medidas que en 2008 pero los resultados van a ser los mismos obtuvo en las medidas que puso en marcha con la crisis de deuda del euro, y que fueron muy grandes con unos resultados mínimos respecto a las medidas implantadas. Aunque el BCE sabe que eran necesarias esas medidas, especialmente para aliviar los balances de las grandes entidades financieras europeas, fueron insuficientes, puesto que el objetivo que quería alcanzar se diluyó al no alcanzar aquello por la que se puso en funcionamiento dichas medidas cuantitativas de incremento de liquidez en los mercados, haciendo que la demanda y la inflación no respondieran a los estímulos ofertados.

La japonización de la economía de la Eurozona asusta porque es un escenario en el que se sabe cómo se entra, pero no cómo se sale. En distintas variantes, Japón lleva desde los años noventa del siglo pasado atrapado en las arenas movedizas del estancamiento. El riesgo para la economía europea es caer en una situación similar: una mezcla de atonía en el crecimiento y en la inflación, aderezada además con un acelerado envejecimiento de la población y una productividad incapaz de tirar del carro.

Los efectos de una japonización de la economía de la eurozona son conocidos, pero el BCE no plantea las medidas adecuadas y suficientes para no llegar a ese punto.

Las decisiones adoptadas tras la crisis financiera del 2008 fueron insuficientes y poco efectivas para cubrir el objetivo de lo que pretendían. Solo siendo más ambiciosos los miembros de gobierno del BCE mañana, y los distintos gobiernos de la Unión Europea, independientemente del nivel de endeudamiento y déficits públicos de cada uno de los países de la zona euro, se podrá, no solo contener al coronavirus, sino uno de los males que todavía no han resuelto ni el BCE ni los gobiernos de la zona euro: la japonización de la economía europea.

El BCE debe aliviar, no solamente a los gobiernos y a las grandes empresas, sino también a los que generan riqueza en los países, que son las pequeñas y medianas empresas y a los ciudadanos, que con su renta disponible hacen que la demanda pueda crecer y con ella aliviar con dicha demanda agregada, vía impuestos a los gobiernos, con vía adquisiciones de bienes y servicios a las empresas, grandes, medianas y pequeñas y con todo ello, al mismo sistema financiero, instituciones financieras y por consiguiente  al mismo Banco Central Europeo.

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