lunes, 27septiembre, 2021
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¿Cooperación o crispación?

Julián Arroyo Pomeda
Catedrático de Filosofía Instituto
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Lo esencial en la comunidad política es una ciudadanía madura, una sociedad civil vigorosa, capaz de pensar y querer por sí misma, reacia a la polarización. (Adela Cortina, Ética cosmopolita).

Estamos acostumbrados a ver a las formaciones políticas produciendo crispación. Lo que se lleva es crear toda clase de estrategias para destruir al adversario como sea. Si alguien busca contribuir con otras formaciones para solucionar los problemas juntos, nos quedamos perplejos, porque, estando en la oposición, nunca podrá salir de ella, si no es desgastando a la formación política gobernante, echándola del poder.

Para debatir con un adversario político hay que encontrar un contrincante digno, de lo contrario no se podrá analizar nada, solo se conseguirá quemarse la sangre. Hay que tener mucho aguante y rodearse de cinismo para atacar sin pensar sus argumentaciones, a las que se pueden oponer otras distintas. Pero lo habitual es no aportar razones, ni todavía menos exponerlas por convicción. Se trata de tomar media docena de eslóganes y dar siempre leña al mono, tanto si viene a cuento como si no. Ya se encargarán los partidarios en la Asamblea de apoyar a los suyos con aplausos, o rechazarlos mediante ruidos, denuncias, protestas y voces en contra. Estamos hasta el hartazgo de esto.

Unos aplauden contra otros. Cuando llega el turno de estos otros, entonces retornan las tornas. ¿Hay propuestas que se han expuesto con decisión y convencimiento? ¿Son buenas propuestas, válidas para resolver problemas que han ido surgiendo? Para los seguidores de la crispación las únicas propuestas correctas y eficaces solo son las que lanza su propio partido. Las demás resultan nefastas e irresponsables. Y si no saliera bien, entonces que decida el pueblo. ¿Qué pueblo? Aquel que manipularemos con lo que quiere oír, el resto estará siempre en minoría.

Si hay que debatir públicamente para que todo el mundo vea la realidad, ya se encargarán los que tienen el poder de hacerlo de tal manera que no pierdan nunca. Esto es así, porque se han apropiado del mismo. Si consultan, es para ganar, de lo contrario, no se hace. A través de los medios disponibles, que están en manos del gobernante, este decide qué se debate, cuándo se hace y en qué condiciones. De no concedérselas no aceptaría debatir. Cuando las encuestas son favorables a un partido, este se resiste a debatir, o lo hace manera reducida para que no resulte tan manifiesto. Al que le van mal las encuestas más no perder, porque todo lo tiene perdido ya. Solo buscan pillar en una trampa al poderoso para atacarle por ahí.

Siempre hay asuntos que resolver y por eso hay que llevarlos a la palestra de la crítica para ver cómo actuarían cada una de las formaciones que los debaten. De este modo los que asisten al encuentro puedan formarse un juicio para dar su voto posterior a quien le haya convencido, o se acerque más a lo que uno piensa. Los asuntos están ahí delante de nosotros y no pueden esperar. Ante la pandemia todas las formaciones debían llegar a acuerdos capaces de resolverla cuanto antes. Los acuerdos comunes, en función de lo que proponen los expertos en la materia que sea, deberían ser objeto de colaboración unánimemente.

Si hay 17 Comunidades, será obligatorio sentarse en una mesa juntos y presentar las propuestas que consideren para después acordarlas democráticamente, es decir, mediante el voto mayoritario y empleando la cabeza en lugar de los intestinos. Y, si no sale mi propuesta, tendré que aguantarme, pero no boicotearla en mi Comunidad. Esto no es serio, ni respetuoso, ni leal, sino un desprecio a los demás. Solo una persona trastornada se empeña en que lo aprobado rebote en la cabeza de quien lo propuso. No vale el yo o nada. Formar parte de la administración política es pertenecer a una Comunidad, para, entre otras cosas, actuar en común.

Solo cuando resolvamos el problema de la salud, podremos dedicarnos al flotamiento de la economía. Economía, aunque se hunda el mundo, no puede ser razonable. Las propuestas económicas también deben ser coordinadas para que puedan presentarse a la Unión Europea y ayudar a resolverlas. ¿Para qué está sirviendo el capitalismo de la pandemia? Los gráficos técnicos indican que se han reducido recursos en Sanidad, que se han hecho recortes en Educación, o que no se están atendiendo los Servicios Sociales. Pues habrá que revisar esto y corregirlo, en su caso. Reducir personal sanitario a todos los niveles lleva a no poder atender a los pacientes por parte de los profesionales, por lo que se producen más muertes. Recortar en Educación repercute en la atención del profesorado a sus educandos y así no se avanza, solo se retrocede todavía más. Ofrecer Servicios Sociales es una manera de explicar y entender los impuestos que se pagan. Bajar impuestos quizás no sea la mejor forma de gestión política, si se hace a costa de los servicios a los que tienen derecho los ciudadanos. Y si esto fuera lo mejor, habría que ponerse de acuerdo a fin de no perjudicar a unos ciudadanos para favorecer a otros. Esto es cruda insolidaridad.

Con tantos problemas como tenemos ahora en España la crispación es una especie de negacionismo, mientras que la cooperación permite trabajar juntos en la solución. Ah, pero esto solo favorecerá al gobernante y afianzará su poder del que hay que echarlo. ¿Por qué no verlo como lo mejor para los ciudadanos, cuando se orienten sus problemas, tratando de enfocar la solución de los mismos? Esto sí sería política; crispación, en cambio, no lo es. Hay que asumir la vulnerabilidad, que es esencial al ser humano.

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