“El cobarde sólo amenaza cuando está a salvo” Montaigne

Por extraño que parezca, la oposición al primer gobierno legítimo de coalición de la historia democrática de España, se ha propuesto que nuestras vidas vuelvan al sendero de la aceptación, el sometimiento y la inevitable sensación de que nada es posible más allá de la voluntad de los amos. Nos quieren mansos. Dóciles ovejas que deben aceptar  el inevitable destino de los esclavos. El escarnio de la limosna. La aceptación de la pobreza. Hacen uso de la razón de la fuerza para derrotar a la fuerza de la razón. Todo, en medio de una pandemia terrible.

Ese es el mensaje de una pandilla de audaces, con un historial que está plagado de sombras laborales, profesionales y económicas. Personajes que se nutren del discurso del Bunker franquista. Que parecen tener un recorrido de impunidad que se les ofrece desde dentro de las instituciones. No necesitan explicarse. Lo suyo es el insulto. La negación. Los argumentos sin base consistente. Saben que nunca tendrán mayoría parlamentaria suficiente. Por ello apelan a la amenaza. A la exhibición de simbología nazi o franquista. No parecen llamar la atención de las instituciones públicas que deberían salvaguardar las garantías constitucionales.

No aceptan ser derrotados una y otra vez. Levantan arengas subversivas. Anticonstitucionales. Se saben protegidos. Muchos de ellos parecen haber sido vistos engrosando los grupos de fanáticos que llenan las gradas de los estadios de futbol. Cuando hay enfrentamientos callejeros, los medios los ocultan tras eufemismos como “los manifestantes…. Fueron increpados por grupos violentos antifascistas”. Curioso. Son útiles a los propósitos de Hitler. Las camisas pardas de las S.A. nazis también lo fueron.

En medio de todo este barullo resulta inaceptable el silencio del Jefe del Estado. ¿Es que con él permite que entendamos que no hay nada que decir acerca de estas llamadas a la rebelión contra los poderes legítimamente constituidos? Es hora de dar la talla. En cada uno de los ciudadanos y ciudadanas reside una parte de la legitimidad del Gobierno. Del mismo modo, toda manifestación en contra del orden constitucional es un golpe a la democracia y a la credibilidad del propio Estado. Confío en que Felipe VI comprenda bien la situación y actúe en consecuencia.

En otras palabras, pese a que los poderes económicos, religiosos, militares y políticos, se han empeñado en deslegitimar a este gobierno de coalición, promoviendo la idea de que NO era posible. Las personas de este país, en sucesivas elecciones, dejaron a las claras que SÍ era posible.

Le pese a quién le pese, la ciudadanía lo hizo posible convirtiendo el NO en SÍ.

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