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Si consigues explicar qué es el Arte, eso no es el Arte. Partamos de este presupuesto, el Arte se conforma de manera diferente en cada acto que pudiéramos calificar como artístico… no vamos repasar las teorías estéticas de los últimos milenios. Pero vive uno en la época que le toca y eso acarrea una perspectiva crítica, que tiene la única intención de hacer de altavoz de quienes sientan empatía por éste, mi discurso.

No hay Arte sin pensamiento. El silencio de Morton Feldman o Mark Rothko o, incluso, el de John Cage tienen un contexto vital y de ideas, además del histórico; por eso es una cagada gigante imitarles. Temo que el Arte profesionalizado y entretenedor ha sustituido al Arte de verdad; esto ha ocurrido siempre, por todos los tiempos y lugares abunda el pseudoartista, el problema es que la profesionalización está reemplazando por completo a la reflexión y eso es un derrumbe cuyas consecuencias no se pueden desligar de la decadencia y la falta de humanismo reinantes en todos los ámbitos de lo nuestro. Esto no es un ataque a la posibilidad de ganar dinero con el Arte, por supuesto que cobro cuando puedo por mi trabajo, por supuesto que creo que si se explota comercialmente una obra el autor debe cobrar, pero una cosa es cobrar por lo que haces y otra hacer algo para cobrar: eso es la macdonalización de la Cultura.

Largo tópicos: cuando se depende de un público para vivir, sólo puedes dar lo que les gusta. Las grandes cadenas de hamburguesas usan la sal y el azúcar (indiscutibles aliñadores) para garantizarse una clientela pobre e ignorante, estandarizan el producto y dan lo mismo en Villanueva del Trabuco, Washington o Baden Baden. Ése es el negocio, pero ¿eso es cocinar? Nuestros artistas usan el entretenimiento y la ingeniosidad como adobo de su actividad, aquélla para el vulgo y ésta para las elevaciones, en cualquier caso no deja ser un subproducto preelaborado. Llámenme pretencioso pero la Obra artística es el reflejo de la actividad intelectual y vital de sus autores, eso genera artefactos que casi siempre son la consciencia y la conciencia de una época y, a la vez, pues nada de lo humano les puede ser ajeno, obras que trascienden sus tiempos para seguir siendo interpretadas después. Se constituye así el legado de la Humanidad.

Grandilocuente ¿verdad? Me pregunto ¿si no te mueve lo mismo que a Cervantes, Bach o Picasso, qué te mueve? ¿Comprarte un Ferrari e ir a fiestas de VIPs? Yo admiro a Barceló y admiro lo que vale su obra, no puedo comprarla, pero jamás se me ocurriría criticar que se forre, no hay un sólo movimiento en la construcción de su legado volcado a dar al público su cebo: si ha tenido la suerte de que su obra valga pasta y ha sabido moverse: enhorabuena. No valoro al artista pobre, sino a quien no chulea, a quien no prostituye al Arte.

Yo quiero ser un Quevedo o un Unamuno, creo que no llego, lástima, pero escribo por lo mismo que leo en los clásicos a los que admiro; mi vida y mis preocupaciones están en mi actividad, yo no soy el personaje, esto se confunde, ahora está de moda mostrar tus miserias egocéntricas y convertirte en el héroe admirado por un débil intelectual que necesita ser guiado; la escritura (pintura, música…) es un medio para generar pensamiento en el público, ni el autor ni la obra son fines en sí mismas, son el medio: el público pasivo no es público, es cliente, la consumidora que compra. Por eso desaparecen el librepensamiento y la crítica, el análisis se diluye inexistente, por eso es tan grave hacer creer que el Artista es sólo ora “rara avis” por naturaleza ora fruto de una escuela técnica (el triunfo de los espectáculos de talentos), que ser imaginativo o estar dotada de creatividad te señalan como artista cuando quizá no seas más que un espectáculo y no siempre de calidad… y que el público elige por su “gusto” (¿qué coño tendrá que ver el gusto con el Arte?).

Nuestra era posmoderna y su débil pensamiento igualan a Bach y a Camela, es cuestión de gusto, dicen. Los asalariados se creen esta pantomima mientras las élites siguen accediendo a los misterios numerológicos de la especulación bachiana. No nos damos cuenta de que la supuesta democratización, de que la mercantilización del Arte lleva al racismo cultural; no es acercar la Cultura al pueblo, eso es elitismo controlador y conservador, siempre interesado, sino acercar al pueblo a la Cultura, esto es: al estudio, a la puesta en duda, la crítica, la desfanatización, al abandono de la idea de que las tradiciones son la Cultura, al estudio analítico y a la crítica del Folklore…

Salvo que todo esto nos valga para promover el turismo: tener a danzantes o cantaoras inconscientes para ser observadas desde un palco, esos palcos de Semana Santa en los que nuestras políticas con mantilla y los empresarios firman convenios mientras un montón de feligreses despellejan sus cuellos bajos pasos manteniendo sus “tradiciones culturales”… Eso no es Arte, es cinismo en el mal sentido.

Hemos llegado al extremo de llamar Arte a la Moda o a la Cocina, ¿por qué no la Jardinería o a la Cirugía Estética? Pueden serlo, todo puede ser Arte; Arte no es más, en el fondo, que una manera de interpretar la realidad y, por definición, nada hay fuera de lo real, todo es Arte, el lenguaje se dobla hacia donde queramos; cualquiera se tiene hoy por artista, es Arte cualquier cosa… Pero sin pensamiento y cálculo de consecuencias no hay Arte. No compro tu ingeniosidad ni tu creatividad. Compro tu estímulo que me ayuda a enriquecer mi vida, mi pensamiento; esto presupone que yo y tú, en diálogo con tu oferta de artista y mi ansia de espectador, tenemos vida y pensamiento. Si no, nada.

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Francisco Silvera. Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -Libro de los silencios (2018) -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es. Libro de los silencios ha sido galardonado por el jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 en la modalidad de relatos.

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