Asturias
Contaminación industrial en las proximidades de Gijón.

Asturias ya no es ese paraíso verde y natural de ensueño que ha sido siempre. Su aire está enfermo y empeora a diario, mientras los ciudadanos se movilizan cada semana en protestas que caen en saco roto y las administraciones permanecen impasibles ante un problema que adquiere tintes de auténtica tragedia nacional. Un reciente informe de Ecologistas en Acción de Asturias, elaborado sobre las mediciones tomadas en las estaciones ambientales en los primeros días de este año, revela que nada ha cambiado en 2019 respecto a las últimas décadas en aquella comunidad autónoma. Las sustancias contaminantes que se generan en la actividad industrial siguen flotando en la atmósfera, pegándose a la tierra en los verdes prados y manchando los hermosos acantilados cantábricos.

Así, en la zona industrial de Avilés se superan a diario los límites legales establecidos para las partículas PM10, consideradas “muy peligrosas” por las graves afecciones respiratorias, enfermedades cardiovasculares y cánceres de pulmón que pueden ocasionar tras una exposición continuada. El informe de Ecologistas en Acción-Asturias asegura que en las estaciones ambientales pertenecientes a las redes de empresas como Alcoa, Azsa o la del Faro de San Juan, en el puerto de Avilés, se han registrado más de 64 días “con valores superiores al valor límite diario de protección de la salud”. A su vez, como suele ser habitual, la estación de Matadero sigue siendo la que presenta peores datos, a pesar de la eliminación de una de las principales fuentes de contaminación, el acopio de minerales para Azsa, por lo que todo indica que “la ocupación de los suelos liberados por otras actividades potencialmente contaminantes ha supuesto que no se lograsen las mejoras esperadas”.

Según el estudio, “a pesar de que en el resto de estaciones asturianas no se han superado los valores legales para este contaminante, sí se han sobrepasado los índices recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Los ingredientes tóxicos se han excedido en estaciones como Lugones, en Siero; Plaza Guitarra, Llanoponte y Matadero en Avilés; Meriñán y Sama en Llangréu; Argentina, Felgueroso, Avenida de Castilla y Montevil, en Gijón; Palacio de Deportes de Oviedo y Mieres. También se han superado en diversas estaciones de las redes de empresas como Arcelor, Alcoa, Azsa, Saint Gobain, zona de Aboño, tanto en la central térmica como en la cementera; así como en las zonas portuarias de El Musel y Avilés.

Según todos los estudios científicos, Asturias figura entre las zonas con peor calidad del aire de España. Doce concejos asturianos se encuentran en la lista negra de muertes a causa de cáncer de pulmón a nivel nacional entre 2009 y 2014. Y según un estudio de la Universidad Carlos III de Madrid, la contaminación ocasiona cerca de 300 muertes al año en Oviedo, la tercera capital de provincia con más casos del país.

Han saltado todas las alarmas, mientras la mala calidad del aire que respiran los asturianos parece haber quedado en un asunto secundario para las autoridades, a pesar de que nos encontramos ante un auténtico problema de salud pública general. Según informa La Nueva España, la situación en la zona oeste de Gijón, próxima a grandes núcleos industriales, es especialmente crítica. Barrios como el de La Calzada suelen registrar picos de contaminación muy por encima de los considerados seguros. Fructuoso Pontigo, de la Coordinadora Ecologista de Asturias, aseguraba a ese diario regional que “ni diluviando, ni el viento, consiguen que no se note la disparada contaminación en Gijón, con incrementos como el pico de esta madrugada de un 500% en La Calzada”.

La contaminación en Asturias tiene un origen fundamentalmente industrial. Una industria antigua y obsoleta que contamina demasiado. A la central térmica de Aboño y a la industria siderúrgica se suman los puertos asturianos. “Las emisiones en los puertos, en Gijón y en Avilés, son grandes contaminadores”, afirma Pontigo en La Sexta. Según la OMS, las estaciones de medición superan de media anual los valores máximos recomendados en partículas PM 2,5, las más perjudiciales para la salud. “Son partículas de menos de PM 2,5 micras que pueden llegar al torrente sanguíneo. Mucha gente puede morir del corazón y es gracias a la contaminación”, se lamenta el líder ecologista.

La situación empieza a ser ya insostenible. Avilés y Gijón son las ciudades con mayor contaminación de España por su industria poco sostenible. Los vecinos de numerosas localidades asturianas, y también de los barrios de las grandes ciudades, se movilizan todas las semanas, pero ningún gobierno se decide a acabar de una vez por todas con un problema que está costando cientos de vidas humanas cada año. Una vez más, hay demasiados intereses económicos en juego y prevalece el valor del dinero antes que la salud de las personas.

El pasado mes de marzo una delegación formada por 25 integrantes de la plataforma regional ‘Asturies por un aire sano’ partió hacia Bruselas para denunciar en el Parlamento europeo los “graves” problemas de contaminación del Principado. Antes de iniciar el viaje, su portavoz, Adrián Arias, aseguraba a otro diario regional que la plataforma decidió dirigirse a la UE tras la “contundente” respuesta ciudadana en las recientes concentraciones convocadas en Gijón y en otras localidades por un aire limpio, una movilización que “marcará un antes y un después” en el problema de la contaminación en Asturias.

Mientras los ciudadanos tratan de defenderse del envenenamiento masivo al que están siendo sometidos, informes como el de Ecologistas en Acción resultan demoledores. Sustancias en suspensión como los precursores ácidos, el nocivo SO2, también se han disparado. Si bien no se superan los límites legales que se registraban en el pasado −fruto de la disminución de actividades industriales por la reconversión o de la instalación de plantas de desulfuración−, sí se siguen excediendo los parámetros propuestos por la Organización Mundial de la Salud en diversas estaciones como Llanoponte y Matadero en Avilés; Meriñán en Llangréu; Avenida de la Argentina y Montevil, en Gijón; Pura Tomás, Plaza de Toros y Palacio de Deportes en Oviedo, las primeras claramente afectadas por la central térmica de Soto de Ribera y la última por el tráfico. Otras estaciones ambientales que también superaran estos valores son la de Mieres y Trubia.

Con respecto a las partículas más pequeñas, las PM 2,5, que han proliferado durante estos últimos meses, se han superado los valores recomendados por la OMS en estaciones como Lugones, Llanoponte, La Felguera, Sama, Santa Barbara, Montevil, el Palacio de Deportes de Oviedo, Tremañes, Arnao Térmica de Aboño y Soto de Ribera, “entre las pertenecientes a las diferentes empresas potencialmente contaminantes”, según el estudio de Ecologistas en Acción.

Otro problema preocupante es el benceno. Según la organización verde que lucha por la calidad del aire en Asturias, si bien es cierto que se ha reducido de forma importante el valor anual, ahora por debajo del límite en la estación de Trubia, “aún siguen dándose valores elevados de forma puntual, algo similar a lo que ocurre en la estación de Llaranes, aunque con valores inferiores”.

“Todo esto indica la necesidad de seguir avanzando en las medidas de reducción de emisiones, tanto del tráfico −con un necesario cambio de modelo−, como de las actividades industriales, ya que, a pesar de las medidas aprobadas, aún se está lejos de alcanzar una situación óptima, dado el retraso con el que se están aplicando las mejoras técnicas disponibles que, en algunos casos, como en el sector siderúrgico, ni siquiera están cumpliendo con los plazos establecidos por la legislación (Directiva de Emisiones Industriales) por lo que es muy posible que, de nuevo, y como ha ocurrido en otros casos, como puede ser el saneamiento, nos veamos inmersos en un nuevo procedimiento de sanción contra el Reino de España por incumplimientos de Directivas Comunitarias”, advierte el informe de Ecologistas en Acción. Cabe recordar que en España la mala calidad del aire causa más de 38.000 muertes prematuras anuales.

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