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Consenso manufacturado

Fernando Ayala
Fernando Ayala
Doctor en Historia y miembro de la CEP del PSOE de la provincia de Cáceres. Responsable del Área de Memoria Democrática de la Ejecutiva Regional del PSOE de Extremadura.
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análisis

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Utilizando una expresión que formó parte de uno de los libros de Noam Chomsky, vivimos en una sociedad en que a través de la publicidad y la propaganda se pretende controlar, encubiertamente, a la opinión pública, convirtiéndonos en meros espectadores.

Así, ya sea a través de las élites políticas, sociales o económicas, o ya sea a través de la difusión de mensajes por medios de las redes sociales, relegamos la toma de decisiones, en muchos de los aspectos de nuestras vidas, a lo que escuchamos, vemos o leemos en estos medios.

De esta forma, y como hemos insistido en otros artículos, aparecen opiniones de la gente, aparentemente científicas o al menos mostradas con una enorme sensación de credibilidad, que únicamente tienen el basamento en lo que se difunde a través de lo que hemos venido a denominar consenso manufacturado.

Y es que, tomando como referencia de nuevo a Chomsky y como podemos ver reflejado en la película Captain Fantastic, nos definen nuestros actos, no nuestras palabras.

Por eso cuando vemos ultrajado, despedazado, insultado… a cualquier contrincante, no podemos dejarlo pasar sin reflexionar, cuanto menos, en que detrás de palabras acusatorias está el acompañamiento del ejemplo, de la actividad y de la acción cotidiana.

Es decir, hay que asociar al imaginario que construyamos sobre las personas, no las leyendas, no solamente las opiniones,  no únicamente construcciones mentales, sino a la vez la muestra de los hechos que hacen posible que el individuo en cuestión sea o no un referente.

En definitiva, lo que conocemos como opinión pública, es maleable. Se puede manipular como resultado de la delegación, voluntaria o no, de la toma de decisiones. Influidos como estamos en que la responsabilidad lleva acarreado una tarea para la que hemos depositado nuestra confianza en otros, nos dejamos llevar, en multitud de ocasiones,  sin pararnos a pensar qué es lo que estamos haciendo.

Es importante la fuerza de lo colectivo, lo cual no significa que cada uno de nosotros no tengamos que hacer un análisis de nuestro modos de vida. No vale que sea meramente por seguir la corriente o porque alguien, al que admiramos nos lo aconseja, sugiere o recomienda.

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1 COMENTARIO

  1. Es reconfortante leer algún artículo sensato de vez en cuando. Es cierto que «vivimos en una sociedad en que a través de la publicidad y la propaganda se pretende controlar, encubiertamente, a la opinión pública, convirtiéndonos en meros espectadores».

    Pero en este afán de «control» no es diferente la actitud y la práctica, de la izquierda de la derecha o de los nacionalismos. Todos y cada uno de ellos no dudan en emplear la mentira y repetirla hasta la saciedad para ganar el «relato».

    En su lucha por el control del «relato» el arma más despreciable es el argumento «ad hominem» con el que se descalifica, no las razones del adversario, sino al propio adversario.

    El último ejemplo es la repugnante campaña orquestada contra Almeida, por no estar de acuerdo en la concesión del título a Almudena Grande. Hasta «carapolla» le ha llamado un colaborador de este diario.

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