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Confinamiento: ¿protección o redil?

Guillem Tusell
Estudiante durante 4 años de arte y diseño en la escuela Eina de Barcelona. De 1992 a 1997 reside seis meses al año en Estambul, el primero publicando artículos en el semanario El Poble Andorrà, y los siguientes trabajando en turismo. Título de grado superior de Comercialización Turística, ha viajado por más de 50 países. Una novela publicada en el año 2000: La Lluna sobre el Mekong (Columna). Actualmente co-propietario de Speakerteam, agencia de viajes y conferenciantes para empresas. Mantiene dos blogs: uno de artículos políticos sobre el procés https://unaoportunidad2017.blogspot.com y otro de poesía https://malditospolimeros.blogspot.com."
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España tiene uno de los confinamientos más rígidos o duros del planeta, sino el que más. No obstante, también es uno de los países que tiene más mortandad por número de habitantes. Sabemos, poco a poco y con cierta inexactitud, algunos aspectos del virus Covid19: su considerable nivel de propagación, que el porcentaje de infectados asintomáticos es importante, que la mortalidad aumenta con la edad (siendo inapreciable en menores, baja en la edad media y mucho más alta en la tercera edad, donde se concentran la mayoría de las víctimas). Sabemos, también, el desconcertante número, por altísimo, de muertes en residencias de ancianos.

En un principio, el confinamiento se ha llevado a cabo más bien para proteger el sistema sanitario y no directamente para proteger a la población, así en general. Es decir, que el gran temor era que la alta propagación saturase el sistema sanitario, las UCI, y que hubiese víctimas por la simple razón de que no se pudiera atenderlas. Por lo que uno ha entendido, la rigidez del confinamiento ha evitado el colapso sanitario… aunque uno no acaba de entender, si se ha evitado tal colapso, por qué razón ha habido tantísimas víctimas en las residencias de ancianos, puesto que si el sistema sanitario no estaba colapsado se podrían haber trasladado pacientes allí, y en algunos lugares se ha realizado el movimiento contrario. Supongo, y espero, que tendremos una explicación, porque no ha sido en dos o tres residencias concretas, sino bastante generalizado en algunas zonas, y también en varios países europeos (quiero decir que no parece una particularidad de este país). La explicación detallada al respecto debemos exigirla, apunte a quien apunte, pues hay indicios que estos ancianos no han tenido unos derechos fundamentales cubiertos: que uno sepa, no se pierden derechos a medida que se suman años.

A parte de lo anterior, ante la rigidez del confinamiento, a uno se le plantean algunas dudas sobre si estas medidas han sido eminentemente sanitarias o más bien de carácter político. Y, es importante subrayarlo, uno opina que ambas opciones son legítimas, aunque estaría bien que la población lo tuviésemos claro. En una democracia es sano que los ciudadanos sepan por qué razón se hacen las cosas y, así, valorarlo en consecuencia.

¿Es el “confinamiento para todos” el resultado del pensamiento político del “café para todos”? Parece que la obsesión de ignorar las diferencias dentro del Estado, se extiende al sistema adoptado para hacer frente al virus. Parece una obsesión nacionalista española y, aunque les pueda molestar el término cuando no se refiere a vascos o catalanes, hay algunos aspectos que señalan este camino, convergiendo en el más rígido centralismo. Por ejemplo:

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1) ¿Por qué es el mismo confinamiento en áreas con muchos casos que en áreas con muy pocos? Cuando Cataluña reclamó un confinamiento más rígido bastantes días antes de que el gobierno lo decretase, se le denegó en aras del “todos iguales” (entonces, iguales en la laxitud). Mientras tanto, los AVE iban repletos transportando personas de Madrid a Barcelona en ambas direcciones. Pero ahora, que hay territorios sin apenas casos, es lo mismo, “todos iguales”.

2) ¿Por qué es el mismo confinamiento en las zonas rurales que en las grandes ciudades? Las características de muchas zonas rurales permiten un confinamiento mucho más laxo manteniendo las distancias y precauciones que impiden el contagio, pero se actúa, nuevamente, en función del “todos iguales”. La densidad de población y el tipo de viviendas (aisladas o bloques de pisos) no se han tenido en cuenta. Las zonas rurales han sido menospreciadas en muchos aspectos y, ahora que tenían una cierta “ventaja”, se ha pasado por alto.

3) Los jóvenes sin patologías previas, sobre todo aquellos emancipados que no comparten vivienda con gente mayor, tienen una resistencia contra el virus que parece ser asumible, es decir, que no son susceptibles de colapsar las UCI, pero son confinados en las mismas condiciones: se sigue la misma directriz del “todos iguales”.

No hablo de un confinamiento (o des-confinamiento) “a la carta”. Pero parece ser que, para el gobierno, lo primero fue centralizar (de hecho, les aplicaron un 155 sanitario a todas las comunidades, y que les pueda parecer bien no niega que haya sido así), erigiéndose el gobierno central en el único estamento decisorio. Por lo tanto, y no lo olviden, se erigió en el único estamento plenamente responsable. Lo segundo, fue que nadie, ni comunidades ni zonas ni pueblos ni población, se “pasase de la raya”. Recuerden cómo, día tras día, uniformados nos anuncian las sanciones puestas a aquellos que cruzan la raya (no entro en lo correcto o incorrecto de estas personas, tan solo apunto el hecho). En el fondo, ¿se trata de un anuncio o de una amenaza? Porque no se informa periódicamente del número de robos, atracos, estafas, etcétera, y más bien parece que se trata de infundir miedo en la población. Que pueda parecer más efectivo el miedo que la responsabilidad ciudadana, es un signo de poca calidad democrática. Ahora, no obstante, una parte de trabajadores sí pueden trasladarse a su lugar de trabajo. Esto crea una serie de incoherencias:

1) Puedo ir a comprar el pan, entrando de uno en uno en la panadería, pero no puedo ir a la ferretería o droguería a comprar pintura, donde también podríamos entrar de uno en uno con las mismas precauciones. Me dirán que el pan es básico y la pintura, no; pero podría establecerse horarios por zonas, tipos de comercio, números de calle, mantener las precauciones y abrir algún comercio de suministros que no puedan parecer básicos (una librería del barrio, por ejemplo, podría aceptar encargos telefónicos y entrar por turnos a recoger el libro como quien recoge una barra de cuarto). Hay personas cuyas necesidades básicas no se resumen en pan y el Netfilx circense de turno, y se podría haber legislado, por difícil que sea, de otra manera. Por difícil que sea no evita el otra manera.

2) Unos pueden coger el autobús, metro o tren para ir a trabajar, pero otros no pueden ir al monte a dar un paseo o salir en bicicleta, tal como está permitido en la mayoría de países europeos. Ni que vivan a pocos metros de la naturaleza… o incluso que tomen el auto como aquellos que, ahora, van a la fábrica. Todo es legislarlo.

3) Los autorizados a trabajar se encuentran en la fábrica o empresa con personas que viven en diferentes domicilios, incluso barrios o municipios diferentes, pero dos o tres personas que comparten vivienda (y confinados desde hace 40 días) no pueden salir juntos a la calle… o al campo en zonas rurales.

Muchos científicos advierten del peligro de laxar el confinamiento (también la OMS), y mientras tanto vamos viendo que, en otros países europeos donde éste confinamiento no es tan severo, incluso han empezado a destensarlo. Para más inri, en la mayoría de esos países, la tasa de mortandad por población no es tan alta como en el nuestro. Si suponemos que el virus es el mismo y aceptamos que no entiende de fronteras, para los simples ciudadanos cuesta entenderlo: hay algo que no encaja.

Pero, ¿y si el virus sí que entiende de fronteras? ¿Y si resulta que las condiciones, el medio con que se encuentra el virus, dista mucho de un país a otro? Me refiero tanto a las infraestructuras sanitarias como a la capacidad de adquirir o de generar recursos. Si esto fuera así (ya sabemos que el confinamiento es para “proteger” el sistema sanitario), ¿de verdad no había alternativas más allá de sacarnos los militares por la tele y restringir altamente nuestras libertades? Uno oye asiduamente lo “responsables” que son los españoles ante tal confinamiento. Pregunto: ¿son responsables, obedientes o sumisos? No se me enfaden, pero en algunos aspectos uno teme cómo la sociedad española ha entrado en el redil, con el Jemad y compañía en el papel de pastor. No abogo por desobedecer y romper el confinamiento (un servidor no se mueve de su redil, pues podría ser asintomático y contagiar a alguien, pero algunos vivimos en medio de la naturaleza sin humanos cercanos y podríamos tener otro confinamiento sin poner a nadie en riesgo) sino por otra cosa: reflexionar si esta decisión es puramente sanitaria o política, y plantearse si había otras alternativas. Es decir, no lo digo en el sentido de la oposición de ultraderecha que solamente pretende acoso y derribo, derecha que se ha demostrado como simplemente destructora, sino como el derecho de estar informado y hacer una crítica constructiva.

Me voy a saltar un aspecto importante, el siguiente: ¿si se hubiera realizado el confinamiento cuando se pedía desde Cataluña (unas dos semanas antes de decretarse) hubiéramos evitado una gran propagación? Recuerden que la OMS declaró la emergencia global el 30 de enero. Pero me salto este aspecto por una razón, y es que no sería honesto por mi parte: un servidor es de los que creía una exageración cancelar el Mobile World Congress de Barcelona, de los que pensaba que la insistencia de Torra por el confinamiento de Cataluña era un ardid político. A toro pasado, es fácil meter el dedo en el ojo, así que lo dejo para los entendidos y me ciño al presente, pero sería oportuno valorar si cualquier propuesta u opinión que viene de Cataluña es simplemente descartada por el lugar de origen. Si esto fuera así, significaría que el gobierno central solamente se escucha a sí mismo.

Uno se pregunta si un confinamiento más laxo, más “europeo”, hubiera sido posible. Esto requeriría otro tipo de organización, diferente al “todos iguales” (por cierto, ¿no les evoca al <<sólo veo españoles>> de Rivera? ¿Lo recuerdan?). Otro tipo de organización respetando las diferencias entre las áreas más infectadas de las que menos, las de las zonas muy densamente pobladas de las despobladas, respetando la diferente vulnerabilidad según edades, etcétera. Es evidente que está organización sería mucho más compleja, esto está claro, pero ¿no pagamos a los políticos para ello? ¿No disponen de tiempo para pensar, elaborar alternativas, sopesar propuestas? Ni siquiera la execrable oposición de las derechas se ha dignado a ello, sino al acoso y derribo patrio. ¿Por qué?

¿Y si fuera (uno no sabe, sólo pregunta) que este Estado España tan glorioso, con la “mejor sanidad del mundo”, estuviera en bancarrota? ¿Que lo mejor es tener todas las ovejas, todas iguales, en el redil muertas de miedo, informadas a conveniencia por militares y otros uniformados? ¿Que se trata de que no miren más allá, que no duden del Estado (que es una vaca lechera para tantos) y que piensen, no sé, que el virus le tiene manía a los españoles o, mejor, que no piensen? ¿Qué no piensen, por ejemplo, que entre unos y otros han desvalijado las arcas sufragadas con nuestros impuestos? La corrupción no es algo abstracto, y ahora parece que nadie se acuerda de ella.

Naturalmente, hasta de aquí unos meses, nadie podrá comparar las políticas de cada país con la eficiencia del resultado. Entonces, tal vez se dará que tal dureza en el confinamiento estaba justificada, y celebraremos las vidas salvadas. Pero, si se da que no, si resulta que unas cifras globales y establecidas demuestran que las razones del “todos iguales” eran políticas y no sanitarias, ¿alguien se acordará? ¿O estaremos sumidos en tal crisis que ya nadie pensará en ello?

No se trata de criticar el gobierno por lo que hace, sino de determinar por qué lo hace de una manera concreta y de exigir una explicación al modo establecido. Tras años de escuchar cómo nos dicen que España está tan descentralizada, que es de facto un estado casi federal, de que se menosprecie a los que decimos que los sucesivos gobiernos actúan como si lo capitalino fuera siempre el todo; lo primero, y lo segundo, y lo tercero, ha sido centralizarlo todo, meternos a todos bajo la bandera del <<los españoles, unidos, venceremos>> y auspiciarlo con la presencia de los militares (hasta el rey visitó no sé qué vestido de camuflaje). Ha sido una oportunidad perdida para hacernos creer que otro país era posible, que lo capitalino no es siempre un ordeno y mando. Y, además, con Podemos en el gobierno… vaya alternativa a lo que ha hecho siempre el gobierno de Madrid. Y hay suficientes incoherencias en todo ello como para que se nos informe de una manera veraz, adulta y responsable. A no ser que lo que se quiera es ocultar a dónde nos han llevado las políticas neoliberales tanto del PP como del PSOE (y, en Cataluña, de CiU; en otras comunidades, lo desconozco), y que esto sea la causa de que todos lancen misiles y verborrea a diestra y siniestra sin enfocar la raíz del problema, la causa de un confinamiento tan estricto y sin matices: que la sanidad pública está depauperada por políticas anteriores, que el Estado está en quiebra incluso para poner parches (las Líneas ICO para las Pymes son deudas para unos y beneficios para los bancos) y que la política nacionalista y centralista es endémica a la política española gobierne quien gobierne.

Sea como sea, haber dado poder decisorio a comunidades y ayuntamientos, no parecía algo tan descabellado, y hubiera permitido aplicar políticas en función del conocimiento de las particularidades de cada territorio y de sus infraestructuras. El riesgo que luego, algunas comunidades o algunos ayuntamientos, lo hubieran hecho mejor o peor que otras comunidades u otros ayuntamientos, no debe verse como el fin del mundo, incluso nos hubiera servido para aprender de cara al futuro los resultados de diferentes propuestas. Pero claro, mejor ser “todos iguales”, no sea que alguna oveja se descarríe… o pierda la fe en la santa gloria de la unicidad patria.

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