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Conducir bajo ciertas condiciones me pone nervioso

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análisis

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Algo que me pone nervioso es conducir por carreteras estrechas de montaña.

En uno de los últimos días de mayo de 1976, mi mujer y yo íbamos camino de Granada para visitar a nuestros hijos, Ángel y Asunción, que estudiaban allí: él medicina y ella psicología. Los visitábamos cada dos semanas. La carretera de Granada era estrecha, de dos carriles, uno de subida y otro de bajada. A partir de la Venta de Cárdenas se iniciaba el peligroso Desfiladero de Despeñaperros, en ascenso sinuoso y continuo para subir al reino Nazarí. Ese día hacía mucho calor.

Cuando estábamos llegando a la parte más alta, en una curva vi un perro que atravesaba la calzada lentamente. Para no atropellarlo, pisé el pedal del freno de inmediato y el coche empezó a girar, dio varias vueltas sobre sus ruedas y chocó contra el talud de la derecha, esto es: en la dirección que llevábamos. Pasamos un buen susto. Nos apeamos e inspeccionamos el daño producido. La parte anterior derecha estaba abollada, el neumático y el guardabarros rotos, el amortiguador desplazado.

Una pareja de la guardia civil paró con sus motocicletas. Nos hicieron el favor de llamar a un taller desde el cual enviaron una grúa en la que montaron el coche. Fuimos delante con el conductor que nos llevó al mecánico. Un par de semanas después nos llamaron de la compañía de seguros para que fuéramos a recoger el automóvil.

Aquel día del accidente, pasé un gran susto. Desde entonces, he pasado miedo al conducir por zonas montañosas.

En una ocasión previa, siendo los cuatro hijos pequeños, al terminar nuestras vacaciones de esquí, bajábamos Asun y yo con ellos desde la estación de Formigal rumbo a Zaragoza, camino de Madrid. Los bancos de niebla que encontramos nos hicieron pasar momentos de miedo, a veces casi de pánico.

A la edad que tengo no conduzco automóviles, pero me da miedo al pasar por desfiladeros, viajar por zonas de niebla, con lluvia, o en horas nocturnas; me espanto y me pongo nervioso.

Aprended a volar. Id a un aeroclub y conseguid un buen instructor. En treinta o cuarenta horas seréis licenciados pilotos. Volar no da miedo. A lo mejor llegáis a astronautas.

Tomad cursos de navegación; compraos un yate y llevadme de navegante.

Volar y navegar no dan miedo. Si voláis, puedo ser vuestro copiloto.

Tengo un amigo astronauta – Joseph P. Kerwin – , fue el primero en llevar vino al espacio orbital.

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