El Tribunal Supremo ha venido a confirmar lo que toda España sabía ya: que el Partido Popular se lucró con Gürtel, una inmensa trama de corrupción que funcionó durante años en varias comunidades autónomas del país. Aunque el alto tribunal matiza la sentencia en primera instancia de la Audiencia Nacional y cuestiona el término caja B del PP, ya no cabe duda de que aquello fue real, no una invención del juez Baltasar Garzón, ni de la Fiscalía, ni de los amiguetes policías de Rubalcaba, que en paz descanse, tal como insinuaron en su momento las gentes de Rajoy. La verdad jurídica ha terminado imponiéndose en toda su crudeza, aunque habrá que estar preparado para escuchar cómo los nuevos cargos del PP casadista se inventan un universo paralelo y recurren a las mismas coartadas imposibles de siempre y esgrimen el mismo negacionismo obtuso, como que el asunto fue cosa de cuatro manzanas podridas y que el partido no sabía nada de nada. Pablo Casado es un terraplanista de la política con más imaginación que empaque intelectual y a buen seguro que ya tiene preparada una circular interna de bulos, mentiras e intoxicaciones varias a repartir entre sus subordinados para crear una realidad alternativa que nada tiene que ver con lo que dice la sentencia del Supremo. 

Más allá de la confirmación de las penas para todos los acusados −incluido el extesorero Luis Bárcenas y su esposa, Rosalía Iglesias−, del fallo se extrae que los magistrados del Supremo consideran que la alusión de la Audiencia Nacional a una supuesta caja B del partido fue arriesgada, aunque admite la existencia de una contabilidad paralela, es decir, en negro. También queda claro en la resolución del alto tribunal que si el PP hubiera devuelto el dinero con el que se lucró habría evitado estar presente como “partícipe a título lucrativo” en el juicio contra la red corrupta liderada por Francisco Correa. Génova 13 tuvo la opción de reintegrar el dinero de las comisiones y sobornos obtenido ilícitamente por destacados miembros del partido y no lo hizo. Ese pecado le acompañará siempre. En ese punto de la sentencia del Supremo es donde está la clave y el filón que Casado va a querer explotar hasta la extenuación. Efectivamente, la alusión a la ‘caja B’ y la condena del PP a título lucrativo fue incluida por el magistrado José Ricardo de Prada en la sentencia de la Audiencia Nacional. Aquel matiz provocó un auténtico terremoto político: la moción de censura contra el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. La polémica metáfora de la caja B fue utilizada para destacar que el PP contaba con una “estructura financiera y contable paralela a la oficial existente al menos desde el año 1989, cuyas partidas se anotaban informalmente, en ocasiones en simples hojas manuscritas”, en los conocidos como “papeles de Bárcenas”. Si eso no es una caja B, se parece mucho, pero el Tribunal Supremo ahora se la coge con papel de fumar, corrige a la Audiencia Nacional y recuerda que la condena como partícipe a título lucrativo contra el PP es compatible con el hecho de que no considere necesario hacer alusiones a una supuesta ‘caja B’ en la formación conservadora. “Los terceros partícipes a título lucrativo no son culpables sino solo responsables civiles, lo que implica que si las cantidades recibidas hubieran sido reintegradas antes del juicio, su presencia en el mismo no hubiera sido necesaria, al estar extinguida su obligación civil”. Es decir, el “beneficiario no solo no participó en el delito sino que desconoció su comisión”, aunque sea civilmente responsable.

Parece evidente interpretar que con caja B o sin ella, a sabiendas o por omisión, el Partido Popular terminó lucrándose y aunque la responsabilidad derivada no es penal sino civil, Génova sí debe devolver lo que se llevó indebidamente en comisiones y donativos de empresas amigas del partido. Esa es la gran verdad que queda de todo este feo asunto. No obstante, Casado va a aprovechar el matiz jurídico, la controversia jurídica alrededor de la metáfora sobre la caja B, para invocar la absoluta inocencia del PP y de paso para invalidar políticamente la moción de censura que terminó con la salida de Mariano Rajoy por la puerta de atrás de la historia −en realidad por la puerta de un conocido restaurante madrileño, que es donde pasó la mayor parte del tiempo mientras el Pleno del Congreso de los Diputados debatía y votaba el futuro de España− y con un bolso, el de la entonces vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, ocupando el escaño del presidente. Cabe sospechar que el siguiente paso de Casado va a ser esgrimir la sentencia del Supremo para decirle a la opinión pública: ¿Ven ustedes como éramos absolutamente inocentes y teníamos razón en que el Gobierno de Sánchez es un Gobierno ilegítimo porque surgió de una moción de censura injusta? De hecho, ayer mismo el PP ya ponía los cimientos de este nuevo montaje exculpatorio al asegurar que Pedro Sánchez promovió una operación de acoso y derribo contra el Gobierno popular basada en “fundamentos no acreditados”, como es la inexistente caja B del partido. En esa línea va el último tuit de Ana Pastor: “Se confirma lo que hemos defendido siempre. Moción de censura al presidente Rajoy: injusta a sabiendas”. En realidad, nunca hubo una moción más urgente y necesaria porque, existiese o no físicamente la dichosa caja B, la contabilidad paralela en el PP está sobradamente acreditada, como también ha quedado probado que el PP era un partido carcomido de chanchullos y corruptelas, de modo que merecía pasar a la oposición (la mayoría del Parlamento así lo entendió).

Mal haría Casado, por tanto, en tratar de convencer a la opinión pública de que el caso Gürtel fue un montaje, algo que nunca existió. Los hechos están ahí, las fuertes condenas para todos los encausados también y además ha quedado ratificado por dos veces que si bien el partido pudo no ser conocedor de la trama es cierto que se lucraba con los fondos que manejaban los condenados –tanto empresarios como políticos− y que no hizo nada por cortar el grifo de dinero negro. De ahí su grave responsabilidad y su obligación de devolver el botín del saqueo. Está fuera de toda duda, porque así lo considera acreditado el propio Supremo, que entre 1999 y 2005 (primera época de “Gürtel”) se tejió entre el grupo empresarial de Francisco Correa y el PP una estructura de colaboración estable y consistente. La red corrupta consistía en la prestación de múltiples y continuos servicios relativos a viajes y a la organización de eventos dentro de la normal actividad del partido en las comunidades de Madrid y Castilla y León, en el ayuntamiento de la capital de España y en los municipios de Majadahonda, Pozuelo de Alarcón y Estepona. Esa es la gran verdad, esa es la inmensa mancha que Casado no podrá desinfectar ni con toneladas de gel hidroalcohólico. De modo que lo mejor que podría hacer es pedir perdón a los españoles por tantos millones despilfarrados y malversados. Lamentablemente, no nos encontramos ante un hombre racional y sensato sino ante un hooligan, un kamikaze de la política que se toma los graves problemas del país como un juego de niños, alguien que jamás tiene el valor y la gallardía de reconocer los errores y crímenes del partido. Pese a toda la basura que ha salido del caso Gürtel, el jefe de la oposición dará la vuelta a la verdad una vez más (es experto en retorcerla a su antojo) para que el PP quede como un partido limpio de polvo y paja. Un santuario de limpieza, honradez y honestidad donde nunca ocurrió nada de eso que están diciendo los jueces.

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1 Comentario

  1. A la vista de la sentencias; Correa 51 años, Ortega 38, Crespo 37, Bárcenas 33, López 31, etc, etc, las decenas de diarios y centenares de articulistas nacionalistas y de izquierda que llevan décadas pregonando que la justicia está «controlada» por el PP deberían pedir disculpas.

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