castellano

Si aspiraban a tener en sus manos la guía definitiva que solventara esas dudas que les atenazan sobre el español o el castellano, la lengua que hablan 400 millones de personas en todo el planeta, olvídense. Sólo existe una receta mágica: leer, leer sin descanso, y sin miedo. No tengan en cuenta lo que Cervantes tomó por ley para arrancar con su Quijote: “Y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro”. Leer es, amigo Sancho, de lo poco que en esta vida puede engrandecernos como personas.

Esta es la conclusión a la que también llegan Florentino Paredes, Salvador Álvaro y Luna Paredes, autores de Las 100 dudas más frecuentes del español, editado por Espasa y el Instituto Cervantes, digno heredero de aquel Las 500 dudas más frecuentes del español. En esta ocasión se estrecha el foco y se comienza, como debe ser, por el principio, resolviendo la primera incógnita que a todos nos asalta respecto a nuestra lengua materna: ¿Cuál es el nombre de la lengua: castellano o español? La respuesta no admite dudas: ambas, porque la primera acepción se refiere a la región española en la que nace esta variedad lingüística, y con el nombre de español, igual que con lengua española, “se enfatiza el país en el que esta lengua se generaliza y desde el que se extiende después por el resto del mundo”.

Ante la falta de normas fijas en el uso de b o v, g o j, o h o sin ella, se recomienda “adoptar una actitud vigilante sobre nuestra ortografía”

Y si quieren encontrar la piedra filosofal para aclarar cuándo escribir una palabra con b o con v, ríndanse también a la evidencia, porque no existe una norma fija que nos guíe. Tampoco respecto a escribir con g o con j o con h o sin ella. Los autores de este interesante libro de consulta confirman que “en español no existe una correspondencia biunívoca entre los fonemas y las letras que los representan”.

Por tanto, visto que no hay milagro al canto, el que se precie de usar correctamente esta lengua de 400 millones de almas debe “adoptar una actitud vigilante sobre nuestra ortografía, preguntarnos si aquello que escribimos tiene la forma correcta”. Si la duda persiste, aún queda el recurso de acudir a estas cuatro herramientas y estrategias válidas: el diccionario, las reglas de ortografía, el principio de analogía y, en último lugar, sustituir por un sinónimo si la situación se vuelve insostenible.

 

La médica antes que la médico

Otras dudas lingüísticas frecuentes que asaltan a los usuarios de la lengua española son las que se refieren a cuestiones de género: ¿Es mejor decir la médica que la médico? ¿O es preferible usar la doctora? La respuesta en este caso es clara: “Cuando un nombre de profesión u ocupación admite las dos terminaciones para marcar el género, debemos usar el femenino para los casos en los que nos referimos a la mujer que ejerce dicha actividad”.

Y para todos aquellos que van de sobrados por la vida creyendo que llevan un diccionario insertado en el cerebro de la que limpia, fija y da esplendor, aquí una duda que echará por tierra muchas vanidades: “El pescado, ¿lo he freído o lo he frito?”. “El libro, ¿está imprimido o está impreso?” ¿proveído o provisto? Ambas formas valen en cada caso.

Esto en cuanto a su uso como participio, pero como adjetivo es preferible recurrir a las formas irregulares en los casos de “impreso” y “provisto”, mientras que en el de “frito” esta es la única forma válida.

Y así hasta resolver un centenar de dudas de todo tipo, que no son pocas. Un libro sumamente útil, ágil y muy divertido de leer aprendiendo a usar correctamente el bien más preciado que puede tener una persona, su lengua, aquella que permite la comunicación y el entendimiento.

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