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¿Cómo viven o mueren las democracias?

Jorge Zavaleta Alegre (Lima)
Corresponsal en Latinoamérica
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Norte América vive un  acelerado clima que exige cambios de reglas en su Democracia, cuidando de no provocar  reacciones  de quienes  consideran que la  actualización de su  Constitución fundacional es socavar la historia y el futuro de uno de los  países líderes del planeta.

EEUU, como gran parte del mundo, América, desde Alaska hasta la Patagonia,  han dejado de ser territorios rurales para convertirse en ciudades que intercambian  acciones entre  jóvenes innovadores, de  múltiples  corrientes migratorias, en un mundo global,  amenazado por pandemias y  estructuras económicas tan desiguales que  socavan  la vida.

Explicaciones claras y sencillas a estas inquietudes se encuentran  en  las opiniones   de Steven Levistky y  Daniel Ziblatt,  de la universidad de Harvard, en su libro How Democracies (“Cómo mueren las democracias”) publicado el  2018. Con  la accidentada renovación del presidente republicano de los EEUU, se advierten: “Las señales alarmantes que ponen en riego la democracia”.

Levistky y Ziblatt  motivan más de una reflexión y diálogos con  diferentes medios. Armin Pfahl-Traughber de la BBC,  comenta sobre la evolución e involución de los partidos políticos  y la necesidad de tomar en consideración lo que sucede en el seno del partido Demócrata, que a partir del 20 de Enero retorna al poder, en medio de gran expectativa pero también con acciones golpistas, muy parecidas a la América Latina en su tiempo de dictaduras.

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Las páginas dedicadas al poder, después de un penoso intermedio del cuestionado gobernante que deja el poder el 20 de enero, la figura de Bernie Sanders, candidato a la presidencia en el congreso interno  del partido demócrata, provocan más de una reflexión por los avances  de su partido en el futuro: «Los republicanos han ganado el voto popular en las elecciones presidenciales solo una vez en los últimos 20 años y sin embargo han controlado la presidencia por 12 de esos 20 años».

En EEUU, quien gana el voto popular en las elecciones no necesariamente llega a la presidencia, como le pasó a Hillary Clinton en 2016.  Trump, se erigió victorioso porque consiguió más votos en el Colegio Electoral.

Este sistema electoral, con  200 años de antigüedad, le ha otorgado en los últimos tiempos una ventaja no intencional al Partido Republicano, pese a que la última vez que este partido consiguió la mayoría de los votos fue en 2004 con la victoria de George W. Bush.

Esta observación tan importante de Bernie Sanders, actual senador Demócrata, quien a sus 74 años fue el principal contrincante de Hillary Clinton para convertirse en el candidato presidencial por los demócratas.

Hijo de inmigrantes judíos de Polonia,  nació en Queens, ciudad de Nueva York. Cuando aún estaba en la escuela, se convirtió en miembro de la Liga Socialista de la Juventud. Se declara  orgulloso de ser judío, pero se opone a la idea de que su judaísmo implique alguna identidad religiosa especial. De todos modos ha reconocido que, para él, el éxito electoral de Hitler y el posterior aniquilamiento de judíos han significado una enseñanza acerca de lo importante que es involucrarse en política.

El tema favorito de Sanders es la creciente desigualdad social, que ha permitido que los 400 ciudadanos estadounidenses más acaudalados tengan una riqueza superior a la de los 150 millones más pobres.

Mientras algunos trabajan cada vez más horas para obtener un salario real en permanente declive, otros siguen concentrando la riqueza y el patrimonio del país. Para contrarrestar estas tendencias, Sanders propone una reforma fiscal integral, que aumentaría la carga sobre las personas de altos ingresos y la reduciría en las clases medias y bajas.

 También busca reducir el poder de los multimillonarios, ya sea limitando su influencia en los medios o regulando de manera más estricta sus contribuciones de campaña; con respecto a este último frente, recuerda a los votantes cuáles son los peligros que conlleva la actual tendencia, que permite a las personas más ricas comprar candidatos y elecciones.

En el análisis de Sanders, se trata de un riesgo tanto para la democracia política como para la seguridad social. Esta actitud explica, entre otras cosas, su rechazo a los acuerdos comerciales que sólo sirven para ayudar a grandes corporaciones estadounidenses a obtener mayores ganancias. Aunque esos acuerdos favorezcan la realización de negocios millonarios, aumentan el desempleo y el dumping salarial en el plano interno. A su vez, en la mayoría de los casos, Sanders optaría por una postura más moderada en materia de política exterior.

Advierte que la creciente desigualdad social,  ha permitido que los 400 ciudadanos estadounidenses más acaudalados tengan una riqueza superior a la de los 150 millones más pobres. Mientras algunos trabajan cada vez más horas para obtener un salario real en permanente declive, otros siguen concentrando la riqueza y el patrimonio del país. Para contrarrestar estas tendencias, propone una reforma fiscal integral, que aumentaría la carga sobre las personas de altos ingresos y la reduciría en las clases medias y bajas.

Plantea que  los ciudadanos deben tener la posibilidad de asistir a la escuela e incluso a la universidad sin pagar una matrícula, y el seguro universal de salud debe atender sus necesidades en dicho campo. Cada año, decenas de miles de estadounidenses mueren porque no tienen dinero para ser tratados por un médico.

En otros aspectos políticos, también busca reducir el poder de los multimillonarios, ya sea limitando su influencia en los medios o regulando de manera más estricta sus contribuciones de campaña; con respecto a este último frente, recuerda a los votantes cuáles son los peligros que conlleva la actual tendencia, que permite a las personas más ricas comprar candidatos y elecciones.

La discusión sobre poner fin al Colegio Electoral es contenciosa y desde la academia hay quienes consideran que es importante que las instituciones no favorezcan a las mayorías para preservar la democracia.

Los expertos de Harvard contra argumentan: «Estamos de acuerdo, pero (…) un sistema político que repetidamente permite que un partido minoritario controle las oficinas más poderosas en el país no puede permanecer en la legitimidad por mucho más tiempo».

El problema principal actualmente es que nuestras instituciones están diseñadas para favorecer a zonas rurales y territorios escasamente poblados. Ese siempre ha sido el caso y nos hemos regido bajo estas instituciones por más de 2 siglos.

Esto no era terriblemente problemático durante la mayor parte de nuestra historia porque no tenía un efecto partidista, no beneficiaba a un partido o al otro porque ambos tenían un ala rural y un ala urbana. Ha sido a partir del siglo XXI que los republicanos se han convertido en un partido rural de territorios escasamente poblados, los llamados estados rojos. Y los demócratas se han convertido en el partido de las ciudades grandes.

Esto significa que, sin tener la culpa, los republicanos ahora tienen una ventaja, un beneficio, un sesgo en el Colegio Electoral y en el Senado. Y como el Senado aprueba a los magistrados de la Corte Suprema, esa ventaja también impacta en la máxima corte.

“No es una democracia cuando un partido sistemáticamente gana el voto popular y pierde poder.  La forma en que se elige al presidente de Estados Unidos no refleja la realidad de un país diverso que no apoya a gobernantes como el que ha perdido las elecciones recientes pero se niega aceptar.

Usted menciona que en el sistema político estadounidense la mayoría, quien obtiene más votos de la gente, no es quien gobierna. Los republicanos han ganado el voto popular solo una vez en 20 años y, sin embargo, han gobernado la presidencia por 12 de esos 20 años. Los republicanos han ganado terreno en zonas rurales. ¿Qué ha hecho mal el Partido Demócrata

En primer lugar, los estadounidenses son muy conservadores cuando se trata de hacer reformas institucionales. La mayoría de los países del mundo, la mayoría de las democracias del mundo, incluidas aquellas en Europa Occidental, han llevado a cabo cambios significativos en sus sistemas electorales; algunas modificaciones han sido buenas, otras malas, otras innovadoras y otras problemáticas.

Pero en Estados Unidos es muy poco común, aquí tratamos a las instituciones casi como si tuviesen orígenes bíblicos. Creemos que las instituciones son intocables. ¿Estaría diciendo lo mismo si viésemos una tendencia opuesta? Si, en lugar de los republicanos, los demócratas dominaran en este régimen de minorías del que usted habla. ¿Seguiría cuestionando el sistema?

LOS JOVENES Y  MILLENNIALS  Y GENERACION Z.

Creo que son mayores los retos que vienen si persiste  el actual  sistema electoral. Vemos encuestas a votantes millennials y de la Generación Z, votantes más jóvenes de 40 años, muestran niveles muy bajos de confianza en nuestras instituciones democráticas.

Los autores de “la muerte de la democracia…” remarcan la existencia de  un gran descontento entre los jóvenes estadounidenses hacia las instituciones democráticas. Hay una representación más numerosa dentro de los blancos, generalmente jóvenes residentes de ciudades con educación universitaria, que son mucho más tolerantes a los asuntos raciales y mucho más abiertos a vivir en una sociedad diversa y con ideales de igualdad racial.

Una democracia multirracial es aquella en la que la democracia existe en el marco de una sociedad étnicamente diversa y donde todos los grupos son realmente iguales ante la ley. Los números son claros.  En la vanguardia de este cambio han estado los afroestadounidenses como protagonistas de los movimientos democráticos más importantes de los últimos 70 años. La gente mostrándonos el camino no es predominantemente blanca. Pero las cifras de la población en este país muestran que el cambio no sucede a menos que una porción significativa de la población blanca lo apoye también.

Necesitamos superar el problema de la polarización, porque la polarización intensa puede destrozar una democracia. Lo hizo en Sudamérica en las décadas de 1960 y 1970, lo hizo en Venezuela y Turquía a principios del siglo XXI. Lo hizo en Estados Unidos durante las décadas de 1850 y 1860.

Los demócratas han avanzado una agenda de reforma democrática, que fue aprobada en la cámara baja, llamada HR-1 y HR-4, que expandiría dramáticamente y facilitaría tanto el registro para votar como la votación en sí misma.

Creo que, si los demócratas consiguen el Senado y la presidencia, veremos una aprobación de esta legislación y de otra serie de pasos que hará que sea más sencillo votar. No cambiarán el Colegio Electoral, no tienen el poder para hacerlo, pero creo que esto acelerará una adaptación dentro del Partido Republicano.

Tiempos nuevos concurren para que América toda se promueva un cambio estructural y que la democracia se fortalezca optando por el mejor cuidado del planeta para beneficio de toda la humanidad. 

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