El oxiuro, popularmente conocido como lombriz, es un parásito blanco y muy delgado, que puede llegar a medir hasta 10 milímetros de longitud y que reside exclusivamente en el cuerpo humano. En concreto, se aloja en el intestino grueso y sólo es visible de noche o a primera hora de la mañana, en el área del ano y las nalgas, sobre todo en los niños de edad preescolar. Según la Asociación española de Pediatría (AEP), entre un 40 y 50% de los niños españoles entre 5 y 14 años han padecido alguna vez este tipo de parásito.

Esta lombriz se contagia muy fácilmente a través de los huevos que la hembra deposita alrededor de la zona perianal de las personas afectadas, principalmente por la noche. Los huevos, que quedan adheridos a la piel y la ropa de la zona, se trasmiten fácilmente a consecuencia del rascado, pues se depositan bajo las uñas y se perpetúa la autoinfección por transmisión fecal-oral. Además de depositarse en objetos de uso corriente, como juguetes, cubiertos, utensilios de cocina… lo que facilita la trasmisión a otras personas.

Los niños con lombrices tienen picor y dolor en la región anal o en los genitales. Este síntoma se manifiesta más a la hora de acostarse y puede producir irritabilidad, sueño intranquilo, pesadillas e incluso sonambulismo. Ante este síntoma, revisa atentamente los márgenes del ano del niño dos o tres horas después de que se haya dormido. Separa las nalgas con la mano e ilumina el área del recto con una linterna.

Las pequeñas lombrices también son perceptibles en las heces. En ocasiones, suele ser necesario un análisis en microscopio de una muestra recogida con un trozo de celo transparente a primera hora de la mañana, antes del lavado. AEP recuerda que otros problemas como dolor abdominal, falta de apetito, escasa ganancia de peso, cansancio, anemia, hiperactividad o bruxismo no tienen por qué ser atribuibles a los oxiuros.

Existen varios medicamentos que matan los oxiuros adultos tras una sola dosis, caso del Mebendazol y Pamoato de Pirantel. Sin embargo, ninguno de ellos destruye los huevos, que pueden volver a infectar al niño y a toda su familia. Es, por tanto, muy importante repetir una segunda toma del medicamento dos semanas después y tratar a todos los que vivan con el afectado. Se puede aliviar el malestar del niño sentándolo en agua tibia, durante 20 o 30 minutos, tres o cuatro veces al día, y evitándole los baños de espuma, que le pueden irritar la piel.

Para prevenir la oxiuriasis y su propagación no es necesario cambiar la dieta ni las actividades de tu hijo o de tu familia. Solo hay que tomar una serie de medidas higiénicas. Por ejemplo, la de que todos los miembros del hogar se laven bien las manos con agua caliente y jabón, frotando debajo de las uñas. Sobre todo, antes de cada comida, después de ir al baño o tras un cambio de pañales. Es una buena idea disponer de un pequeño cepillo específico para limpiar las uñas. También es importante mantener cortas las uñas de tu hijo para evitar que se rasque y, consecuentemente, se le formen llagas. Y limpiar los glúteos y el ano del afectado con agua y jabón cada vez que vaya al servicio.

Además hay que lavar las sábanas, la ropa, el pijama y las toallas que haya usado el niño el mismo día que tome el medicamento para tratar la oxiuriasis. Intenta no sacudir la ropa contaminada; de lo contrario, los huevos pueden pasar al aire y caer en otras superficies de la casa. Lava a temperatura superior a 55º y con cloro como desinfectante y tiende al sol, ya que, además de no soportar las temperaturas elevadas, los huevos de estas lombrices son sensibles a su luz.

Por último, se recomienda que el niño duerma con un pijama cerrado para que no pueda rascarse durante la noche, y reducir así el riesgo de pasar los huevos de oxiuro a manos y a sábanas, y desinfectar los inodoros de tu hogar con lejía y agua caliente.

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