Boris Pérez recibió un cargo de su banco. Con fecha 30 de junio le cobraban 7,50 euros de comisión en concepto de mantenimiento. Nadie le había hablado de esa comisión. Era nueva. Por lo menos debían haberle advertido con antelación en vez de cobrarla sin avisar. Fue a ventanilla a reclamar. Le explicaron que había sido una orden para todos los clientes y que si no estaba de acuerdo podía poner una reclamación al propio banco, o llevarse la cuenta a otra entidad o ambas cosas.

Decidió poner la reclamación en el banco. Al poco tiempo le contestaron que era una decisión de la entidad y que le habían cobrado esa comisión a todas las cuentas. Le daban opción de reclamar a la oficina de atención al cliente y así lo hizo. Obtuvo la misma respuesta. El banco se mantenía en sus trece. No obstante le indicaron que podía dirigirse al Banco de España.

Preparó toda la documentación y la envió al Banco de España. El tiempo seguía pasando y obtuvo una respuesta: el Banco de España admitía su reclamación y se la enviaría a su banco para que diera explicaciones. Esta vez fue distinto. Su banco le respondió reiterando que Boris no tenía razón, pero que como era un cliente distinguido y no iban a discutir por 7,50 euros, reponían ese dinero en su cuenta y daban por cerrada la reclamación.

Boris meditó lo sucedido. Pongamos el caso de que su banco tuviera un millón de clientes cada uno con una cuenta corriente. Supongamos que este banco decide, sin previo aviso y con fecha 30 de junio, cobrar una comisión de 7,50 euros a cada cuenta por el mantenimiento de los seis meses que ya han pasado. Una comisión injusta porque no se avisó con antelación.

El banco recauda así 7,5 millones de euros y sabe que un porcentaje muy pequeño de clientes protestará. También sabe que un número todavía más pequeño presentará una reclamación por escrito ante el banco, que será desestimada para que solo unos pocos clientes tengan la paciencia de llegar al Banco de España. Así que estos 7,5 millones de euros, tienen un coste muy pequeño para el banco porque solo unos cuantos clientes reclamarán y otros cuantos cambiarán de banco. El negocio es redondo.

Boris decidió recomendar a todas sus amistades que si les llega una comisión nueva por mantenimiento, por gastos de correo, o por cualquier otro motivo: que reclamaran. Es la única defensa que tenemos contra la situación. Es gratis. Sólo cuesta tiempo, pero al banco también.

El principal problema siempre es cambiar de banco, por el engorro que supone el traslado de los recibos y demás. La solución que se le ocurre a Boris es la portabilidad de las cuentas, igual que ocurre con los móviles. Si se pudiera cambiar de banco como de compañía telefónica, conservando el número de cuenta, seguro que se pensarían más estas comisiones. La solución es sencilla, pero Boris sabe que no hay mucho interés en ponerla en práctica.

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Profesor Titular de Universidad de la Universidad de Cádiz, en el Departamento de Estadística e Investigación Operativa, adscrito a la Facultad de Ciencias del Trabajo. Ha sido Vicerrector de Alumnos de la Universidad de Cádiz (desde el año 2003 hasta el 2013) y Vicerrector de Responsabilidad Social y Servicios Universitarios de la Universidad de Cádiz (desde 2013 hasta 2015). Durante estos doce años, ininterrumpidamente, ha tenido entre sus competencias el Área de Deportes de la Universidad de Cádiz. Ha promovido la creación del Aula Universitaria de Fútbol de la Universidad de Cádiz, y en estos momentos ocupa el cargo de Director del Aula de Fútbol. Tiene el título de Entrenador Nacional de Fútbol con Licencia UEFA-PRO. Ha entrenado en las categorías Infantil y Cadete del Cádiz C.F. desde el año 2010 hasta la actualidad. Además, en el Cádiz C.F. ocupa el cargo de Coordinador de Delegados y Auxiliares de Fútbol Base desde el año 2014.

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