Ahora que recordamos lo que algunos seres humanos fueron capaces de hacer en los campos de exterminio, en el Guadalquivir sin ir más lejos, con una tristeza honda me doy cuenta de los riesgos de la dejadez intelectual, de la necesidad de abandonar toda certeza absoluta más allá de nuestras cabezas paranoicas, donde quizá sea necesario autoengañarse con ese tósigo adictivo para poder resistir la rebeldía de la realidad: incontrolable.

Pienso en la España de 1935, cuando se estaba creando el clima pero aún no había ni leyes ni cartas blancas para aniquilar, salvo los delincuentes que en todo momento abundan. Miro a mi alrededor, haga usted lo mismo, y probablemente entonces alguien hizo igual: miró a su alrededor. Si conociéramos el futuro inmediato y viniera un conflicto podríamos acusar a gente de los crímenes que van a cometer. Esto, claro, es un imposible y tampoco tiene sentido crear un caldo censor de “precriminalidad” orwelliana. No, pero como ejercicio mental deberíamos preguntarnos por las causas que llevan a una persona a pasar de la ciudadanía cotidiana al ejercicio de la violencia institucionalizada contra los demás: el Comisario.

Pienso en los destinos cruzados de Ángela Figuera Aymérich y José Pulido Rubio, que coincidieron en el Instituto de Bachillerato La Rábida en Huelva en 1934, supongo que conversarían y participarían en el Claustro y lo diario. Aquélla depurada, perdió su plaza de funcionaria catedrática de bachillerato y hasta su título universitario; éste fue formador nacionalcatólico, vocal y secretario de la famosa Comisión C de depuración de desafectos, censor cívico-militar, participante en comisiones de incautación y se jubiló como secretario del instituto con todos los parabienes y subidas de sueldo posibles en la última etapa de su carrera. Ambos son epónimos de sendos institutos hoy, pero se me antoja una cierta injusticia ética y desde luego (que alguien lo revise): una ilegalidad con las normativas actuales de Memoria Histórica. Me sobrecoge pensar que estuvieron juntos, que él no habría dudado en plasmar su firma para arruinar la vida de ella.

Miro a mi alrededor y me pregunto: qué convierte en Comisario a una persona. Juan Ramón Jiménez, intelectualmente más cercano a Figuera que a Pulido (incluyan la humanidad), defendía la necesidad de permanecer “¡Alerta!” como forma de honradez y coherencia vital, es decir: poner por encima la autocrítica, la formación, la profundización en lo humano antes que en buscar el defecto de los demás, procurar la excelencia propia, individual, para así componer una sociedad poliédrica, libre, compleja, múltiple… mejor, porque si no, la verdad absoluta funciona como horma para cortar, amputar, depurar todo lo sobrante, lo que sobresalga del molde de lo supuestamente verdadero.

Pulido Rubio no mataría a nadie, no lo sé, supongo que fue un mediocre incapaz de ser consciente de los peligros de su tiempo pero capaz de todo para defender su miserable vida propia, su visión de una realidad que acababa en los límites de sus gafas. Esa ignorancia paleta es peligrosísima, suele ser extremadamente cobarde pero si le das la posibilidad de mandar, de firmar, de depurar… en circunstancias de riesgo no moverán un papel, nada, pero si les das poder esa gentuza convencida no dudará, no le temblará el pulso para lo que estimen correcto, de orden.

Intelecto es duda; la verdad, como la utopía, pueden ser los motores inmóviles de nuestras vidas pero jamás un criterio para clasificar a los demás. Me dan igual el estalinismo que el franquismo hitleriano, el peligro es la mediocridad, la estupidez elevada a normalidad… ésa es la gente a la que temer y, mirando a nuestro alrededor, ¿no son más cada vez en todos los ámbitos?, ¿no tendemos a pensar más cada vez con esa tensión?

La moderación pide política, debate libre (sin censuras previas, que son inconstitucionales). La radicalidad exige uniformidad, bloques, masa. Aíslese de la mierda que nos rodea, preguntémonos, hacia dónde vamos… quiénes formarán el Comisariado de este futuro de conflicto que nos aguarda afilando la guadaña.

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Francisco Silvera. Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -Libro de los silencios (2018) -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es. Libro de los silencios ha sido galardonado por el jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 en la modalidad de relatos.

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