El pasado 16 de octubre de 2019 tuvo lugar en Madrid una manifestación de protesta por la sentencia condenatoria a los líderes independentistas catalanes. Cientos de personas se congregaron en la céntrica plaza de la Puerta del Sol.

Allí estuvimos con Diario16.com

Al llegar a la manifestación pudimos ver cómo se acababa de producir un intento de agresión por parte de pequeños grupos fascistas que estaban alrededor de la plaza.

Eran un pequeño grupo de ultra derecha que terminó por situarse en la Calle Arenal, justo en el acceso hacia la Puerta del Sol. Allí una fila de policía nacional montada a caballo les plantaba cara y marcaba la línea del grupo de ultras. No sería más de veinte. Todos llevaban símbolos nazis, franquistas y no paraban de gritar e insultar a la policía.

Pude hablar con uno de los agentes uniformados y preguntarle si lo que estaban diciendo y haciendo no era motivo como para tomar medidas, porque su actitud parecía amenazante, y anunciaban que iban a agredir a quienes estaban tranquilamente en la puerta del Sol. El agente nos explicó «off the record» que esos nazis que veíamos eran perfectamente conocidos por la policía. Y que en caso de detenerles, saldrían inmediatamente a la calle porque algunos tenían contactos muy fuertes, «sus papás» en algunos casos.

Mientras tanto, en la plaza, también se avisaba a las personas que habían acudido (muchísimas, pues estaba la plaza llena), de que tuvieran cuidado al marcharse, pues los grupos de ultraderecha que estaban en las calles colindantes seguramente querrían generar problemas. Así puede verse en este video que refleja perfectamente el ambiente de aquel día. Se hizo un llamamiento expreso a «no caer en la trampa».


Al terminar la concentración, la plaza quedó prácticamente vacía y todos nos marchamos, algunos a casa, otros a tomar una caña alrededor de la Puerta del Sol, como es tradición. Comenzaron los altercados por las zonas cercanas y los enfrentamientos de grupos reducidos con la policía.

Esa tarde se produjeron altercados en zonas del centro de Madrid. Una de ellas, en la plaza de Canalejas, donde se produjeron altercados y disturbios.

Daniel Gallardo estaba esa tarde junto a Elsa Vilks por la zona, tomando unas cervezas, según su versión. No acudieron a ninguna manifestación y se encontraron con todo el revuelo producido en la plaza Canalejas. Salieron corriendo hasta llegar a la la Calle de Rollo, donde se produjeron cargas policiales. Según la versión de Dani, la policía agredió a Elsa y él intentó protegerla poniendo su cuerpo en medio. Terminaron los dos detenidos.

Al día siguiente, la juez determinó libertad con cargos para Elsa y prisión provisional sin fianza para Daniel Gallardo, acusándole de haber agredido a un agente con un bastón que llevaba un clavo. La Fiscalía pide para Daniel seis años de prisión imputándole atentado contra la autoridad agravado por ser con un objeto peligroso, desórdenes públicos y un delito de lesiones leves.

Elsa fue acusada de un delito de desórdenes públicos agravado por cometerse en un contexto de manifestación, por lo que la Fiscalía solicita para ella dos años de prisión. Se exige además una indemnización de 3.523,67 euros al Ayuntamiento de Madrid por supuestos daños en el mobiliario urbano.

Según el abogado de la defensa, se solicita la absolución de los dos acusados porque la acusación solamente se sustenta en la prueba testifical de dos agentes antidisturbios «que está llena de contradicciones e incongruencias» y ante tal situación, alega que debe prevalecer la presunción de inocencia.

Además, el abogado ha señalado que presenta como prueba el testimonio de dos peatones que presenciaron la detención de los jóvenes mientras paseaban por la Plaza de la Villa.

También ha explicado el abogado de los acusados que se ha presentado como prueba el parte médico del SAMUR, servicio de Urgencias de Madrid, que detalla que Daniel y Elsa fueron atendidos a las 22.30 horas en la calle Rollo tras haber sido detenidos y que el parte relativo a las lesiones del agente herido se refiere a una hora antes en la Puerta del Sol.

Sobre los daños al mobiliario urbano se alega que no corresponden al recorrido que Daniel y Elsa efectuaron esa noche. Por lo que parece, tampoco hay pruebas que puedan determinar la autoría de los dos acusados en los desperfectos.

Según publica Vilaweb, la Fiscalía habría ofrecido a los acusados la rebaja de la petición de la condena en caso de haberse declarado culpables, algo que no se ha producido, ya que en la declaración que ha tenido lugar esta mañana, Daniel Gallardo mantiene su declaración inicial considerándose inocente de los hechos que se le imputan.

Ante las preguntas de la Fiscalía, Daniel ha negado haber participado en la concentración que tuvo lugar en la puerta del Sol esa tarde en solidaridad de los presos políticos catalanes. Afirma que tampoco estuvo presente en los altercados que se produjeron en la Plaza Santa Ana. Ha negado haber lanzado objetos a la policía, haber usado un palo ni haber agredido a los agentes. Elsa sostiene la misma versión. Los dos han explicado que estaban tomando unas cervezas en el momento en que comenzaron los incidentes y que salieron corriendo «por miedo» cuando comenzaron las cargas de los antidisturbios, momento en el que Elsa sufrió un ataque de ansiedad y tuvo que parar, momento en que fue atrapada y golpeada por los agentes hasta su detención.

La versión de la fiscalía sostiene que tanto Daniel como Elsa estaban en el grupo de unas ochenta personas en la Plaza Canalejas, que «llevaban palos» y «lanzaban adoquines» y que «causaron desperfectos en el mobiliario urbano y agredieron a otros peatones». Explican que, cuando los agentes cogieron a Elsa, que según esta versión «habría participado junto con la masa violenta en numerosos daños al mobiliario público y en las agresiones a los peatones», Daniel Gallardo habría agredido en la cabeza a un agente con un palo en el que había un clavo insertado.

Según la defensa de los acusados la única «prueba» del arma es una fotografía que habría sido tomada ya en dependencias policiales del palo clavado en el casco y que habría sido publicada por el Diario El Mundo.

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