Clase de Historia

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En nombre del humor, las barbaridades proclamadas han sido numerosas al igual que pavorosas. ¡Qué sensibilidad! ¡Cuánta exageración! ¡Menudo poco sentido del humor! ¡La intención no era esa! Creen que los colectivos más vulnerables hemos editado un manual de instrucciones para dirigirse a nosotros. Por tener, no tenemos ni siquiera la palabra “respétame” tatuada en la frente para recordársela a más de uno.

Dirán que la ofensa y el humor que no gusta forman parte de la libertad de expresión. Eso al menos debieron pensar en Interconomía hace unos días. “¿Eres gay o heterosexual? Una máquina puede adivinarlo con una foto”, reza el comienzo de lo que parece ser un sketch. Oye, qué fácil, y nosotros cohibiéndonos en fiestas y discotecas para evitar recibir un puñetazo por sonreír o saludar a la persona equivocada.

Varias personas del equipo del programa Gracias por nada sonríen a cámara para conocer su orientación sexual. Como si una máquina tuviera que decírsela. Como si no hubiera más opciones que gay o heterosexual. Después de 1 minuto desconcertante en el que no ser gay se celebra con cánticos como “yo soy español, español, español” o “claro, si soy del Atleti”, le toca el turno a Eduardo García Serrano.

Recordemos el historial de García Serrano, que la memoria es muy puñetera. En 2006 llamó “maricón” a Pedro Zerolo y “maricona vieja” a Antonio Gala. Cuatro años después, “zorra repugnante”, “guarra” y “puerca” a Marina Geli, antigua consejera de salud en Cataluña.

La voz en off se resiste a darle un veredicto a Eduardo. El presentador, José Antonio Fuster, amenaza con enterrarla en “una fosa en el Valle de los Caídos”. Finalmente, la máquina revela el resultado: “Eduardo García Serrano es falangista”. El susodicho se jacta de ello y celebra que no es homosexual: “bien jugado, teléfono móvil”. Alza su mano y sale del plató a ritmo de marcha militar.

Remontémonos atrás en el tiempo. Desempolvemos los apuntes de Bachillerato. Allá por 1933, durante la II República, surgió el falangismo en forma de partido político: la Falange Española, de ideología fascista y liderada por José Antonio Primo de Rivera. Para sobrevivir, Falange Española y las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) formaron FE de las JONS. Entre 1936 y 1937, en plena Guerra Civil, Francisco Franco estableció un Estado fascista. Sin embargo, necesitaba poner al frente a un único partido político. Así que juntó a carlistas y falangistas en el partido FET de las JONS, más conocido como el Movimiento Nacional, cuyos principios e ideología establecieron las directrices de la política interior de la dictadura hasta 1977.

¿Y qué ocurrió en el transcurso de aquellos 40 años? La vida fue una tómbola de luz y de color. En 1954, homosexuales y transexuales fueron incluidos en la Ley de Vagos y Maleantes durante 16 años. Las mujeres lesbianas eran internadas directamente en psiquiátricos. En 1970, los “actos homosexuales” formaron parte de la nueva Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social.

La dictadura se preocupó tanto por el colectivo que creó centros especializados para reeducarnos y mantenernos seguros. Vejaciones, violaciones, terapias de aversión y electrochoques para corregir nuestra “desviación”. Cárceles especiales construidas en Huelva y Badajoz y módulos habilitados en prisiones de otras ciudades españolas hasta 1979. Me pregunto si aquellos años también fueron un chiste satírico. “Esto son un falangista y un gay que se encuentran por la calle…”. Supongo que el problema es nuestro, que tenemos muy mal humor.

Y así llegamos a la actualidad, donde falangistas bromean sobre el colectivo LGBTI+ e investigadores norteamericanos amenazan nuestra privacidad. En nombre de la ciencia, también son proclamadas numerosas y pavorosas barbaridades.

Yilun Wang y Michal Kosinski extrajeron 35.326 imágenes faciales de miles de perfiles, supuestamente públicos, de una web de citas para que un algoritmo analizase los rostros y distinguiese la orientación sexual de cada persona.

Todos los individuos de su investigación son exclusivamente personas blancas de entre 18 y 40 años. Las únicas opciones son heterosexual y homosexual. Solo tienen en cuenta dos géneros. Ellos lo llaman ciencia. Yo prefiero el término chapuza.

¿Las conclusiones de la investigación? Un algoritmo informático puede detectar si un hombre es gay en el 91% de los casos y si una mujer es lesbiana en el 83%. Wang y Kosinski reconocen que, sin haber creado una herramienta que atente contra la privacidad, los métodos utilizados en el estudio suponen una amenaza para la intimidad de las personas.

De hecho, esta amenaza es una realidad en 77 países. Rusia, Singapur, Letonia, Túnez, Nigeria, Marruecos, Egipto, Uganda, India, Kenia, Emiratos Árabes, Qatar, Arabia Saudí, Irán, Siria o Sudán son ejemplos de territorios que condenan la “homosexualidad” con diferentes castigos. Multas, años en prisión, cadena perpetua… En 13 de ellos también figura la pena de muerte. Un algoritmo solo les haría el trabajo más sencillo.

Habían dejado claro que no tenemos sentido del humor. Ahora parece que tampoco tenemos visión de futuro ni de progreso. Por suerte, tenemos Historia; aquella que nos recuerda por qué hay chistes que no son humor y por qué hay investigaciones que no son ciencia.

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