Un virus tan imparable y letal como el germen detectado en Wuhan se extiende por las entrañas de Ciudadanos, amenazando con liquidar el partido definitivamente. En este caso, el peligroso microorganismo es una mezcla de división, rencillas internas, nefastas expectativas electorales, falta de un programa eficaz y ausencia de liderazgo. Es tal el extravío de la formación que a fecha de hoy (sin que la renovación de cargos se haya hecho efectiva) las decisiones las sigue tomando una gestora provisional. Como en una asociación de vecinos donde las reuniones y juntas se van aplazando por desidia y hastío.

En las últimas horas, la crisis epidemiológica que aqueja a la dirección se ha agravado ostensiblemente, alcanzando un punto de máxima tensión. El vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Francisco Igea, ha advertido a la portavoz de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados, Inés Arrimadas, de que “es época de análisis, no de chantajes”. Lo de la supuesta jefa del partido es un esperpento tras otro. Primero promueve el transfuguismo político entre las filas socialistas durante la sesión de investidura de Pedro Sánchez y ahora un compañero de filas la acusa de chantajista. Desde su llegada a Madrid, las manchas se han ido acumulando en su expediente.

“Necesitamos debate sobre ideas y estrategia. Si reducimos todo al liderazgo nos equivocamos. Si prometes participación no puedes presentarte a los militantes diciéndoles: O esto, o me voy. Necesitamos más sosiego. Es época de análisis, no de chantajes”, ha insistido Igea en Twitter.

Tras la dimisión de Albert Rivera la portavoz de Ciudadanos ha apostado por el continuismo (pese al fracaso cosechado en las pasadas elecciones generales) y por un acercamiento al PP y a Vox que no ha gustado nada a destacados líderes territoriales de Cs. Arrimadas no ha sabido resolver el asunto de su liderazgo, que no se ha cerrado tras el abandono precipitado de Rivera. En las últimas semanas le han crecido los enanos, o sea que le han salido competidores aspirantes a ocupar lo que queda de trono del partido. Ella misma ha tenido que dar la cara para garantizar que si otra candidatura gana en la pugna por la Presidencia, lo respetará y quizá arroje la toalla, ya que “no se puede separar la cabeza del corazón para ser presidenta a cualquier precio”.

Sea como fuere, la historia de Ciudadanos es la historia de un fracaso. El 28 de abril estuvo a punto de darle el “sorpasso” al PP y logró un gran éxito electoral con 57 escaños. Rivera optó por el cordón sanitario a Sánchez y el ala liberal/progresista del partido presionó inútilmente para lograr acuerdos con los socialistas. Cuatro altos cargos dimitieron casi al unísono, materializándose así la fractura y la división. El descalabro apuntaba en el horizonte. En la repetición electoral de noviembre, Rivera insistió en su estrategia frentista y perdió 47 de sus 57 diputados. Hoy, con diez escaños, Ciudadanos es un partido en descomposición no solo en su principal bastión, Cataluña (donde ni siquiera se presentó a la investidura en el Parlament tras sus excepcionales resultados) sino también en el resto del territorio nacional, ya que miles de votantes están trasvasando en masa a Vox, lo cual es una mala noticia para la democracia.

En las últimas horas la gestora de Ciudadanos ha plasmado por escrito las líneas estratégicas que definirán el rumbo del partido para los próximos cuatro años y con las que pretende reflotar su mal resultado de las últimas elecciones generales, según informó ayer el diario El País. “La ponencia enviada a los miembros del consejo general del partido, de 19 páginas, reivindica que su espacio político es el centro liberal progresista frente al auge de los populismos de izquierda y derecha”. Una declaración de intenciones que ya no cuela porque Ciudadanos se ha convertido en un partido aquejado de un extraño desdoblamiento de personalidad donde una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace, es decir, una cosa es su canto poético y apasionado para recuperar el centro y otra su movimiento constante para “arrimarse” a la extrema derecha (nunca mejor dicho lo de arrimarse).

Ahora el partido apuesta por llegar a acuerdos con los “constitucionalistas”, colocándole de nuevo el maldito cordón sanitario al “sanchismo”, una táctica ya fracasada puesto que el proyecto nació como bisagra para llegar a acuerdos, no como partido muleta de la derecha, y mucho menos de la ultraderecha.

“Ciudadanos es la casa grande del constitucionalismo y no dejará de tender puentes y apelar a los grandes acuerdos entre constitucionalistas para no tener que depender de populistas ni nacionalistas”, asegura el nuevo texto programático repleto de pompa y circunstancia.

Pero más allá de las frases grandilocuentes que no convencen a nadie, lo que parece estar en la cabeza de Arrimadas es un intento de acercamiento al PP como tabla de salvación, una solución que con la lógica en la mano no serviría para reforzar al partido naranja sino para terminar de convertirlo en alfalfa y pasto para los populares. La coalición acabará en fusión, el Partido Popular fagocitará a la formación de Inés Arrimadas y todo habrá concluido. Hoy se ve que fue una mala idea firmar pactos con los ultras para sustentar los gobiernos autonómicos de Madrid, Andalucía y Murcia. Aquel fue el momento crítico del contagio, cuando los naranjas agarraron el virus. En este caso un virus verde llamado Vox, un ente mortal que muta a una velocidad de vértigo, como el mal chino de Wuhan, y que ha terminado por devorar a Ciudadanos.

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1 Comentario

  1. Esta veleta que están en un precipicio ahora quieren aliarse Al pp para ver si salva unpuestecito para segir viviendo del cuento
    Y ahora cuando ya no quedan del partido ni ascuas nunca mejor dicho para arrimarse losque decían que venían a la política para cambiar las cosas de cambiar nada de nada y van con un pp el más corrupto de europa

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