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Donald Trump y el liderazgo, pareja irreconciliable

Moisés Ruiz
Profesor de Liderazgo en la Universidad Europa (Laureate)
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análisis

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¿Es donald Trump un líder? La respuesta no alberga duda alguna: NO. Pero tampoco es que por Europa encontremos buenos ejemplos de líderes ya sean empresariales, sociales o políticos. En líneas generales asistimos a un déficit de liderazgo preocupante. Los principales problemas donde detectar esta minusvalía en la dirección recae en la toma de decisiones para conseguir iniciativa y en la visión oportunista de la realidad. Cierto es que Donald Trump sí parece tomar decisiones aunque sean descabelladas, porque más de una ha conllevado que su país pierda, alarmantemente, protagonismo en el mundo, ceda protagonismo comercial y de control de iniciativa a potencias como China, lo que evidencia la falta de perspectiva y un error de diagnóstico visionario.

Otra de las características de la falta de liderazgo en Donald Trump es su insistente empecinamiento en aparecer como un ciudadano y no como un presidente. Ante la opinión pública se presenta como el ciudadano Trump que puede asestar declaraciones que resultarían infames para cualquier líder político porque representan el desprecio a la condición prudencia cuando se dispone de autoridad máxima, y despreciar la autoridad o no tomarla con la seriedad necesaria acarrea construir obstáculos en el acceso al liderazgo. Es más, parece como si también despreciara todo el esfuerzo que demanda ser un líder.

Donald Trump tiene poder pero no autoridad y cada vez menos autoridad moral, esto es, credibilidad y fe ciega en lo que hace por parte de sus liderados. Todo ello repercute en la repercusión negativa que la imagen de EEUU va teniendo en el mundo.

Un buen líder es quien ayuda a crecer la organización a la que representa, es quien sirve y no se sirve. Es quien en base a unos valores construye cultura. Si quiere dirigir un país como una empresa este concepto es importante. En la teoría empresarial del liderazgo se define cultura organizacional como el conjunto de valores, creencias, ideas que guían para obtener unos objetivos que tienen que ser específicos, alcanzables y bien explicados. Una buena cultura organizacional ayuda a crecer a los empleados y los compromete con esos objetivos. Para ello necesita impulsarlos a través de fuerzas centrífugas, que abran puertas al exterior, y no centrípetas que las cierren. Si una casa no abre sus ventanas acaba siendo irrespirable, pues lo mismo en política y en el mundo empresarial.

Lo que pretende Donald Trump es impulsar el país que dirige desde lo centrípeto y eso, aunque a corto plazo puede resultar positivo, a largo plazo se vuelve en contra. Liderar es lo contrario. Liderar es conducir a un destino construyendo puentes de oportunidades entre el hoy y el mañana. Liderar no es pensar en uno mismo. El egocentrismo está reñido con cualquier tipo de liderazgo. Un buen líder tiene que actuar con altas dosis de altruismo y rigurosidad tomando sentido de las consecuencias de lo que se hace tanto como de lo que se dice.

Liderar es pensar lo que se dice y, en ocasiones, no siempre hacer lo que se piensa porque la repercusión puede ser desastrosa. Liderar es tener una idea global de la organización que se lidera, ya sea una comunidad, un país o una empresa. En esa idea aceptar la diversidad de los liderados y prestar tu talento al servicio de su desarrollo personal.

Por el momento lo que vemos en Donald Trump no va en esa dirección y como muestra referir a su famoso slogan de American First, o lo que quería decir era Donald Trump first.

Lo peor es que a Donald Trump no parece interesarle nada esto de liderar y juega más a dirigir de manera personal y caprichosa.

 

 

 

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