Nunca pudimos imaginar que un objeto inanimado y tan anodino como un teléfono podría robarnos tantas risas. Un micrófono y un teléfono, Miguel Gila no necesitó más durante las seis décadas que se dedicó al mundo del espectáculo para hacer reír a grandes y pequeños. Hoy, 12 de marzo, se cumple un siglo del nacimiento de este cómico irrepetible, fallecido en julio de 2001.

El humor es la maldad de los hombres dicha con ingenuidad de niño. Un espejo en el que se refleja la infinita estupidez del ser humano”, esta reflexión de Gila ilustra bien la filosofía de su humor, enraizado en el español medio, con sus virtudes y defectos, con sus asignaturas eternamente pendientes, sus pequeños vicios y sus bondades. Un humor surrealista y entrañable, siempre a un teléfono pegado.

Mucho de todo ello se recoge en El libro de Gila, una antología de su obra que publica Blackie Books con motivo del centenario del humorista, donde además de algunas de sus piezas de más brillantes se recuerda también su experiencia en la Guerra Civil y durante la dictadura. El libro, imprescindible para los muchos fieles de Gila, combina piezas de ficción del autor con anécdotas narradas por él mismo, viñetas para las revistas La Codorniz o Hermano Lobo, fotografías inéditas e incluso páginas de sus cuadernos.

“El libro combina piezas de ficción del autor con anécdotas narradas por él mismo, viñetas para las revistas La Codorniz o Hermano Lobo, fotografías inéditas e incluso páginas de sus cuadernos”

La vida de Gila siempre estuvo ligada a las artes, ya desde que, siendo joven, recibiera clases de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios mientras trabajaba de mecánico en una fábrica. Al estallar la Guerra Civil se alistó como voluntario en el bando republicano y llegó a estar ante un pelotón de fusilamiento, y como en una de sus historias tragicómicas pudo salvar la vida gracias a la borrachera que arrastraban sus verdugos. Después de aquello pasó por varias prisiones, y una vez libre, solo le quedó recurrir al humor para sacarle jugo a la vida: “Durante la guerra combatí el fascismo con un fusil en mis manos y después de la guerra lo he seguido combatiendo con el arma que poseo: la risa”, comenta en un pasaje de este nuevo libro.

“Para muchos Gila es solo ese tipo que aparecía en la televisión con un teléfono o emulando el acento de aldea. Sin embargo, El libro de Gila demuestra hasta qué punto fue profundo y moderno un humor que vertió en forma de viñetas de La Codorniz, en los teatros de todo el mundo, en los medios de comunicación. Leer este libro no es solo entender a esta figura, sino también el mundo que le tocó vivir. El absurdo de la guerra civil, el hambre en la posguerra, la pobreza moral de la dictadura, la necesidad del exilio, la lacra de la envidia y del clasismo, de la enfermedad y de la muerte, del espectáculo y de la vida. Y la risa no solo terapéutica, sino necesaria ante cualquier tipo de autoridad injusta”, explican desde la editorial.

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