La liberación de Luíz Inácio ‘Lula’ da Silva y la realidad boliviana hicieron que la atención política en América del Sur cambiara de sitio, pero aun sigue candente la situación en Santiago de Chile.

Como decíamos hace unos días, allí el problema ‘No es el Metro… es la dignidad de una sociedad’ y ello quedó de manifiesto claramente cuando se retrotrajo la situación del aumento en el boleto de transporte pero la protesta no se acalló.

El Gobierno Piñera sigue intentando encontrar la salida a la crisis, pero a medida que pasa el tiempo parece estar más lejos de hallarla, y a medida que se aleja del objetivo, la respuesta es una sola, más policía, más carabineros, más represión. No bastó con la experiencia de haber sacado a la calle a los militares y haber decretado el toque de queda durante algunos días, Piñera propone como salida a la crisis más Carabineros en la calle, puesto que en su entender, el problema central es de seguridad, pero lejos está de ello, puesto que el problema está en la matriz de organización estatal como consecuencia de la dictadura militar que reinó con el imperio del terror entre 1973 y 1990, y la posterior transición negociada que entre otras cosas impidió que se juzgara a Augusto Pinochet y que cuando éste fue detenido en el Reino Unido a petición de la justicia española, el gobierno chileno fue cómplice de la mentira enarbolada por la defensa del genocida pidiendo su libertad por cuestiones humanitarias (vaya paradoja), por cuestiones de salud, que quedaron desmentidas en cuanto Pinochet regresó a Chile.

Este es el meollo de la cuestión, la organización socioeconómica chilena post dictadura, de la cual el propio Presidente Lagos asumió su cuota parte al afirmar que ‘Aquí hay una situación que va a explotar, porque el país sigue creciendo, pero a mí no me toca nada […] Lo que está pasando es una desconexión entre la élite política y la ciudadanía y todos somos responsables. Yo soy responsable, la gente me ve como miembro de la élite”.

Ante la falta de respuesta oficial con medidas concretas que modifiquen la realidad, las protestas se siguen sucediendo y poco a poco van creciendo quienes las plantean más violentas. Frente a esto, el gobierno se encarga de poner la lupa en esta parte del reclamo, para intentar ganar la batalla mediática y mostrarse como víctima de un movimiento anárquico y destructor que lo único que busca es generar caos. Pero a la par, con menos presencia en los medios pero mucho más en las calles, millones y millones de chilenos siguen reclamando al gobierno que tome medidas para paliar la crisis y diseñe una hoja de ruta para cambiar la matriz organizacional chilena.

Pasó casi un mes del inicio de las protestas, que no pierden presencia en las calles pero corren el peligro de naturalizarse, perdiendo visibilidad ante las nuevas realidades de la región para quienes las vivimos desde fuera, y recién ayer el Presidente Piñera realizó una presentación más o menos articulada de su propuesta para sobrellevar la situación, dado que la tan promocionada Nueva Agenda Social anunciada pocos días después del estallido social no fue más que una puesta en escena carente de soluciones concretas.

Hablando desde el Palacio de la Moneda Piñera presentó un acuerdo ‘por la paz, por la justicia y por una nueva Constitución’ en el que inicialmente anunció, como hemos dicho, la presencia de más Carabineros en las calles del país. Paso seguido afirmó que ‘Todos los chilenos tenemos que unirnos en torno a un acuerdo por la justicia, para poder impulsar todos juntos una robusta agenda social’, en relación a su anuncio de finales de octubre, y finalmente anunció que ‘Todos los chilenos tenemos que unirnos en torno a un acuerdo por una nueva Constitución, dentro del marco de nuestra institucionalidad democrática’.

Aun no queda muy en claro cuál será el proceso para arribar a esa nueva Constitución, que es una deuda de la dirigencia chilena para con la democracia, puesto que la Carta Magna vigente, aún con pequeñas reformas, fue sancionada por la dictadura pinochetista.

Piñera esbozó alguna propuesta al sostener que es necesario ‘un plebiscito ratificatorio para que los ciudadanos no solo participen en su elaboración, sino que tengan la última palabra en el pacto social que Chile necesita’.

Su propuesta entonces es que el pueblo apruebe la nueva Constitución antes de su entrada en vigencia, falta saber cuál sería el camino para llegar a dicha Constitución. Es necesario hacer la hoja de ruta y comenzar a transitarlo cuanto antes, con menos anuncios y más acciones concretas se podrán aportar atisbos de solución a un conflicto que ya se extiende por un mes.

Chile despertó, y no van a dormirlo nunca más.

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1 Comentario

  1. Chile despertó… a la realidad y el universo Soros. Si eso es despertar, que los demás países a las órdenes de Soros den la bienvenida a Chile, La última economía de Ibero América que fue más próspera que el resto de los arruinados países por el socialismo. Ahora, +aborto, + ideología de género, y – libertad.

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