La noticia ha cogido al mundo de la F1 por sorpresa, al Gran Circo. Tanto trabajar y trabajar para mejorar la seguridad de los pilotos hasta el punto de que en la actualidad parece difícil matarse en un accidente de carrera: no sucede desde el terrible y desgraciado accidente de Jules Bianchi. Y hemos visto a Alonso, entre otras, dar vueltas de campana por los aires y salir ileso. Maravillosos avances para mantener al otro lado de la barrera del Circo de la F1 a la muerte.

Por eso, por esa sensación de seguridad general lograda, nadie esperaba en absoluto que a Charlie le traicionase la salud; probablemente tampoco él mismo. En todo caso parecía previsible, lo sigue pareciendo, que antes o después, venga la ola y se lleve por delante a Bernie Ecclestone, La Momia, como le llamamos entre zumbona y cariñosamente. Bernie cumplirá, si los dioses así lo quieren, 89 años, y aunque los centenarios empiezan casi a abundar en el mundo occidental, es una edad en la que no sorprende si llega la muerte; y además ya no forma parte de su Circo: está retirado.

Los 66 de Charlie Whiting no parecen una edad, en la actualidad, en la que haya muchas posibilidades de morir. Y sin embargo sí, como también es mala la edad de Niki Lauda que de momento, y hasta donde sé, no ha vuelto a los circuitos; setenta años no son tampoco la mejor garantía para resistir las tormentas de la vida. Todos los excesos de cuando un se sienten inmortal acuden a cobrar lo gastado cuando se llega a la edad en la que el final está inevitablemente más cerca que el principio de la vida: nadie vive 130 años.

Y esa es la diferencia, esa es la sensación de inquietud y desasosiego a día de hoy en el mundo de la F1, porque entre los veinte y los cuarenta años, la edad que tienen todos los pilotos de la parrilla actual, parece casi imposible -o impoislbe del todo- que nadie muera de una embolia pulmonar. Una embolia pulmonar: “Entre los factores predisponentes relacionados con el paciente se incluye la edad” leo en Internet (y ya no leo más porque soy de los que creen que pensar en las enfermedades las atrae hacia uno mismo).

Ya ha comenzado el finde del Gran Premio de Australia, la vida sigue, las carreras siguen, la competición sigue. Daniel Ricciardo de momento no ha conseguido ganar a su compañero de equipo en las primeras dos mangas de los libres, tampoco lo ha conseguido Leclerc con Vettel. Y Hamilton, era de temer, ha vuelto a mostrarse intratable. La vida, repetimos, sigue. Y aunque Charlie Whiting ya no estará empujándola, sancionando a Verstappen o tirando de las orejas a Vettel, su espíritu aún se notará durante un tiempo, y permanecerá siempre en los libros de la historia de La Máxima, como llaman con gran eficacia y belleza los mexicanos a la F1.

 

Tigre tigre.

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