El bar de debajo de mi casa, como buen bar, tiene sus parroquianos, entre los cuales hay uno, Pepe, que lleva la batuta de la conversación, tiene don de gentes y cae bien, por sus divertidas ocurrencias sobre lo que sale en la tele, que animan al personal, el cual le escucha mientras escudriña su presente en el poso que deja la cerveza al fondo del vaso.

A veces, Pepe, con las horas y esa droga legal que es el alcohol ahogando sus venas, ha tenido alguna disputa subida de tono con esporádicos clientes, pero nada que Juan, el dueño del local, no supiera amainar invitando a los agraviados.

El pasado viernes, llegó ofuscado porque la nevada que ha colapsado a la administración madrileña le impidió coger el coche, aunque nadie sabe para qué lo quería, si en su empresa están en ERTE. Bebía más de lo que hablaba, más que nada poniendo a caer de un burro al alcalde al que él mismo votó, criticando que no hace otra cosa que salir por la tele, de programa en programa, como él bien pudo comprobar en la del bar. Así iba aumentando la ira de Pepe, que, como buen hijo de leoneses, que bien saben de nevadas, no paraba de explicar cómo se quita la nieve antes de que se convierta en hielo.

Se fue calentando, hasta que Juan les avisó de que, a las diez de la noche, tenía que cerrar por el toque de queda. En ese momento, Pepe montó en cólera y empezó a despotricar de la presidenta de la Comunidad de Madrid. A lo que Antonio, un vecino y cliente esporádico que esa tarde se había enterado de que a un amigo le acababan de inducir al coma para intubarle en la UCI, levantó la voz y dijo: “​ya era hora de que aprendiéramos a comportarnos civilizadamente​”. La cosa se empezó a calentar al entrar al trapo Carlos, otro parroquiano habitual, consentidor de las frases de Pepe, y como Juan los echaba, pues siguieron en la calle.

En esas, Carlos le pegó un empujón a Antonio, que se desequilibró, golpeándose con la cabeza en el frío hielo que cubría la acera, quedando noqueado, con el susto para Carlos y Pepe, que, al ver que Antonio no reaccionaba, se plantearon llamar a la Policía, pero les entró miedo dado su estado etílico. Así que un vecino del piso de arriba, despierto por la trifulca, fue quien llamó a Urgencias, mientras bajaba para auxiliar a Antonio y esperar con él hasta que llegara una ambulancia.

Al día siguiente, Pepe acudió al bar, pero, esta vez, Juan le invitó a marcharse, ante el caso omiso de éste, que pensaba que era una broma y que se lo iba a dejar pasar, como tantas

otras veces. Pero esta vez no fue así. Juan le señaló el cartel del derecho de admisión donde pone “el propietario se reserva el derecho de admisión ​con el objeto de impedir el acceso de personas que se comporten de manera violenta, que puedan producir molestias al público o usuarios o puedan alterar el normal desarrollo del espectáculo o actividad”. Y le echó del bar. Otros bares de la calle aprovecharon para prohibir al bravucón del barrio el paso a sus establecimientos privados.

Lo curioso ha sido que hay juristas que afirman que Juan y los otros dueños de bares están censurando a Pepe, que no son quienes para prohibir que Pepe acceda a sus locales y se exprese como las redes sociales que son en la vida real, y que los únicos que pueden decidir sobre ello son la ley y la justicia.

Bien, en el caso de que Juan le denuncie, ¿cuántos años van a pasar hasta que la justicia se pronuncie? ¿Tienen que soportar Juan y el resto de clientes al bravucón de turno mientras tanto? A los juristas les encanta invocar a la justicia, pero hacen poco para agilizar su ejecución, sabiendo que está colapsada con tanto recurso. All fin y al cabo, la vida es eso que pasa entre una denuncia y su sentencia, (pero eso da para otra columna).

Por cierto, el bar de Juan se llama Twitter.

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Soy abre puertas, se me da bien conectar necesidades con soluciones. Me rijo por tres frases: la de mi madre “la vergüenza pasa y el provecho queda en casa”; la de mi padre, “la persona más feliz es la que menos necesidades tiene”; y la mía, “para crear valor hay que tener valor”. En plan profesional, soy FEO (Facilito Estrategias Operativas), cofundador de Xaudable, conecto innovación con el mercado, mentor y docente en @eoi y @SEK_lab. Emprendedor con mi startup de comida rápida saludable. Autor libro “abre puertas, cómo vender a empresas”. Miembro de @Covidwarriors. En otras décadas organicé en IFEMA la feria Casa Pasarela y fui gerente de un concesionario oficial en Madrid de motos Honda. Licenciado en Dirección y Administración de empresas por CEU San Pablo, diplomado en diseño industrial por IED (Instituto Europeo Di Design), master de comunicación aplicada en Instituto HUNE.

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