Es un dado como otro cualquiera. Bonito. De un color blanco que se cree hueso. Como todos los dados tiene seis caras, pero a León Salgado el Cazador de Cuentos siempre le muestra la misma: la de los seis puntitos. La máxima suerte que puede dar un dado.

El dado está sobre la peana de la lámpara articulada que garantiza la presencia de la luz en el escritorio. Es una peana negra y metálica, más bien pequeña, y a veces el dado resbala, o alguien lo mueve: Dulce que ha ido a buscar un bolígrafo, Emili que ha perdido su goma y sabe que su padre siempre tiene más de una en el cajón, o Vasty, que es quien se encarga un día a la semana de ahuyentar el polvo posado sobre los muebles de la casa. Y entonces, inesperadamente, León se encuentra con el dado le está enseñando un dos, o un cuatro o un cinco, incluso y alguna muy rara vez: un uno. Es generosa la suerte en el dado: nunca sale un cero, no tiene ninguna cara en blanco. Cuando eso se sucede, la suerte ha bailado y cambiado, se detiene León, esté haciendo lo que esté haciendo, y coge el dado entre sus dedos, lo mira, sopla, le sonríe… sí, sonríe al dado, y luego lo lanza sobre la superficie de madera, si es de día, o sobre la alfombrilla del ordenador si es de noche: para no despertar a nadie. Tira el dado y sale un uno, tira un dado y sale un cuatro… en general el seis, el gran premio, el premio máximo, llega pronto. Pero si se resiste, si la suerte se resiste, León tira el dado una y otra vez; el tiempo detenido y su única obligación o misión es lanzar el dado. Lo sopla, le sonríe y agita dentro del puño antes de lanzarlo cuantas veces haga falta: al dado, animal cuadrado y fantástico; hasta que sale el seis. Entonces vuelve a colocarlo con cuidado para que no resbale ni se gire sobre la peana negra y metálica de la lámpara articulada, y antes de reanudar cualquier tarea en la que hubiese estado inmerso lo mira largamente. Él cree en la suerte, y también en que debe cuidarse y dorarse para que nunca se aburra de llevarlo sobre su resbaladiza espalda.

“¿Estás contenta, suerte?” le pregunta hoy -ya a punto de terminar este texto que será un cuento, el número 17 de la Suite que escribe para su periódico-, y coge el dado, lo agita en su puño, se sonríe, y lo lanza sobre el escritorio.

-¡Ha salido un seis! Se lo juro a todos ustedes, señoras y señores. ¡Seis! ¡Qué mágico!

(Ha sido muy interesante, porque he lanzado el dado de verdad y según el número que saliese iba a escribir un final u otro, tenía la esperanza del seis, pero por supuesto no podía saberlo, y supongo que lo habría lanzado las veces necesarias hasta que saliera el seis, y así lo habría contado en el cuento. ¡Qué mágico! Con lo nervioso que estaba hoy antes de comer, con lo que me pesaba la obligación de tener que escribir, como cada día, un nuevo relato)

Éxito

 


(Javier Puebla es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El Año del Cazador, una suerte de novela neurológica que sólo puede conseguirse completa y editada en papel solicitándosela directamente al autor a través de Twitter, Instagram o Facebook, o en el correo elcazadordecuentos@javierpuebla.com

Esta Suite que se está publicando en Diario16 y que en principio se prolongará durante 33 días está inspirada por el deseo de recuperar el espíritu y la forma de observar la vida con unos ojos distintos, ojos de Cazador de Cuentos, y es también un exponerse ante el mundo, un “aquí estoy, aún estoy aquí y tú puedes verlo y compartir conmigo este imprevisible juego”.) Día 17.

 

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(Mecanografía: LF)

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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